Aug 292016
 

IKEA-Instagram

Dar la lata ahora con lo que uno está comiendo es relativamente sencillo. Móvil, darle al botoncito, filtro y a Instagram a esperar los likes. O, mejor dicho, que el nuevo algoritmo de Zuckerberg decida que tu foto es digna de ser mostrada a toda esa gente que te sigue.

Todo bastante fácil, la verdad. ¿Pero y si trasladamos esta idea al Siglo XVIII? Esa es la divertida idea que propone IKEA en su última campaña y en la que nos propone relajarnos un poquito con eso de andar  fotografiando todo lo que comemos. Vaya, que dejes de dar la lata al universo con todos esos aguacates y brunchs cuquis que te gastas.

Por cierto, esperamos ansiosos el segundo capítulo de esta divertida historia. Hay teorías que aseguran que lo de María Antonieta y su encontronazo de la guillotina fue porque el populacho no acaba de entender esa vida de bloguera e influencer que llevaba.

Jul 182016
 

Huawei_P9

Posiblemente si en 1913 le hubieran preguntado al bueno de Oskar Barnack sobre el futuro de las cámaras que estaba creando jamás habría imaginado que llegarían tan lejos. ¿En manos algunos de los mejores reporteros de la historia? ¿Convertidas en todo un símbolo de calidad? Sí, todo eso está muy bien pero en realidad el futuro era esto: poder cazar Pokémons con una cámara Leica.

Por si alguien ha estado desconectado del mundo las últimas semanas, resulta que el juego Pokémon Go lanzado por Nintendo para móviles se ha convertido en todo un fenómenos de masas. Y además en la mejor arma del planeta para aplicar aquello de la selección natural, porque por lo visto no pasa un día sin que alguien acabe cayendo por algún precipicio o poniendo en riesgo su vida para cazar uno de estos bichos.

Los medios de comunicación están entusiasmados con el asunto porque, con un poco de suerte, la tontería se alargará durante el verano y no tendrán que esforzarse demasiado este año para llenar los informativos y los periódicos. ¿Turquía, Niza, Siria,Irak…? Calla amargado y demos paso a nuestro reportero becario que está con unos muchachos cazando Pokémons de esos.

¿Y qué demonios tiene que ver la mítica Leica con este juego? Muy sencillo: gracias a la colaboración de la firma con Huawei en su reciente P9, ahora ya es posible salir a la caza los Pikachus de turno con una auténtica cámara Leica. En realidad dos, porque los más clásicos también pueden usar la monocromo y demostrar que en esto también puede haber clases.

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Jun 222016
 

dsc09535

Hace ya años que el Sónar, el festival de música electrónica y avanzada que cada año se da cita en Barcelona, trasciende más allá del ámbito musical y artístico para asomarse al mundo de la tecnología. Y es que más allá de los conciertos y los recurrentes chistes sobre los modernos más modernos, la innovación también tiene su dosis de protagonismo en este evento.

Sonar+D es el espacio reservado para que empresas y startups muestren sus propuestas en este festival paralelo que se ha convertido ya en un clásico del Sónar de Día que se celebra en Montjuïc. Según los datos de la organización, esta cuarta edición se ha saldado con la presencia de 2.600 empresas de 60 países y más de 4.500 profesionales de lo que por aquí se denomina “comunidades creativas digitales”.

Un concepto de lo más variado que engloba desde firmas tan potentes como Spotify hasta pequeños proyectos patrios que aspiran a hacerse un hueco en sectores como la impresión 3D o la realidad virtual, auténticos protagonistas de esta cita.

Time Keeper es posiblemente la propuesta más espectacular de esta edición. Se trata de un proyecto desarrollado por Domestic Data Streamers para Spotify ante el que resulta difícil saber si uno siente más fascinación o miedo. Atención a la idea: ¿y si se pudiera establecer una conexión entre un momento futuro y una canción que todavía desconocemos?

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Mediante los datos del perfil personal almacenados en la aplicación y un test realizado allí mismo, esta máquina asegura ser capaz de saber qué canción querremos escuchar dentro de unos días o semanas en un determinado momento. Asusta, ¿verdad?

Si le sumamos una máquina con bolas transparentes que van cayendo –los parecidos con “Inside Out” de Pixar posiblemente no son casuales- y generando sonidos vinculados con los tonos de nuestras canciones más escuchadas así como complejas explicaciones sobre sintetizadores y sonido mecánico, la sensación al salir de allí va de un wow a un “saben demasiado de nosotros”.

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Jun 202016
 

Master-Of-Photography

“Si se trata de egos inflamados, personajes surrealistas y maestros de bofetada con la mano abierta –los tres pilares de este tipo de talent shows– de todo eso vamos sobrados en la comunidad fotográfica”. Algo así decíamos allá por 2013 cuando se empezó a hablar lo que por lo visto ya es una realidad: el canal británico Sky tiene listo esa especie de MasterChef fotográfico que en un alarde de originalidad han llamado Master of Photohraphy.

Fotografía y televisión suena a receta un poco extraña. Pero no hay que olvidar que en este tipo de programa no se buscan cantantes, cocineros, fotógrafos ni nada. Lo que interesa son personajes que den juego y que en lugar de ir al psicólogo, tomarse un café con un amigo o quedarse en su casa leyendo sin dar la plasta a nadie con su atormentada vida prefieran exponer miserias y sueños ante millones de espectadores.

Hablábamos el otro día con Jordi Cruz –flamante jurado de MasterChef- y nos prometía que la dosis de espectáculo en ese programa era la justa para que la gente no se aburriera y se fuera a otro canal. Y a cambio de tener que soportar algún que otro lloro ante las cámaras se conseguía que la gente viera cocina en prime time en televisión.

¿Ocurrirá lo mismo con la fotografía? Así en frío cuesta imaginarlo y más desde la perspectiva española en la que pagar o contratar a un fotógrafo ya forma parte de un guión de ciencia ficción. ¿Permitir que estos muertos de hambre se cuelen en la televisión? Venga hombre, y qué más.

Por eso el único consuelo es que podemos estar casi seguros de que el formato no llegará por aquí. Ni el productor de televisión más osado -o puesto hasta arriba, cual líder de Ciudadanos- apostaría su carrera y su dinero en un programa en el que, más allá del espectáculo y del drama personal que seguro arrastra cada aspirante a fotógrafo, se hable de composición, iluminación e incluso fotoperiodismo.

Aunque, un momento, igual es cuestión de potenciar esa primera parte y convertir lo de la fotografía en sólo una excusa más. Vaya, como cualquier otro reality. Un Gran Hermano de fotógrafos. O, mejor aún, un “Hombre, Mujeres y Viceversa” con intrépidos reporteros que aspiran a ser cronistas. Esto empieza a tomar forma.

¿Y si juntamos a Instagramers de éxito y los llevamos a una isla desierta donde tengan que luchar por cargar el móvil y recoger frutas para sus bodegones cenitales? Algo así sería un éxito seguro. Sólo habría que alimentar un poco -tampoco hace falta mucho, la verdad- las envidias y malos rollos existentes en ese mundillo.

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Jun 132016
 

Makaroff

Los pobres, además de vestir fatal y usar teléfonos Android, son unos desagradecidos. Viven tan ricamente con sus sueldos de seiscientoseuristas sin tener que preocuparse por desayunar cada día una tostada de aguacate sobre una mesa de madera vintage o saber cuál es su perfil bueno para el selfie mañanero recién levantados. Y encima ,cuando alguien se toma la molestia de señalarles el camino del glamour y el buen gusto, se lo toman a mal.

Y es que, según denuncia Miranda Makaroff, esta peña con el armario lleno de ropa de Primark le tiene manía. No sólo a ella, sino a todos los que en su momento fueron bloggers y ahora se ganan la vida como influencers.

