Aug 222016
 

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¡Pues vete a Cuba! Tanto escuchar esa frase cuando hablo de política al final he decidido hacerles caso y hoy mismo me voy pa’ La Habana, compañeros. No es sólo que los vuelos para Venezuela o Corea del Corte estuvieran más caros, es que había mucha ganas de volver a la isla, seis años después de mi primer viaje por allí.

La Habana con unos fotógrafos que viven en esta ciudad  y prometen ser unos excelentes guías para salirse de las rutas turísticas, y unos días por Viñales para conocer el pueblo de mis abuelos. Sí amigos, ese natural atractivo y ritmo caribeño al bailar no era casualidad.

El caso es que, como cada año por estas fechas, llega la pregunta del millón, ¿qué cámara elegir para un viaje así? O cámaras, en plural. ¿Algo ligero y discreto para viajar cómodo? Ya vimos hace poco que un cuerpo tipo Olympus Pen-F puede ser un compañero perfecto o que para irse a Perú a trabajar una semana una Panasonic  GX80 es una opción perfectamente válida.

Esa era inicialmente la idea hasta que la cosa se empezó a animar. Y, como suele decirse, me vine arriba. Posiblemente demasiado. ¿Pero quién le dice que no a una Sony RX1 R II? Un formato completo de bolsillo con una calidad sencillamente espectacular, así que para la mochila. Pero, claro, hace falta algo más polivalente y un poco de zoom. Tenía ganas de probar con más calma la joven A6300 de Sony, así que también se viene junto al 18-105 mm f4.

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Pero, sin duda, la estrella de la fiesta es la Sigma SD Quattro. Sí, ese bicho raro con sensor Foveon, ópticas intercambiables, un diseño perfecto para dar la nota en cualquier lugar pero una calidad de imagen que -con paciencia- promete mucho. De una cosa puedo estar seguro: va a ser la única SD Quattro en todo Cuba.

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Aug 162016
 

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Hay gente que en verano se dedica a ver los Juegos Olímpicos. O ir a la playa. O discutir con la familia aprovechando que hay tiempo libre. O escandalizarse con la mierda de informativos de la televisión. O viajar. O dar la lata en las redes sociales y contar por Instagram Stories lo mismo que contaba antes por Snapchat y que sigue sin interesarnos demasiado.

Luego están los que se dedican a dar consejos sobre cómo no ser el pesado de la cámara y acaban siendo precisamente eso: el puto pesado de la cámara. Así que aprovechando una larga excursión por el norte, además de aprender a tomar sidra -un arte, no creáis- también ha habido tiempo para ir todo el día con la Olympus Pen-F y el 17 mm colgado al cuello.

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Aug 012016
 

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Es un clásico. Te pasas un par de semanas dando la lata sobre la importancia de no ir muy cargados con cámaras y trastos, lo interesante que puede ser viajar sólo con una óptica o sobre lo harto que estás de cargar con una mochila repleta de cámaras y objetivos que no usas. Y al final acabas cayendo en la tentación de ir con todo el arsenal, la cámara de tropocientos megapixeles, los consiguientes objetivos para formato completo, el zoom por si tal, la cámara para el vídeo, la pequeña para cuando de pereza sacar la otra.

Pero este año no. Con la maleta lista para una excursión por el cantábrico en busca de la lluvia o al menos un poco de fresco, las cámaras elegidas para el viaje entran casi en dos bolsillos: la monísima Olympus Pen-F y la Sony RX100 III que desde hace tiempo es la compacta que llevo casi siempre encima.

La segunda es, por tanto, una vieja conocida. Así que en realidad tengo ganas de pasar unas semanas con calma con esa Pen-F que tantos piropos ha recibido últimamente. En su momento ya la probamos y, como suele ocurrir, hubo cosas que nos gustaron mucho (diseño, tamaño, visor…) y otras no tanto. Empezando por el precio.

Pero no es lo mismo probar una cámara con la lupa en la mano y los colmillos afilados que, una vez hechos los deberes y repartidas las bofetadas y palmaditas en la espalda, convivir y viajar con ella sin tener que estar atento a si tal botón está en su sitio, el menú de turno es un horror o a 12.800 ISO hay ruido cromático si la luna está en cuarto menguante. Por ejemplo.

Para rematar esta idea de ir con muy poca cosa encima el estupendo M.Zuiko 17 mm f1. 8 -uno de nuestros objetivos favoritos del sistema- se viene también de paseo. Cámara pequeña, un 35 milímetros equivalente y esperemos que 20 grados menos de temperatura que en Barcelona. ¿Qué puede salir mal?

