Nov 242014
 

ShowMeTheMoneyLlega un momento en el que quienes critican algo se vuelven más cansinos que el problema que señalan. Y sí, posiblemente estamos ante una situación de esas: es más insoportable aquí el pesadete que raja cada año de los premios, los TIPAs y toda esa mandanga que los propios premios en sí. A los que, no nos engañemos, fuera de este particular mundillo nadie hace demasiado caso.

Así que tras unos cuantos años dando la lata con lo mismo, repitiendo los mismos argumentos y chistes ha llegado la hora de recopilar lo que todos ya sabemos en un artículo llamado a convertirse en la guía definitiva sobre premios, productos del año y chanchullos varios.

Que sí, que nos los sabemos de memoria, pero nunca está de mas refrescar un poco la memoria ahora que comienza la plaga de estatuillas. Además, con ese formato tan original de  “10 blablablá” que siempre gusta mucho. Por cierto, había un plan B para el título (“Mejor producto del año, el que tengo aquí colgado”) pero tampoco era plan.

1. No son los mejores productos del año. Cualquiera que sea medianamente aficionado a la fotografía o cualquier otro sector tecnológico sabe de sobra que decir que una cámara o cualquier otro trasto es la mejor del año es una completa memez. ¿Mejor para quién? ¿De qué precio? ¿Para hacer qué? ¿Comparada con qué? Así que -oh sorpresa- ese modelo que luce el premio de turno es posible que no sea el mejor del año. ¿Tal vez uno de los mejores? Tal vez. Esa es la buena noticia: la mayoría de cámaras son tan buenas que premiar a una mala tendría mucho mérito.

2. Premios para todos. Uno de los trucos más conocidos de este circo de los premios es que haya para todos. Cuántas más firmas contentas tengas, mejor. De ahí que casi siempre haya decenas de categorías, premios hechos a medida -premio a la mejor cámara de color rojo cuyo nombre empiece por K”- y, en general, estatuillas a granel. Una pregunta que muchos se hacen: si supuestamente cada medio es el “medio de referencia” y todos saben mucho de lo suyo, ¿por qué no coinciden a la hora de elegir la mejor cámara, reloj, batidora, radio-reloj-despertador del año?

3. ¿Pero lo han probado? Aunque pueda sonar surrealista puede ocurrir -de hecho ocurre- que se premie productos que no se han probado. Y no es una forma de hablar o el típico argumento gratuito: más de una cámara que todavía no estaba disponible en España (ni en el mercado ni para prensa) ha sido elegida como la mejor del año. ¡Aplauso fuerte para ellos! Una pista que permite hacerse una idea bastante aproximada de lo importante que para este tipo de premios es mantener las formas delante de sus lectores.

4. Es marketing. Y es que esa es una de las claves: los lectores son lo de menos. Los premios -todos- son una herramienta de marketing que los medios utilizan como forma de tener contentas a las compañías, ejercer cierta presión sobre su inversión publicitaria o, sin más, como un ejercicio de relaciones públicas. En este juego los lectores son meros espectadores. Y los compradores que piquen en el anzuelo de “mejor producto del año” (algo que por suerte no suele ocurrir) los pringaos necesarios para que este teatrillo siga funcionando.

5. Lo tuyo es puro teatro. Porque sí amigos, todo esto es un teatro. Lo saben los medios que lo organizan, lo saben las firmas que se prestan a salir en la foto y recoger el premio -“tampoco es plan de quedar mal”, te explican luego- y afortunadamente también lo sabe cada vez más gente. De hecho, ahora que no nos escucha nadie os cuento un secreto: cuando se apagan las cámaras y nadie mira todos nos cachondeamos de este tipo de premios. Todos. “¿Cuántos premios os han tocado este año?” Jajaja… “Sí, me llamaron para decirme que nos iban a dar un par” Jajaja… Y así. Pero ya se sabe que entre bomberos no hay que pisarse la manguera.

6. El impuesto revolucionario. Otra de esas cosas que no se suelen decir en voz alta pero que igual hay que empezar a contar: en el mundillo tecnológico muchos nos referimos a estos premios (elegid el que prefiráis) como el “impuesto revolucionario”. No, que nadie llame a Montoro o empiece a pedir números de cuenta en Suiza porque es cierto que no hay un pago directo -que yo sepa- por un premio. Todo es un poco más sutil. Tú me cuidas, yo te cuido. Cuando todo esto se vaya al carajo y acabemos en el INEM con mucho tiempo libre sería interesante cruzar datos de inversión publicitaria y número de premios recibidos. Posiblemente no habrá muchas sorpresas.

estampita

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7. Los primos pobres. En esto, como en todo, también hay clases. Y no es lo mismo hablar de los grandes imperios del premio (TIPA, EISA) que de los apaños más o menos locales que organiza la web o revista de turno. La diferencia es muy sencilla: los primeros lo tienen muy bien montado (son años de experiencia) y quienes quieran usar el logo del premio tienen que pasar por caja. Y como ellos saben -todos lo sabemos- que e los japoneses les encantan los premios, parece que el negocio sigue funcionando. En el segundo caso es todo más de andar por casa… Eh amiguete, que os hemos dado un premio. Guiño-guiño-codazo.

8. Y la culpa es de… Buena pregunta. Porque si todos sabemos que estos es un circo, si nadie se lo toma en serio, si son una forma bastante poco elegante de cachondearse de lectores y compradores…  ¿por qué siguen funcionando? Posiblemente porque a todo el mundo le da mucha pereza ponerse a malas y porque, al final, todos nos conocemos y acabamos compartiendo mesa en el sarao de turno. Y porque las compañías no se plantan y les siguen el juego. “Nosotros encantados de recibir un premio”, suelen repetir los responsables de las firmas cuando les preguntas con cara de circunstancias por el asunto. Por cierto, ¿alguien ha visto alguna vez a Apple recogiendo un premio?

9. ¡Hazlo tú! Como ya son muchos años repitiendo lo mismo, las respuestas también son bastante previsibles. Si no te gustan los premios que hay, haced unos en condiciones, suelen decir refiriéndose al medio para el que trabajo. Por suerte no está entre mis competencias tomar esas decisiones. Por suerte el medio para el que trabajo es suficientemente serio como para no caer en este tipo de juegos. Ahora que lo pienso, se me ocurren media decena de medios internacionales que pasan por ser de los más creíbles en esto del periodismo tecnológico y que -mira tú qué cosas- no tienen premio ni gaitas de estas. ¿Será casualidad?

10. Los antipremios. Pero no nos pongamos tremendos, que estamos hablando de trastos no de la paz en el mundo. Por eso posiblemente lo mejor que podemos hacer es tomarnos el tema a cachondeo y responder cómo se merece. ¿Queréis premios? Pues tomad premio: GATETE Awards. El año celebramos la primera edición de los premios a los peores trastos del año y pensamos repetir hasta conseguir montar una gala organizada por Jose Luis Moreno, para estar a la altura de lo que se estila por aquí. Nuestro lema es una declaración de intenciones: si no quieres uno, páganos. Las cosas claras, y así luego no hay malentendidos.

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  One Response to “10 cosas que ya sabes sobre los premios a los “mejores” productos del año”

  1. […] por eso y porque fiarse de los premios que se rifan por estas fechas a las mejores cámaras y tostadoras del año es tan fiable como dejarle tus ahorros a Rodrigo Rato, en Quesabesde hemos […]

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