“Hola, me llamo Miranda Makaroff y soy… ¿blogger? Al principio, cuando esta palabra acababa de aparecer me parecía interesante porque era algo nuevo que describía a un grupo muy reducido de gente que se dedicaba a la moda e inspiraba a la juventud por su manera única y original de entender este arte”, relata esta muchacha en un desgarrador artículo recientemente publicado en Vogue.

Ahora que ya sabemos que los bloggers son los que escribían de moda -y a ti te encontré en la calle- urge hacerse otra pregunta. ¿Quién demonios es la tal Makaroff? Porque posiblemente tú que viajas en Ryanair y no en first class de Etihad y lees los catálogos de Alcampo en lugar de L’Oficciel no conoces a esta joven promesa de la moda y la literatura.

Pues un respeto porque mientras tú estabas ahí vagueando en la cola del paro, esta chica se labraba un futuro ella solita, sin necesidad de tener que recordar a nadie que es hija de la diseñadora Lydia Delgado y el músico Sergio Makaroff. Lo ha conseguido todo ella sola. Trabajando mucho. Pico y pala.

Pero continuemos con los lloros de la Makaroff porque si esto no os emociona es que además de ser pobres no tenéis corazón. Y eso no hay outfit que lo arregle. “Hace unos días escribía en mi perfil de Facebook una opinión que llevo mucho tiempo ‘cocinando’ en mi cabeza sobre esta situación que me parece no solamente injusta, sino vergonzosa. Sí, es oficial: todo el mundo odia a los bloggers, influencers o instagramers” Cocinando en su cabeza. Con comillas. Aprended, malditos holgazanes.

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Jun 062016
 

Cuñadanos

Además de servir en bandeja el tema de cachondeo durante unas cuantas semanas y provocar algún que otro ataque de vergüenza ajena, el delirante vídeo electoral de Ciudadanos ha servido para volver a traer a los titulares uno de los personajes más carismáticos de la fauna española: el cuñado.

Todos conocemos alguno o hemos oído hablar de ellos. Son los enterados, los tolosa (to-lo-sabe), los que repiten tópicos y lugares comunes sin tregua. Los putos listos de toda la vida, vaya.

Son los de “yo no soy racista, pero…” Los del hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Los que a tu edad ya se habían comida el mundo –aunque tengan tu misma edad-, y los liberales emprendedores que no necesitan a papá Estado.

Son esos que presumen de ayudar a su mujer en casa, los del algo habrá hecho si la policía le ha dado, los de “trabajo hay, pero hay que querer…”. Los de ni izquierdas ni derechas porque ya se sabe que todos son iguales y es mejor el centro. El extremo centro.

Expertos en todo, están convencidos de que como en España en ninguna parte, porque un día fueron a Punta Cana y no tenían ni puta idea de hacer paella. Son los del tinto –a temperatura ambiente, coño- para la carne y el blanco para el pescado y las mujeres. Y ponme otra, guapa, chata, cariño.

Opinan de todo con esa soltura que da escuchar El Larguero, leer El Mundo Deportivo, y hablar con su amigo abogado o ese otro que trabaja en La Caixa y que de eso sabe un montón. Cómo no va a saber, hombre, si fue el que más preferentes coló de su sucursal. En efecto, la única fuente de información fidedigna para un cuñado es otro cuñado.

Nada les es ajeno. Por eso, cuando ven tu cámara puede que tengas suerte y despachen el tema con un “esa sí que es buena” –si es grande y negra, porque las cámaras grandes y negras son siempre buenas- o un condescendiente “con eso cualquier hace buenas fotos”. Porque para un buen cuñadano los funcionarios son una privilegiados y las fotos las hacen las cámaras, no los fotógrafos.

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Apr 292016
 

LaVanguardia

Sólo hay una cosa mejor que escribir, hacerlo sobre algo que te apasiona. Si además consigues que te paguen por ello, ya es la hostia, como solemos decir los de Bilbao. Somos muy sutiles para expresar nuestros sentimientos, sí. Y los vascos -por seguir con la cosa local- nos tomamos muy en serio eso de comer. Somos capaces de estar hablando de comida mientras estamos en la mesa y estar ya pensando dónde vamos a cenar.

Fue esa curiosidad por la cocina y los fogones lo que hace unos años nos animó a comenzar La Gulateca, que después acabaría siendo el blog de gastronomía de 20 minutos, uno de los medios de mayor difusión del país.

Pero como para los periodistas tienen más de 24 horas, cuando hace tiempo llegó la propuesta de participar en el nuevo canal de gastronomía que La Vanguardia ha estrenado esta misma semana la respuesta sólo podía ser una: Pues claro, joder. 

Ayer mismo me estrenaba con un artículo sobre Bilbao La Vieja -un barrio que desde hace tiempo está en el radar foodie, por decirlo de forma resumida y un tanto abofeteable- y por allí andaré escribiendo unas cuantas veces al mes.

¿Oiga y la fotografía y las cámaras? Pues también seguimos, claro. Es verdad que no se come tan bien en ese sector y que, con los años, la paciencia con ciertas chorradas se agota y los bostezos aumentan de forma exponencial. Pero ya hemos dicho que no hay nada mejor que escribir de lo que te apasiona. O si lo hay: hacer fotos, viajar, comer y contarlo.

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Apr 182016
 

Banco-selfie

Cuando algo se pone de moda, se convierte en el argumento perfecto para casi todo. Y si hablamos de selfies, está claro que el nivel de tontería no conoce límites. Oiga, que esta cámara es un churro. Sí, pero se mueve la pantalla y puedes hacerte selfies. Oiga, Bertín Osborne, que mucha patria pero la pasta en Panamá. Calla rojeras, y hazte un selfie conmigo. Tío, machote, crack.

Total, que cuando pensábamos que no podíamos ver más tonterías alrededor de los autorretratos, en la localidad galesa de Porthcawl han conseguido superarse con una doble pirueta con tirabuzón que los convierte en nuestros héroes particulares de esta semana.

La historia es de esas de El Mundo Today. Pese a que presumen de tener una preciosa costa y el paseo que discurre junto a ella es uno de los orgullos de la ciudad, algún genio decidió que los nuevos bancos instalados en la zona era mejor colocarlos orientados de espaldas al mar. Total, quién quiere ver un atardecer sobre el horizonte pudiendo contemplar la carretera, los edificios y los transeúntes sacando fotos.

Cuando comenzaron las críticas, a alguien en el departamento de turismo de la región (Bridgend Tourism Association) se le ocurrió una idea brillante: no era un error, sino que esos eran los primeros bancos del mundo diseñados para sacarse selfies. Vaya, que tú no ves la costa, pero sí sale cuando despliegas tu palito de selfies y disparas la foto. ¿Es o no genial?

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Mar 232016
 

Vida-Brian

Los que solo creemos en Capa tendemos a ponernos bastante pesaditos en estas fechas de crucifixiones y nazarenos. Me contaban el otro día por Málaga ante mi sorpresa por una Semana Santa que dura mucho más de una semana que en realidad todo esto va más de cultura que de fe o religión. Que ver a ateos de toda la vida ejerciendo de costaleros es de lo más normal por allí.

Así que, pensándolo bien y dejando a un lado manías religiosas, esta idea de sufrimiento y vía crucis que tanto se estila por estas fechas cuadra a la perfección con la vida del fotógrafo. Una profesión o afición que entre lo de la pasión y el calvario en que se convierte muchas veces también podría tener su propia Semana Santa.