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Jul 272016
 

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Da igual que lleves la misma cámara que Steve McCurry –tener su mismo retocador sí es importante- o el mismo móvil que el mejor cazador de Pokémons del barrio. Hacer buenas fotos en un viaje o en el día a día no depende de eso, aunque es verdad que un equipo en condiciones y cómodo de llevar puede ser de gran ayuda. Así que mientras preparamos la maleta hemos elaborado una lista de modelos lo suficientemente ligeros y compactos como para hacerles un hueco en ella. Porque, después de todo, de nada sirve tener la mejor cámara del mundo si nos da pereza sacarla de paseo.

Panasonic Lumix TZ100. Apostar por una de esas cámaras con sensor de zoom largo y zoom muy potente es realmente tentador. El problema es que de compactas solo tienen el nombre, porque en algunos casos ocupan y pesan más que un modelo de óptica intercambiable. Por eso en nuestra mochila hemos preferido hacer hueco para la mucho más discreta y ligera Lumix TZ100 de Panasonic, dotada de un sensor de una pulgada y 20 megapíxeles que brinda unos resultados y excelentes y de un zoom 27-270 mm f2.8-5.9 que nos permite afrontar casi cualquier escena.

Olympus Pen-F. Desde que se presentó a principios de año se ha convertido en la niña bonita de Olympus. Su precio es algo elevado, cierto, y pensándolo fríamente cualquiera de las OM-D sería una opción más lógica que esta. Pero el diseño y la filosofía de la nueva Pen-F nos ha convencido y no le hemos podido decir que no cuando ha insistido en venirse de vacaciones. Con un 12 mm f2 y un 17 mm f1.8 nos iríamos con ella al fin del mundo.

Canon PowerShot G7 X Mark II. Acabamos de pasar unas semanas con ella y se ha convertido en una de nuestras compactas de bolsillo favoritas. Más ágil que la PowerShot G7 X, la calidad de imagen es muy similar, así que si el presupuesto es ajustado no pasa nada por quedarnos con esta última. De nuevo, la clave está en un estupendo sensor de una pulgada y 20 megapíxeles y en una óptica de 24-100 milímetros con una luminosidad de f1.8-2.8.

Ricoh GR II. ¿Quién quiere una compacta con sensor de una pulgada pudiendo tener un captor APS-C en la palma de la mano? Esa es la sugerente propuesta de la Ricoh GR II, que añade la conexión Wi-Fi a una de las compactas más interesantes por dentro y por fuera del mercado. Diseño clásico y óptica fija sin zoom (un 28 mm f2.8 imbatible en calidad de imagen) son la carta de presentación de este elegante modelo. ¿Echamos algo de menos? El visor, claro. Aunque si el presupuesto llega, hay uno opcional.

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May 022016
 

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Llega un momento en la vida del fotógrafo en el que, a la hora de hacer el equipaje para la próxima escapada, lo de preparar la bolsa de las cámaras da pereza. Seguro que muchos saben a qué me refiero: siempre hay dos maletas, la propia y la mochila con la cámara de turno, los objetivos, accesorios, tarjetas y demás.

Durante muchos años era parte del ritual antes de salir de viaje. Antes reservando un hueco para los carretes y un rato para discutir con los siempre simpáticos personajes de seguridad en los aeropuertos. Que si no me pases la película por el escáner, que si menos de 800 ASA no pasa nada, que si mira lo que le hicieron a las fotos de Capa, que no sabe usted con quién está hablando… En fin, esas batallitas que tanto nos gusta recordar aunque nos pillara con los pañales fotográficos y le pongamos siempre un poco de épica al asunto.

Pero volviendo al tema, para quienes somos un desastre haciendo maletas y siempre llevamos mucho más de lo necesario, la política con las cámaras suele ser parecida: tú ponlo por si acaso. El típico error del “y si…” que te hace pensar que llevarte un 300 milímetros es una buena idea aunque sepas que ni lo vas a usar ni posiblemente va a salir del hotel.

Ya hemos hecho experimentos parecidos otras veces. A Buenos Aires nos fuimos con una de esas estupendas compactas de zoom largo y sensor en condiciones (FZ1000 de Panasonic) y para una breve escapada a Israel la idea fue viajar sólo con un 35 milímetros. No salió mal o, mejor dicho, no echamos

Estos días ando por Perú en un viaje de trabajo para La Gulateca. Aunque el plan inicial era aprovechar para estrenar una cámara que no ha llegado a tiempo al mercado, la otra opción era también muy interesante: viajar muy ligero con un modelo sencillo y ajustado de precio. Vaya, tal y como lo hacen la inmensa mayoría de las personas. Las que se siguen llevando cámara y no se conforman con el móvil, claro.

