Jun 012015
 

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“Un fantasma recorre Barcelona: el fantasma de la futura alcaldesa. Todas las fuerzas de la vieja Barcelona se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma…”

Esta versión local y puesta al día del Manifiesto Comunista es un buen resumen de lo que durante la última semana está pasando en la ciudad condal. Concretamente en los barrios altos y centros de poder de Barcelona que han pasado de la bajona post-electoral del domingo pasado, al nerviosismo con brotes histéricos en los últimos días.

Y es que por lo visto, los carísimos asesores que gastarán por ahí arriba no habían previsto que Barcelona en Comú, la coalición electoral encabezada por Ada Colau, podía ganar las pasadas elecciones municipales en la ciudad. Es verdad que sí habían tomado la precaución de firmar a toda prisa algunos contratos multimillonarios para dejar el consistorio bien atado para los próximos años, pero más allá de eso todavía les dura la cara de sorpresa.

Algo parecido ocurre en Madrid. Allí se ha optado por triturar algunos papelillos para dejar todo bien limpio de cara al traslado y aquí, para amenizar la espera, se proponen pactos surrealistas y se azuza el miedo del personal. Lo que sea para no entregar a los rojos la ciudad. La capital de Catalunya. La marca Barcelona. El parque temático preferido por los guiris chancleteros.

Con lo bien que estaba esa señora que no sabe vestir cuando intentaba parar desahucios y era detenida por las fuerzas del orden, se repite en los barrios altos y empresas de la ciudad. Y no es una forma de hablar o una exageración pasada de vueltas. Cualquiera que viva en Barcelona habrá escuchado chorradas similares entre la gente de bien, empresarios y emprendedores liberales. Están nerviosos. No están acostumbrados a perder.

Esperanza Aguirre dice que vienen los soviets. En Barcelona esa misma idea se traduce como “la Colau se va a cargar el Mobile World Congress”. Lo llevan repitiendo casi desde que se contó el último voto. Y es que la feria de telefonía más importante del mundo es un auténtico chollo para la ciudad, por lo visto. Una generosa fuente de ingresos, aunque nunca queda muy claro si sólo para las empresas o eso también repercute de algún modo en la ciudadanía. Porque lo de que el bien de las empresas de un país es lo mismo que el bien de ese país ya on cuela, amigos.

En realidad esa es la pregunta que Colau se planteaba durante la campaña electoral y que cualquier persona de Barcelona con dos dedos de frente alguna vez se habrá hecho en voz alta al oír los siempre optimistas informes económicos sobre el turismo o la feria de turno.

Que sí, que da trabajo -estaría bien saber en qué condiciones-, proyección internacional, e ingresos en forma de impuestos -¿verdad?-, pero la gente es muy desagradecida y cuanto no llega a fin de mes, no puede pagar el metro o le echan de su casa no tiene esa visión de capitalidad internacional que se abandera en los power points. Los pobres, que son siempre unos desagradecidos.

Pero ya se sabe que sólo hay que repetir mucho algo para que acabe calando. Así que de Diagonal para arriba están convencidos de que los chicos del Mobile World Congress en 2016 se buscarán otra localización para su chiringuito, porque esto será Caracas y Pionyang juntos. Pero con paella y sangría.

La prensa, claro, no ha dudado en apuntarse a la fiesta y el otro día El País le dedicaba un artículo al asunto, con algunas cifras para cuantificar la magnitud de la posible tragedia. 12.500 empleos temporales y 436 millones de euros genera el Mobile, apuntaban. Y entretenimento durante una semana para la prensa tecnológica y generalista, añado con el derecho que da haber sobrevivido ya a unos cuantos Mobile.

Pero las cifras son siempre mucho menos objetivas de lo que nos creemos. Por ejemplo, resulta que esos 436 millones eran en realidad una estimación previa a la feria. Y, como muy bien apuntaban el otro día, cuando el ayuntamiento presume de cifras y resultados de cada edición -normalmente a las 24 horas de acabar la feria y con una efectividad digna del centro mismo de Alemania- siempre olvida comentar que la ciudad invierte también cerca de 100 millones en el asunto.

Más allá de los números reales, posiblemente en 2016 el Mobile World Congress repita en Barcelona, aunque seguro que todos estamos de acuerdo en que si puede hacerse de forma que beneficie más a la ciudad, mucho mejor. Todos los que no sacamos tajada con el asunto, se entiende. Y es que después de tantos años escuchando eso de que el turismo sólo trae beneficios a Barcelona, es bastante normal que tendamos a creernos entre poco y nada de ese tipo de discursos.

En cualquier caso, no deja de ser entre sorprendente y asqueroso ver cómo todo esos que miran para otro lado y guardan un silencio cómplice con temas como los desahucios -por citar un ejemplo en línea con la figura de la futura alcaldesa- ahora se rasgan las vestiduras con la posibilidad de que se ponga sobre la mesa temas como el Mobile World Congress o la Fórmula 1.

Pero por suerte, somos muchos -mayoría, por lo visto- los que preferimos una alcaldesa que se preocupa más por los huelguistas de Movistar que ocuparon hasta hace poco la sede del Mobile World Capital en el centro de la ciudad para protestar por sus miserables condiciones laborales, que por la dichosa feria. Cuestión de prioridades y de bandos. Ellos siempre lo han tenido claro. Somos nosotros los que siempre dudamos.

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