Ellos no cargan con una cruz, cierto. Aunque seguro que más de uno ya está pensando en voz baja el chiste recurrente: algunas réflex pesan casi lo mismo. Pero lo que nunca falta alrededor del fotógrafo son los palmeros. Esos que un domingo te reciben con sus ramitas de olivo y tal pero que posiblemente al cabo de unos días estén pidiendo que te den bien fuerte con el látigo.

Y póngale también –señor romano- una corona de espinas, que esa foto de la que tanto presume seguro que está retocada, montada o algo. Aquí no hace falta ni esperar a que cante el gallo para ser negado o traicionado. Basta un poco de éxito o un premio para que el fotógrafo de turno acabe recibiendo algo más que alabanzas.

Eso nos lleva directamente a otra de las grandes figuras evangélicas que últimamente está en alza: el fotógrafo apóstol. Los hay de todos los tipos pero básicamente la idea es convencerte de que sus panes y sus peces son mucho mejores que los del vecino. Da igual que esté vendiendo un libro –perdón, un fotolibro, que es lo que se lleva ahora entre la modernez de Galilea-, su último trabajo o las bondades de la cámara con la que trabaja. El caso es que al apóstol le gusta predicar la buena nueva allí donde sea. Posiblemente sin que nadie le haya preguntado.

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Feb 292016
 

Selfies_ACNUR-01

Que la realidad no es eso que ocurre en Instagram y demás redes sociales es algo que, más o menos, ya sabemos. Que los selfies son una de los virus más insoportables de lo que llevamos de siglo XXI, también. Pero a veces estas dos modas pueden usarse para contar precisamente aquello que no sólo es real, sino que preferimos no ver.

ACNUR -el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados- ha lanzado en una brutal campaña gráfica desarrollada por la agencia Sancho BBDO en la que los selfies son muy diferentes de los que solemos ver en nuestra día a día. Nada de paisajes increíbles, mesas repletas de comida bonita o morritos para posar junto a un famoso.

“No todos los selfies son iguales, pero no deberían ser tan diferentes” reza el lema de esta campaña que aborda la situación de decenas de miles de niños refugiados usando los códigos visuales y mensajes a los que estamos tan acostumbrados. ¿Verdad que no tiene ninguna gracia? De eso se trata.

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Jan 132016
 

Air Canada Rouge
Aunque en redes sociales siempre da la sensación de que todos nos pasamos el día viajando y que en el aeropuerto nos conocen por nuestro nombre, en realidad no es para tanto. Se viaja lo que se puede o lo que toca por trabajo. A veces es un viaje de prensa o blogtrip de esos que dicen ahora en el que los reporterillos vamos invitados a un evento o un destino. Otras la cuenta corre por cuenta propia.

En ambos casos y aunque la leyenda asegura que hay prensa (o la hubo) que viajaba a todo tren y en business, aquellos tiempos pasaron. Al menos para nosotros, se entiende. Se vuela en lo más barato posible y para llegar a donde haya que ir, punto. Lo de disfrutar la experiencia del viaje lo dejamos para los titulares de las revistas life style, que por lo visto vive bastante mejor. Pero no hemos venido aquí a llorar. Bueno sí, que para eso están los blogs.

El caso es que en estos años me ha tocado coger unos cuantos vuelos y padecer desde la infame comida general a los asientos para gnomos de Vueling en los que conseguir trabajar con un portátil requiere un master de contorsionismo de el Cirque du Soleil.

Nada nuevo en esa práctica tan extendida de -salvo benditas excepciones- maltratar al viajero recordándole que si viaje en turista no merece más. Por cierto, la de cosas buenas que había oído de Qatar Airways y lo normalita que es la clase turista.

Nada nuevo, decíamos, hasta que toca subirse a un vuelo de Air Canada Rouge, algo así como la marca B de Air Canada y pensada para volar a destinos turísticos. Entre ellos, Barcelona. ¿Dónde demonios está la pantalla?, preguntas al enfrentarte al peor terror de un vuelo de 9 horas seguido de otro de 5: frente a ti no hay ni monitor táctil, ni monitor viejuno ni nada. Cero. Un respaldo gris, acolchado y con pinta de llevar demasiados años ahí.

Empiezas a respirar cuando localizas en el asiento un conector de carga USB -sólo en los asientos de turista plus o algo así- y un enchufe escondido por allí abajo, y te explican que disponen de una red Wi-Fi interna (no Internet, amigos) a la que puedes conectarte para ver películas y demás contenidos desde tu iPad.

No es mala idea, la verdad. Rentable para ellos, sin duda, pero teniendo en cuenta que la pantalla de cualquier iPad es más grande y mejor que la de la mayoría de aviones… Pero, un momento, ¿y si no tienes iPad o tablet? ¿Es obligatorio en Canadá?

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Dec 312015
 

2015_01

Empezar el año en Jerusalén es una forma bastante exótica, la verdad. Pese al aviso del simpático policía israelí de la frontera (“solo van locos religiosos”, dijo) 2015 comenzó allí, entre el Muro de las Lamentaciones, la explanada de las mezquitas y el Santo Sepulcro. Planazo para un ateo practicante. Menos mal que las fotos y la comida compensan.

Sí, ha sido un año de esos es los que la frontera entre lo que te gusta y en lo que trabajas se borra del todo. Ahora sería el momento de incluir alguna frase de emprendedor entusiasmado con lo suyo y toda esa mierda, pero tampoco es plan. Vivir de escribir, viajar, las cámaras… todo muy bonito para tuitear, pero poco rentable. Y al banco, la verdad, tu apasionante vida en redes sociales y el Klout ese le importan un huevo.

Jerusalen

Pero sí, 2015 ha sido viajero. Tanto que en enero ya andábamos buceando por El Hierro y probando el Xperia Z3. Porque sí, por si alguien no se había dado cuenta, ahora la mayoría de las fotos se hacen con un móvil, Además los amigos de Minube me hicieron un hueco en sus excursiones por la Costa Brava y Almeria. Qué noche la de aquel bingo, oigan.

Y también anduvimos descubriendo el cerrato Palentino. Huesca y su Somontano que ya es como parte de la familia, Madrid a donde siempre hay que volver, las Bardenas, asignatura fotográfica pendiente por fin puesta al día. Lo que criticamos Instagram y lo bien que nos viene para recordar lo que hemos hecho, ¿verdad?

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Ha sido éste un año muy foodie, que dirían los cursis. No solo hemos probado las mejores cámaras del año y nos los hemos pasado muy bien por el camino, sino que también ha sido el momento de tachar líneas en esa lista de cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida. Comer de una vez angulas (las de verdad), beber una copa de Pingus, y amanecer en el Londres de Donosti frente a la Concha, por ejemplo.

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Dec 212015
 

Kendall Jenner

Mientras tú estás ahí calculadora en mano para ver si la aritmética electoral permite que los malos vuelvan a ganar, echando cuentas por si salen los números y puedes permitirte una cámara nueva estas Navidades o repasando el dinero que te deben por esos posts y esas fotos no cobrados, es posible que Kendall Jenner ya haya ganado con un clic más que tú -y que yo- en toda nuestra puñetera vida.

Igual su nombre no te suena así en frío, pero debería. Porque no sólo es una de las modelos más cotizadas del momento sino que, según un reciente estudio, una de las que más dinero maneja en las redes sociales. Tanto que una foto suya en Instagram o un tuit de esos patrocinados por alguna marca puede llegar a costar nada menos que 300.000 euros.

No es que alguien los esté pagando ya (que igual sí) es una estimación realizada por un tal  Frank Spadafora –que por lo visto pilota muy bien este tema- en un artículo en el que asegura que las tres modelos más activas en las redes sociales (Kendall Jenner, Cara Delevigne, y Gigi Hamid) estarían valoradas en una cifra entre los 125.000 y los 300.000 dólares por foto, tuit o lo que se tercie. La pose de lánguida cabe suponer que va incluida en la tarifa.

