Sep 142015
 

IMG_1169Aunque salen menos en los periódicos que los que llevan una u otra bandera en la cabeza, hay unos cuantos -muchos- catalanes que están hasta la mismísima butifarra con mongetes del proceso, de la sonrisa de príncipe encantador de Mas, de los fachas de Ciutadans y de las cartas del señor X.

Algunos al principio se tomaron el asunto con cierto entusiasmo porque -y en eso coincidimos- cualquier cosa que ponga nerviosos al PP y al PSOE es de entrada divertida. Pero con los años los chistes han ido perdiendo fuelle y puede más el cansancio que las ganas de discutir con los que quieren cambiarlo todo votando al del 3%, o quienes reparten carnet de españolidad porque sí. Se nota que estamos en campaña, ¿verdad?

Este bonito resumen de la actualidad política catalana -estratégicamente redactado para tocar las pelotas a unos y otros… suponiendo que no sean lo mismo- recuerda un poco a la sensación que uno tiene cuando, de paseo por una feria de tecnología, se encuentra con un stand dedicado a los palos de selfies. Perdón, a los putos palos de selfies.

Aunque pueda parecer increíble, la moda no sólo goza de una estupenda salud sino que incluso da de sí como para crear un segmento propio. Una categoría en la que no sólo aparecen marcas históricas como Kodak o Rollei -sí, también Nikon tiene su propia palo– sino que se ha entrado en una absurda carrera por ver quién inventa la tontería más grande.

Y no es una forma de hablar, porque en la pasada edición de IFA nos encontramos con esos palos de selfies XXL de la imagen con los que algún genio parece tener ganas de emular a un dron. No quieres palo, pues toma uno de tres metros que, aproximadamente, es lo que debían medir desplegados estos trastos.

La única respuesta posible ante esta huida hacia delante del selfiepalismo es un largo y sonoro bostezo. Da igual que lo usen millones de personas a las que se lo colaron y que consideran gracioso no solo salir en todas las fotos, sino que aparezca un palo en medio de la imagen. Siguen siendo una memez. Y cuanto más grande, peor.

Romeva me prometió que mi vida sería mucho mejor con un palo de selfies, lloriqueaba el otro día una señora decepcionada frente a la Sagrada Familia al comprobar que sus fotos seguían siendo una mierda y su sueldo una miseria. O igual no dijo exactamente eso y soy yo, que empiezo a mezclar los temas.

El caso es que la pregunta que todos nos hacemos es cúal será la posición de la Nova Catalunya (®) ante el tema de los palos de selfies. Hasta que este punto no quede del todo claro, yo no pienso pedir el nuevo pasaporte.

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