En la revista ELLE han sacado la hoz y el martillo y en un ejercicio de marxismo 2.0 han calculado lo que suponen esos 300.000 de las muchachas. Calculado en plan aburrido y salarial resulta que es casi 10 veces el salario medio anual de una chica de su misma edad. Traducido a cosas más terrenales, el precio por foto de estas modelos es algo así como 160 bolsos de Givenchy 400 iPhone 6S. ¿Y para qué quiero yo 160 bolsos y 400 teléfonos? Bien visto, camarada.

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Dec 162015
 

AnselAdams_InstagramMe llama una amiga fotógrafa muy cabreada. Fotógrafa de verdad, me refiero. De las que tiene sus focos, su equipo profesional y sobre todo paga sus impuestos, factura y esas cosas de pobres. Cabreada y mucho: un cliente le acababa de llamar para suspender una sesión apalabrada porque había decidido que las fotos mejor se las hacía un instagramer, que, oye, cámara, focos e impuestos no sé, pero por lo visto tiene decenas de miles de followers. Si hay gente que lo hace muy bien, me explica, pero es que cada vez da más igual las fotos: solo quieren números.

Yo soy periodista, qué te voy a contar, le digo por aquello de consolarla un poco a base de una ración de penas compartidas. Mal remedio, porque al final acabamos deprimidos los dos con el panorama laboral. Pues haber estudiado para bloguera de moda, le digo.

Menos mal que el otro día los chicos de Obama decidieron darnos un respiro y no solo publicaron una oferta de trabajo para ocupar el puesto de Ansel Adams, sino que además la idea es fichar a un fotógrafo y –atención- pagarle un sueldo.

Un fotógrafo con nómina es ahora mismo algo tan habitual como un político -ni de izquierdas ni de derechas, por supuesto- que no salga haciendo el pino puente en “El Hormiguero” intentando cazar el voto de algún despistado. Porque por lo visto hay gente que decide su voto viendo la tele y los debates.

Pero no nos desviemos otra vez con temas deprimentes, que esto va de buenas noticias aunque sean lejanas. Porque en realidad solo los estadounidenses podrán optar a ese puesto que es algo así como el sueño húmedo de cualquier fotógrafo: ser el nuevo Ansel Adams, nada menos. La verdad es que yo siempre he sido más de Capa –por Gerda Taro, la fama de vividor y por aquello de que sus cámaras pesaban menos- pero tampoco le hacía ascos a un Adams.

Sí, el Departamento de Parques Nacionales está dispuesto a pagar a un fotógrafo, pero no a uno cualquiera. La oferta deja claro que se busca un profesional experimentado en gran formato, aunque sin matizar si estamos hablando de placas o de respaldo digital.

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Dec 142015
 

Carteles-20D

¿Esa es Soraya? Por lo visto lo pensé en voz alta porque el taxista empezó a reírse y confirmó que, en efecto, aquella de los carteles bajando por Alcalá hacia Cibeles era Soraya Saenz de Santamaría. Y sí, más que ella parecía Adelle, la cantante, remató. El descojono duró hasta Atocha donde los carteles de dos tipos de camisa blanca con el primer botón desabrochado y dándose de hostias por el centro -o el extremo centro- político presidían los andenes del AVE.

Las señales no podían ser más claras: urgía un análisis fotográfico de los carteles electorales de cara al próximo 20 de diciembre. Porque, además de hacer el tonto en la televisión para demostrar lo campechanos y simpáticos que son todos, ¿qué tal han llevado esta vez el tema del Photoshop los candidatos a obedecer a Merkel durante los próximos años?

Empezando por el actual presidente y compañero de futbolín de Bertín Osborne, está claro que alguien en el PP no ha querido jugársela y ha optado por un plano de Rajoy suficientemente lejano como para que no dé demasiada cosa. Además así los retoques cantan menos y el viejo truqui de aclarar todo para que el personaje parezca menos ajado resulta más natural. Vamos a lo seguro que bastante tenemos con lo demás, parece haber sido el lema del diseñador.

Todo bien excepto por un pequeño detalle. O no tan pequeño. ¿Soy yo o la cabeza de Mariano en esta imagen es desproporcionadamente gigante? Que igual es un guiño intencionado para dejar claro que es un hombre con mucha sesera, pero entre eso y el “en serio” cuesta mirarlo más de dos segundos sin echarse a reír. O a llorar.

PP-20D

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Nov 252015
 

NoPro

Be a hero, insisten los muchachos aventureros de GoPro cada vez que lanzan uno de esos vídeos que dan ganas de dejarlo todo, comprarse una bici con una tabla de surf y un paracaídas incorporado y buscar el primer barranco a mano. Pero, no nos engañemos, ser un héroe todo el rato resulta bastante agotador. Y más si tienes que andar grabándote, editando luego el vídeo y poniéndole música épica.

Así que, hartos de esas vidas de película con la adrenalina por las nubes las 24 horas del día, alguien se ha animado a hacer eso que todos pensamos: pensar en una GoPro para las personas normales y las pequeñas aventuras de cada día: cerrar la puerta con el pie, hacer el tontaco sin razón aparente, tirarse en plan bomba a la piscina o girar el boli como un auténtico profesional.

NoPro, be average es el lema de esta divertida parodia que reivindica a los normales. Los del montón. Los nosotros, vaya.

Bromas al margen, lo cierto es que últimamente hay muchas ojos puestos en esta compañía que más allá de ser un aparente éxito y la creadora de una de las cámaras y segmentos de moda lleva una mala racha en la bolsa. Sí, amigos, GoPro cotiza en bolsa aunque parezca la típica empresa creada por un par de amigotes a la que ahora todas las malvadas multinacionales y compañías chinas quieren copiar.

Las malas críticas a su último modelo, aseguran los analistas, han provocado este declive en sus acciones, aunque tras el pelotazo inicial -alguien ganó mucho dinero con aquello- la tendencia ha sido a la baja durante todo este 2015. ¿Se le está acabando la magia a una compañía que hasta ahora ha sido sinónimo de molar o es que simplemente el mercado está ya saturado?

Algo de los dos ingredientes habrá, pero hay quienes se ponen más filosóficos y señalan precisamente lo que apuntaba el vídeo de antes: si creas unas expectativas de aventuras que luego -evidentemente- no se cumplen, la gente puede acabar decepcionada con el producto, por mucho que la cámara en cuestión no tenga la culpa de que tu día a día sea un aburrimiento.

Después de todo resulta que nuestras vidas son bastante normales. Y lo seguirán siendo aunque usemos una GoPro.

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Oct 262015
 

Video-2006

Llevo demasiado tiempo en esta mierda. La típica frase dramática de lunes por la mañana antes del segundo café. La clásica queja recurrente que no te tomas en serio hasta que aplicas –como el crítico malvado aquel de Ratatouille– un poco de perspectiva al asunto.

La semana pasada no sólo llegaba McFly al futuro -qué pesados nos pusimos todos, eh- sino que también Quesabesde cumplió nada menos que 14 años. Una cifra que entre muchas otras cosas más importantes, también significa que el tipo de la imagen de ahí arriba suma más de una década escribiendo y hablando a diario de cámaras y de fotografía. Igual por eso ahora incluso habla de él en tercera persona.

Así que cuando descubres estas cosas y antes de que Facebook empiece a recordártelo con fotos de la época o alguien con tiempo libre se decida a indagar en el archivo y te pille desprevenido, mucho mejor hacerlo uno mismo y al grito de “virgen santa qué pintas”.

Y es que sí, en 2006, cuando Youtube estaba en pañales y a nadie se le pasaba por la cabeza que de aquel invento pudieran surgir los nuevos ídolos de los adolescentes, por aquí ya andábamos haciendo vídeos. El señor Álvaro Méndez al otro lado de la cámara –una Canon MiniDV que era lo más en la época- y yo poniendo caras de interesante y posando con la réflex o la compacta de turno, aunque sin atrevernos todavía a soltar discursos. Con sus limitaciones técnicas y tal, pero oye, poder verlos 9 años después sin que den (demasiada) vergüenza ya es algo.

Video-2007

Fue en 2007 cuando empezamos a soltarnos un poco más y a contar batallas ante la cámara. Y que nuestro primer vídeo fuera para intentar destrozar una cámara -sobrevivió, la condenada- fue casi una declaración de principios. Esto se trata de contar cosas, probar trastos y, por supuesto, pasárnoslo bien.

Después vinieron los viajes, las coberturas internacionales, los vídeos desde Photokina y la PMA. Las Vegas se convirtió en algo así como nuestro pueblito invernal donde escapábamos unos días cada enero… para acabar trabajando hasta las mil en el hotel mientras todo el mundo hablaba de la ciudad del vicio y la perdición. Grandes superproducciones hechas, como todo en esta casa, con mucha dedicación, horas y poco más. ¿Verdad que vais a llorar de la emoción?

Desde entonces hemos perpetrado unos 500 vídeos, que en lenguaje youtuber igual es más bien poco, pero que en este sector fotográfico suponen un archivo casi como el de Televisión Española. De hecho, visto el estilismo en algunos de ellos, estoy por convencer a Álvaro para que montemos una especie de Cachitos Fotografía. Por aquellos maravillas años y tal.

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Sep 302015
 

zinemaldia_2015_980

Más de 20 años en Bilbao sin ir nunca al Festival de Cine de San Sebastián. Así que tal vez sea algo del karma o la justicia cósmica que el avión que me lleva de Barcelona a San Sebastián no pueda aterrizar en el pequeño aeropuerto de Hondarribia y acabe en la capital vizcaína. El mal tiempo también puede tener algo que ver.

Queríamos una Leica, por aquello del glamour y la alfombra roja. Pero como no pudo ser, en señal de protesta nos vamos sin cámara en la bolsa. O mejor dicho, con la cámara que usarán la inmensa mayoría de los curiosos y aficionados al cine que durante la semana pasada anduvieron cerca de la Concha: la de un móvil. Concretamente un Samsung S6 Edge+ que teníamos estos días entre manos.

De Leica a un móvil. No conocemos los grises: somos así de radicales. Por cierto, a quien le interese más la calidad de la cámara de este teléfono que nuestras batallitas puede ir directamente a la galería de fotos -sin retocar- que hemos sacado con él y ahorrarse esta crónica.

Sigue lloviendo en Donostia, como debe ser. Es temprano todavía, y aunque en nuestra agenda no hay margen para esperar a las estrellas a su llegada al María Cristina, tenemos un plan mucho mejor: hemos quedado con uno de los jurados de esta edición. Su acreditación de color rojo seguro que nos abre muchas puertas, porque a falta de tiempo para ver las decenas de películas presentadas y poner cara de críticos intensos, queremos ver el festival desde dentro.

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“La industria está en el Museo de San Telmo”, nos cuenta Rubén López Pulido. “La industria” es como llama la gente del mundo del cine a su sector, así que empezamos a usarlo desde ese momento para hacernos pasar por entendidos.

Además de una auténtica enciclopedia cinéfila, es director de comunicación de la Agencia Española de Cooperación Internacional, que este año ha estado presente en el festival con el Premio Cooperación Española. ¿Cómo es la vida de un jurado durante esta semana?, le preguntamos mientras tomamos un café en el espectacular museo. La nuestra no es la única reunión, porque ese espacio está pensado para que directores, productoras, distribuidoras y organismos públicos hablen de sus cosas. Es “la industria”, esa parte que no se ve en los festivales pero que en realidad es su motor y razón de ser.

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Aug 242015
 

Otherwise

Pleno agosto y tú sin separarte del puto móvil. Que si subir esa foto a Instagram, que si contarle al mundo tus aventuras en Facebook, que si no perderte la última chorrada que arrasa en Twitter… Que sepas que no sólo les estás fastidiando las vacaciones a tu familia -es lo de menos, porque en realidad piensan abandonarte nada más volver- y perdiéndote esas ballenas que hacen piruetas a tu lado mientras tú lees que Sánchez Drago pilla como un campeón en cualquier bar, sino que tu adicción a las redes sociales vuelve a ser la protagonista de otro de esos cortos que nos hace pensar y reflexionar mucho a todos.

Así que ahora que ya eres consciente de todo el daño que las redes sociales le están haciendo a tu vida, apaga el móvil y disfruta de las vacaciones que quedan. Pero antes no te olvides de tuitearlo. Ya sabes que si no lo cuentas es como si no estuviera ocurriendo.

Jul 272015
 

HumanitariansTinder
Cada uno se lo monta como puede para ligar, dar el braguetazo del siglo, encontrar a su media lima, perpetuar el linaje familiar o lo que sea que ande buscando. Pero estaremos de acuerdo que lo mismo que sacarse selfies en medio de una catástrofe está un poco feo, usar ciertas imágenes para tu perfil de ligoteo en Tinder -una de las aplicaciones más populares para pillar conocer gente y tener una cita- no es demasiado elegante.

Y es que por lo visto presumir de tu enorme corazón y espíritu solidario incluyendo en tu perfil alguna foto en la que estés en plan humanitario es toda una tendencia en esta aplicación. Tanto que alguien incluso ha tenido la idea -un poco troll, pero divertida- de crear una galería con estos muchachos y muchachas que son capaces de aprovechar su entrega por un mundo mejor para facilitar un poco una cita a ciegas vía App. Que una cosa no quita la otra, oigan.

Así que un rápido paseo por este recopilación bautizada con bastante mala hostia como Humanitarians of Tinder nos permite dar un repaso por decenas de intrépidos hombres y mujeres blancas posando con hombres y mujeres mayoritariamente negros y en países en vías de desarrollo. También triunfan mucho las imágenes con niños pobres pero sonrientes en algún país africano y aquellas en las que se ve al sujeto participando de forma altruista y alegre en alguna actividad con la población local.

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Jul 202015
 

Instagram

La culpa es de sus madres, que las visten como blogueras de moda. El típico chiste desafortunado y de bastante mal gusto pero que en este caso y adaptado para la ocasión resultaba casi tan inevitable como lamentablemente cierto. Y es que con menos de tres años Everleigh Soutas y Ava Foley se han convertido en las nuevas estrellas de Instagram. Y todo por culpa -o gracias- a sus señoras madres, que no han dudado en usarlas como maniquíes de sus outfits en miniatura.

Lo descubrimos hace unos días en Playground, pero por lo visto al otro lado del Atlántico son una celebridad que han salido en todas las revistas de moda e incluso han compartido espacio en BuzzFeed con gatitos, animales divertidos y ese tipo de cosas que nutren el nuevo periodismo. Los comentarios de las dos madres de estas niñas -una de ellas fotógrafa, por cierto- son poco menos que increíbles. “No pueden salir de casa sin alguna joya encima”, dice una de estas orgullosas progenitoras. Con la mano abierta. Zas.

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Jul 062015
 

Instafame

Posiblemente hace ya muchos años de aquello, pero hubo un tiempo en que nos contaban que el éxito era fruto del trabajo bien hecho, la perseverancia, el esfuerzo y todas esas milongas. Después empezamos a sospechar que el apellido y vivir en algunos barrios también podía tener algo que ver, pero oye hicimos nuestros exámenes, estudiamos algunas noches, jugamos mucho al mus, soportamos trabajos basura -sí, también hubo un tiempo en que había trabajos que no eran basura- y nos creímos que buen periodista era el que escribía y contaba bien y buen fotógrafo el que hacía buenas fotos. ¿Y la fama? Eso es para los de la tele.

Pero toda esa mierda ya pasó a la historia. Y la verdad es que hacía tiempo que sospechaba algo al ver que las nuevas generaciones ya no se preguntan por el tipo de fotos que hacen, sino por el número de likes que tienen en Instagram o la cantidad de gente que le sigue en redes sociales.

“Si me regaláis una cámara la saco en mi Twitter”. Me cuentan que es una oferta que llega bastante a menudo al correo electrónico de los pacientes departamentos de comunicación de las marcas. Seguro que alguno pica, pero por suerte todavía queda algo de sentido común por ahí como para mandar a estos nuevos ídolos juveniles y sus trillones de seguidores y fans a paseo. A se posible con palabras de menos de tres sílabas, para que no se líen.

La fama o el éxito ya no son -si es que alguna vez lo fueron- fruto del trabajo. Eso, como contratar a periodistas, pagar sueldos dignos o hacer coberturas en condiciones de la actualidad política e internacional ya no se lleva. Para qué si una lista de los 10 gatitos más cuquis de la red lo peta mucho más en Verne y en el Huffington, dice Cebrian y compañía mientras encienden puros con billetes de 500. Dadles basura a esos pringaos y tal. Añádase una sonrisa sonoramente maléfica de esas.

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Jun 012015
 

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“Un fantasma recorre Barcelona: el fantasma de la futura alcaldesa. Todas las fuerzas de la vieja Barcelona se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma…”

Esta versión local y puesta al día del Manifiesto Comunista es un buen resumen de lo que durante la última semana está pasando en la ciudad condal. Concretamente en los barrios altos y centros de poder de Barcelona que han pasado de la bajona post-electoral del domingo pasado, al nerviosismo con brotes histéricos en los últimos días.

Y es que por lo visto, los carísimos asesores que gastarán por ahí arriba no habían previsto que Barcelona en Comú, la coalición electoral encabezada por Ada Colau, podía ganar las pasadas elecciones municipales en la ciudad. Es verdad que sí habían tomado la precaución de firmar a toda prisa algunos contratos multimillonarios para dejar el consistorio bien atado para los próximos años, pero más allá de eso todavía les dura la cara de sorpresa.

Algo parecido ocurre en Madrid. Allí se ha optado por triturar algunos papelillos para dejar todo bien limpio de cara al traslado y aquí, para amenizar la espera, se proponen pactos surrealistas y se azuza el miedo del personal. Lo que sea para no entregar a los rojos la ciudad. La capital de Catalunya. La marca Barcelona. El parque temático preferido por los guiris chancleteros.

Con lo bien que estaba esa señora que no sabe vestir cuando intentaba parar desahucios y era detenida por las fuerzas del orden, se repite en los barrios altos y empresas de la ciudad. Y no es una forma de hablar o una exageración pasada de vueltas. Cualquiera que viva en Barcelona habrá escuchado chorradas similares entre la gente de bien, empresarios y emprendedores liberales. Están nerviosos. No están acostumbrados a perder.

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May 182015
 

Mad Men Wheel

Llevo demasiado tiempo en esta mierda. Que levante la mano el que nunca haya dicho algo parecido un domingo por la tarde, un lunes antes del primer café o cualquier otro día de esos que apestan. Nada grave en realidad, por mucho que suena a ultimátum o a algo terrible. Tenemos ya demasiados mayos encima para saber que, en el fondo, nos gusta esta mierda -es una mierda, pero es nuestra mierda que diría Kissinger- y que sólo muy de vez en cuando nos ponemos un poco intensos. Cosas de la edad.

La edad y el final de Mad men, que se nos junta todo. Todavía no sabemos cómo acaba la historia -ayer se emitió en Estados Unidos el último capítulo- pero ver a Don Draper con cara de “llevo demasiado tiempo en esta mierda” ante las nuevas generaciones de niñatos de ESADE con sus estudios de mercado y su vendehumismo que todavía no se llamaba así nos sitúa ante una dura certeza: si por él también pasan los años, no queremos ni pensar lo que nos harán a nosotros.

Y es que la presentación de Draper  para Kodak es uno de esos momentos que por aquí guardamos en nuestro particular altar fotográfico de ateos, casi a la misma altura que Annie Hall retratando a Alvy Singer mientras pelea con una langosta, el álbum de Auggie en Smoke, o la Nikon y las kodachrome de Robert Kincaid en Los Puentes de Madison. Somos unos románticos, joder.

Kodak-Carousel

Eran otros tiempos y la fotografía, la publicidad y los copazos a media mañana en el despacho tenían cierto glamour. Ahora decir que eres fotógrafo o que trabajas en marketing está igual de bien visto que zumbarse dos old fashioned antes de las doce del mediodía. Por mucho que parezca que algunos siguen ejerciendo ese noble arte antes de enviar algunas notas de prensa o compartir sus maravillosos HDR con toda la humanidad.

Ya no se hacen cámaras ni anuncios como antes, pensamos con sonrisa nostálgica cada vez que nos cruzamos con algún trasto de Kodak y nos preguntamos cómo demonios pudieron cagarla tanto. Qué hicieron tan mal como para acabar malvendiendo la marca a trozos al mejor postor que quiera colocar ese logo a su horrible cacho de plástico que hace fotos.

Tal vez se confiaron y pensaron que todo estaba hecho. Que nada malo podía pasarles. Que aquello de los píxeles -que ellos habían inventado- tampoco era  para tanto. Que llevaban demasiado tiempo en aquella mierda como para cambiar o como para que alguien les tuviera que explicar nada.

Eran otros tiempo, pero basta echar un vistazo  alrededor para tener la sensación de que la mierda es la misma. Sólo cambian los nombres, las caras o las marcas, pero la historia y los discursos se repiten. Todo funciona, se vende y es eterno hasta que deja de serlo. Rochester se derrumbó -por seguir cinematográficos- y nosotros aquí posando con nuestro palo de selfies.

Al final puede que Draper tuviera razón y la vida sea como aquel carrusel de diapositivas de Kodak, que podía ir hacia delante o retroceder en busca de esa fotografía que nos hace felices. Podemos hacer girar la rueda tantas veces como queramos, pero las diapositivas siempre son las mismas.

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May 112015
 

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¿Tienes siempre el móvil encima de la mesa? ¿Eres de los que no toca el plato hasta fotografiarlo desde todos los ángulos? ¿Tus compañeros de comida te odian porque el menú siempre se enfría mientras tú haces las dichosas fotos? ¿Tu cuenta de Instagram es una sucesión de fotografías para contar al mundo qué y dónde estás comiendo?

Si tu cuadro clínico coincide con alguno de estos síntomas, tenemos dos buenas noticias para ti: no estás solo, y a alguien se le ha ocurrido la feliz idea de crear un restaurante donde los pesados con eso de fotografiar lo que comen son especialmente bienvenidos. La mala noticia es que tendrás que viajar a Tel Aviv para disfrutar de la experiencia.

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Mar 232015
 
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“Llevo dos horas viendo la misma puñetera ballena y ahora estoy hablando con mi madre enferma, cansinos” La ya famosa foto, por cierto, está sacada de la cuenta de Instagram de “esmith_images”

La gente es incapaz de disfrutar de su vida porque está demasiado pendiente del móvil y de las redes sociales, concluía el otro día uno de esos estudios posiblemente elaborados con el conocido sistema de “tengo la conclusión, dame algunos datos para que cuadre”. Aseguraba este informe sobre lo lerdos que nos estamos volviendo por culpa de los smartphones, el Facebook y todas esas cosas, que el 91% de los encuestados reconocía haberse perdido algún momento importante por estar pendiente de la pantalla de turno o de tuitear esa experiencia.

Mientras muchos mueven la cabeza en señal de conformidad con las conclusiones y quienes me conocen me apuntan con el dedo como claro ejemplo de los que se pasan el día colgado de alguna pantalla -señal de evidente infelicidad, según este estudio- puede que a alguien le haya venido a la cabeza esa conocida foto del chico mirando el móvil mientras una ballena pasa al lado de su barco.

En lugar de estar disfrutando ese momento irrepetible -parece ser la sentencia mayoritaria- seguro que está escribiendo alguna tontería en Twitter. Y es posible. Pero puede que el muchacho en cuestión llevara dos horas viendo cetáceos, que estuviera hasta el gorro de ver y fotografiar a esa ballena cansina y que estuviera escribiendo en el móvil un mensaje a su madre enferma o su mujer de parto. ¿Y qué demonios hace viendo ballenas en ese caso? Yo que sé, me lo acabo de inventar como vosotros lo otro.

Es verdad que mi opinión vale bien poco -menos de lo habitual, quiero decir- porque para los periodistas las redes sociales son también parte de nuestro trabajo. No para contar dónde estamos en cada segundo o si nos acabamos de hacer las cejas brasileñas pero sí como parte del flujo de información diario que nos llega y que lanzamos por ahí. ¿Cuela la excusa para justificar el vicio? Había que intentarlo.

El caso es que este tipo de estudios tremendistas siempre dan bastante risa. De entrada porque pueden ser respondidos con una frase casi tan cursi y simplona como su conclusión. Tomen nota: “si no compartes los momentos con tu gente, es como si no los hubieras vivido”. Y ahí es donde entran las fotos que hacemos y que se supone son parte de esa adicción que tenemos a documentar el momento en lugar de centrarnos en disfrutarlo con todos los sentidos.

¿Acaso eso es nuevo? Que se lo comenten a los fotógrafos que de viaje se levantan a horas intempestivas o caminan hasta lugares absurdos sólo para tener una mejor luz o encuadre. Todo ello por un paisaje que están viendo a través de la pantalla o el visor, por cierto. Y sí, posiblemente si la foto queda bien luego la subirán a sus redes sociales y puede que hasta disfruten mientras ven subir los “me gusta”. Pero, insisto ¿es eso algo nuevo?

De hecho, hace no mucho uno de los padres de Internet también daba la voz de alarma -nos pasamos el día entre histerias apocalípticas- para que imprimiésemos nuestras fotos. El resto se perderán y no quedará constancia de estas décadas, pronosticaba el bueno de Vint Cerf que por lo visto había tenido un mal día o había borrado una tarjeta de memoria por error.

Entonces qué tenemos que hacer para demostrar que somos felices y que nos encanta ese paseo en globo sobre el Cañón del Colorado, ¿fotografiarlo o disfrutarlo? Porque si sólo lo disfrutamos y no hay fotos impresas dice el señor Cerf que también es un error.

O, por ejemplo, durante el eclipse -entre nubes en Barcelona- del otro día seguramente la mayoría estábamos más pendientes de intentar sacar una maldita foto sin quedarnos ciegos que de vivir a tope ese momento de conjunción interplanetaria. ¿Nos estamos perdiendo lo mejor por hacer la foto, por compartirla en lugar sentarnos plácidamente con un vermut en la mano a ver cómo se oscurece en sol y que le den a la cámara? ¿Pero si nadie saca foto al eclipse, cómo sabremos dentro de unos años que ha ocurrido? Sigo sin tenerlo del todo claro, así que igual lo suyo era hacer fotos con el vermut ese en la mano.

Una foto publicada por Iker Morán (@photolari) el

Por cierto, la foto de la ballena la colgó originalmente Eric Smith en su cuenta de Instagram. Cabe suponer que él no se estaba perdiendo un momento tan importante como ese mientras observaba al tipo del móvil y le hacía una foto en lugar de estar mirando la ballena. ¿Verdad?

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Mar 092015
 

mercado2014

Hace tanto tiempo que en el sector de la fotografía impera el espíritu de la orquesta del Titanic. Era un buen título, pero resulta que ya lo había usado. El caso es que cada vez que un nuevo gráfico de mercado viene a confirmar la catástrofe, la única reacción posible es levantar la copa, brindar y seguir tocando.

El mercado se hunde, repiten desde hace años fabricantes y marcas. El mercado está cambiando, corrigen los más optimistas haciendo bueno aquello de que en cada crisis hay una oportunidad y en cada gurú una bofetada no dada a tiempo. Da igual la lectura que se haga porque los datos están ahí, por mucho que nuestros improvisados estudios a pie de calle nos revelen que la gente no sólo sigue haciendo fotos, sino que todavía usa cámaras.

Las cifras no opinan lo mismo y como recogían hace unos días en LensVid los números no es que estén en rojo, es que no están. Un caída del 31% en la cantidad de cámaras exportadas o un 24% de bajada en la producción de réflex no dejan mucho margen a las interpretaciones, por mucho que alguno estará mirando con media sonrisa eso de que la producción de cámaras sin espejo no ha caído. Y por si queda alguna duda: la evolución de esta industria desde 2010 arroja un descenso del 75%.

Así que mientras las ferias tradicionales de fotografía del país desaparecen definitivamente -este año tocaba Sonimagfoto, por si alguien no se había dado cuenta- y los distribuidores buscan como locos nuevos productos y accesorios que importar -cuanto más lejos de las cámaras mejor- las compañías andan en pleno ataque bipolar, entre el “no pasa nada” y “sálvese quien pueda”.

Y es que a estas alturas el problema no es que se cumplan los pronósticos o la cruel lógica del mercado y tal o cual marca desaparezca. Seguro que eso lo podemos superar y aprendemos a vivir sin un logo que en breve será pasto de camisetas vintage. Además hace años que hay quinielas al respecto, aunque por suerte ahí siguen todas mas o menos vivas.

El problema es que por el camino y en ese proceso de soltar lastre, se están quedando algunos de los mejores profesionales de este sector. Y, en serio, no abundan demasiado. Porque en un arrebato Merkeliano la reacción de las compañías cuando las ventas caen y todo se tambalea no es hacer más esfuerzos en esa dirección, sino recortar más y cargarse a las personas que hacían que al menos se siguiera vendiendo y comunicando en condiciones.

No hace falta decir nombre ni marcas, porque ha pasado en casi todas y esta última lista de bajas posiblemente tampoco será la última. ¿Y quién demonios va a hacer ahora tu trabajo?, les preguntas. No hay respuesta. O sí, aunque no se dice: “posiblemente nadie”

Siguiendo con la metáfora marinera, esa teoría tan de empresariado español de que una persona pueda hacer el mismo trabajo que tres y por el mismo sueldo recuerda al chiste aquel de la barca llena de jefes (y asesores, y gurús, y community managers…) y un sólo remero. Al final, claro, el barco se hunde. Por mucho que la música siga sonando.

Feb 162015
 

CamaraGrey

Posiblemente al bueno de Grey no le quede mucho tiempo libre para la fotografía entre polvazos, lujos desmedidos y algún que otro latigazo bien dado en las nalgas de la tipa de turno. Pero de ser así, no hace falta ni haberse leído los libros -sólo el primero y en diagonal por curiosidad científica- ni mucho menos malgastar un par de horas en el cine para saber que este machote seguramente tendría un par de Hasselblad Lunar en la mesilla de su mazmorra. ¿Por qué Grey? Ni puta idea, pero eran las más caras y horteras.

Aunque a priori pueda parecer que ligar el tema fotográfico y este fenómeno erótico-literario-uterino está un poco cogido por los pelos -nótese el rollito dominante de los términos-, si hay quienes se animan a hacer un Pan de Grey, aquí no queremos ser menos.

Y es que si lo pensamos bien, la relación que muchos usuarios mantienen con la marca que firma su cámara guarda ciertas similitudes con la compleja trama que se propone en esta historia entre el señor Grey y la otra pavisosa de cuyo nombre no me acuerdo y no pienso molestarme en buscar.

Una relación que se podría resumir -por explicarlo en términos científicos- como un cansino juego de “zasca-zasca-sí-sí-más-te odio-vete-no, quédate-más-zasca-zasca”. A la bipolar jovenzuela ahora le parece fatal que el otro le ponga mirando a Rochester -otro guiño fotográfico-, pero ahora le encanta todo y está loca por sus músculos. Exacto, los fanboys de la marca parecen encantados de jugar a lo mismo.

Canon, Nikon, Sony, Olympus… Todos son unos cerdos que sólo os quieren por vuestro dinero. Da igual que practiques con devoción el “ismo” que toque, que participes en quedadas y grupos de usuarios, que jures odio eterno a los lerdos de la competencia o que ahorres durante diez años para comprarte esa cámara. Porque luego la marca de tus amores te responderá con espejos que se caen, baterías que fallan, renovaciones cada dos meses para que tu cámara ya no valga un duro en el mercado de segundo mano, reflejos cachondos -nunca mejor dicho- y un servicio técnico tan patán que hace que los latigazos de Grey parezcan masajes cariñosos.

Pero el amor es así, amigas. Si duele es que es de verdad y todas esas mierdas que aprendimos con la SuperPop. Y ojo con criticar. Si con el cabrón de Grey sólo se puede meter la prota de esta trepidante historia tan cerca de la literatura como El País del periodismo, con nuestra marca favorita pasa lo mismo. Pobre del que ose rajar desde fuera del tamaño del sensor, la patata de enfoque, o el precio desorbitado de esa cámara con la que compartimos lecho.

Lo hacen porque no entienden nada, repiten en sus particulares orgías fotográficas. Lo hacen porque les paga la competencia, porque aman a otros, porque no ven en esa cámara todo el amor que tú percibes al posar las manos sobre su empuñadura, al sentir el espejo golpeando arriba y abajo -o la falta de espejo, que nadie se altere- al pegar el ojo a ese inmenso visor…

Excitante, ¿verdad? A ver si resulta que la literatura erótico-cacharril también tiene su mercado y estamos aquí perdiendo el tiempo con blogs, chistes y reflexiones presuntamente chistosas. “50 cámaras de Grey”, id haciendo hueco en las estanterías.

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Feb 042015
 

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Hay dos momentos clave en la vida de un hombre. Supongo que también en la de una mujer, o tal vez más, que ya se sabe que somos más simples, pero a mí me ha tocado este lado de la trinchera.

Dos instantes clave, decíamos. El primero es ese día que, frente al espejo, asumes que ni eres ni serás guapo. Ya: resultón, interesante y todos esos consuelos políticamente correctos, pero no un Pedro Sánchez de la vida, para entendernos. “Era por eso”, asientes frente al maldito espejo al entender de repente por qué esa chica de clase te pedía a ti los apuntes pero luego siempre se iba con el gilipollas aquel que, casualmente, era conocido como “el guapo”.

Pasado un tiempo, y cuando se acaba por asumir el tema, llega el momento de tirar de recursos. Porque, como todo el mundo sabe, los guapos son tontos simplemente porque no tienen que molestarse en dejar de serlo o en disimularlo. Que se esfuercen los feos, dicen mientras tú leías a Neruda y él se trajinaba a la de los apuntes.

Y es entonces cuando llega el segundo mazazo vital. Porque tras apuntarte al curso de CCC, dar la lata a tus amigos e incluso amagar con comprarte una, acabas aceptando por fin (a los treinta o así) que jamás tocarás la guitarra. Pleno al quince. Ni guapo, ni guitarra para poder tirarte el rollo de tipo sensible y comprometido (pero también canalla, llegado el caso) tras haberte aprendido los acordes de algunas canciones de Silvio y de Sabina.

Necesitas un plan C, te repites mientras compruebas que -al menos- la melena al cero te permite envejecer con algo más de dignidad que el payaso guaperas aquel del instituto. La de los apuntes le dejó. Por otro, no por ti. Pero ese detalle es lo de menos.

Quienes se hayan sentido identificados con este relato –basado en hecho ficticios, claro-seguramente ya saben qué viene ahora: una cámara de fotos. Puede que fuera un encuentro casual, un flechazo a primera vista, una visita por curiosidad al cuarto de revelado, una que había perdida por casa, la chica de la tienda de fotos del barrio, ver a Annie Hall con una cámara entre las manos…

El caso es que, de repente, lo viste claro. “Soy lo suficientemente bajo y lo suficientemente feo como para triunfar por mí mismo”, decía Alvy Singer en “Sueños de seductor” (“Play It Again, Sam”), por seguir con Woody Allen. Sin guapura natural, sin guitarra y sin conseguir que te quede bien la maldita gabardina a lo Bogart, algo tenías que improvisar. Y la cámara fue tu mejor recurso.

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 Posted by at 7:00 am
Dec 312014
 

A poco que te despistes va la red social de turno y te monta un emotivo vídeo con tus mejores momentos del año. Le echas un vistazo, vences la tentación de dar la lata con él al resto de la humanidad y entonces decides hacer tu propio repaso a lo que ha dado de sí 2014.

Y oye, pese a que a primera vista podría parecer el típico-año-de-mierda resulta que no hemos parado. Y dicho todo así seguido hasta puede parecer que, a ratos, nuestra vida es intensa y todas esas cosas que siempre parece cuando se ve a través de la pantalla o de un visor.

Porque así a lo tonto en 2014 además de probar todas las cámaras interesantes que se han ido anunciando nos pusimos nuestras primeras Google Glass y nos hicimos un señor retrato con colodión húmedo. Somos así de modernos y vintage a la vez. Paseamos en helicóptero por Barcelona y nos subimos al monte con el mismísimo Calleja. Hasta probamos nuestro primer coche eléctrico y no nos quedamos sin batería.

Durante unos cuantos meses recorrimos los servicios técnicos de las principales marcas fotográficas, no faltamos -como cada dos años- a la cita de Photokina, e hicimos un poco el guiri paseando por Barcelona la nuit con una Nikon D4s. Hasta nos atrevimos a meter bajo la ducha una cámara de 10.000 euros sin que nadie saliera herido.

Volamos hasta Buenos Aires para sacar alguna foto y, sobre todo, comer mucho y bien. Y es que este ha sido el año que La Gulateca se trasladó con todas sus recetas y su rollo de cocinillas a 20minutos. También nos escapamos unos días a Amsterdam para dormir en un barco y, como siempre, probar nuevas cámaras. Pero lo del barco estuvo realmente bien.

Para colarnos en el anuncio veraniego de Estrella Damm no nos tuvimos que ir tan lejos, aunque sí volamos hasta Londres para escuchar a Mary Ellen Mark. Ah, y este blog salió en Petapixel que es algo así como la cumbre del bloguerismo fotográfico, ¿no?.

Martin Parr estuvo por Barcelona y tampoco nos perdimos esta, claro. Ni la visita de Salgado a FotoGenio, donde incluso pudimos entrevistarle. Todo un lujo. Cita ineludible también con Visa Pour L´Image en Perpignan a finales de verano, que hacía años que nos saltábamos esta asignatura y ya se sabe que hablar mucho de cámaras sin ver buenas fotos no es nada sano.

No ha estado mal, la verdad. Pero seguro que 2015 es mucho mejor.