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Jan 182016
 

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Igual es cosa de la ciudad o de estrenar cámara, pero el caso es que el primer paseo con la nueva Fujifim X-Pro2 por Tokio ha sido de esos en los que vuelves al hotel con un par de fotos decentes en la tarjeta de memoria. Algo que no, no pasa todos los días. La compañía había prometido una cámara pensada para del reportaje y parece que por ahí apuntan los tiros. Acompañada con algunas de las ópticas fijas Fujinon, el conjunto es de esos que sientan bien entre las manos, que todo donde los dedos esperan encontrarlo y con los que salir a pasear y descubrir una ciudad nueva es una maravilla

En realidad nada nuevo respecto a la X-Pro1, pero sí una actualización que ya tocaba para mantener viva esta línea más clásica dentro del sistema X. Un clasicismo que queda claro sobre todo con ese visor híbrido que finalmente ha aguantado en su sitio.

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¿Útil? Seguro que sí para muchos usuarios, pero mentiríamos si, por aquello del postureo fotográfico, dijéramos que lo hemos usado continuamente. No es que el visor electrónico haya mejorado y esté realmente bien -sigue sin ser el mejor, eso es verdad- es que con el 16 mm con el que hemos trabajado gran parte del tiempo, el visor directo tiene una utilidad cuestionable porque gran parte de la escena queda tapada.

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Jan 132016
 

Air Canada Rouge
Aunque en redes sociales siempre da la sensación de que todos nos pasamos el día viajando y que en el aeropuerto nos conocen por nuestro nombre, en realidad no es para tanto. Se viaja lo que se puede o lo que toca por trabajo. A veces es un viaje de prensa o blogtrip de esos que dicen ahora en el que los reporterillos vamos invitados a un evento o un destino. Otras la cuenta corre por cuenta propia.

En ambos casos y aunque la leyenda asegura que hay prensa (o la hubo) que viajaba a todo tren y en business, aquellos tiempos pasaron. Al menos para nosotros, se entiende. Se vuela en lo más barato posible y para llegar a donde haya que ir, punto. Lo de disfrutar la experiencia del viaje lo dejamos para los titulares de las revistas life style, que por lo visto vive bastante mejor. Pero no hemos venido aquí a llorar. Bueno sí, que para eso están los blogs.

El caso es que en estos años me ha tocado coger unos cuantos vuelos y padecer desde la infame comida general a los asientos para gnomos de Vueling en los que conseguir trabajar con un portátil requiere un master de contorsionismo de el Cirque du Soleil.

Nada nuevo en esa práctica tan extendida de -salvo benditas excepciones- maltratar al viajero recordándole que si viaje en turista no merece más. Por cierto, la de cosas buenas que había oído de Qatar Airways y lo normalita que es la clase turista.

Nada nuevo, decíamos, hasta que toca subirse a un vuelo de Air Canada Rouge, algo así como la marca B de Air Canada y pensada para volar a destinos turísticos. Entre ellos, Barcelona. ¿Dónde demonios está la pantalla?, preguntas al enfrentarte al peor terror de un vuelo de 9 horas seguido de otro de 5: frente a ti no hay ni monitor táctil, ni monitor viejuno ni nada. Cero. Un respaldo gris, acolchado y con pinta de llevar demasiados años ahí.

Empiezas a respirar cuando localizas en el asiento un conector de carga USB -sólo en los asientos de turista plus o algo así- y un enchufe escondido por allí abajo, y te explican que disponen de una red Wi-Fi interna (no Internet, amigos) a la que puedes conectarte para ver películas y demás contenidos desde tu iPad.

No es mala idea, la verdad. Rentable para ellos, sin duda, pero teniendo en cuenta que la pantalla de cualquier iPad es más grande y mejor que la de la mayoría de aviones… Pero, un momento, ¿y si no tienes iPad o tablet? ¿Es obligatorio en Canadá?

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Sep 302015
 

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Más de 20 años en Bilbao sin ir nunca al Festival de Cine de San Sebastián. Así que tal vez sea algo del karma o la justicia cósmica que el avión que me lleva de Barcelona a San Sebastián no pueda aterrizar en el pequeño aeropuerto de Hondarribia y acabe en la capital vizcaína. El mal tiempo también puede tener algo que ver.

Queríamos una Leica, por aquello del glamour y la alfombra roja. Pero como no pudo ser, en señal de protesta nos vamos sin cámara en la bolsa. O mejor dicho, con la cámara que usarán la inmensa mayoría de los curiosos y aficionados al cine que durante la semana pasada anduvieron cerca de la Concha: la de un móvil. Concretamente un Samsung S6 Edge+ que teníamos estos días entre manos.

De Leica a un móvil. No conocemos los grises: somos así de radicales. Por cierto, a quien le interese más la calidad de la cámara de este teléfono que nuestras batallitas puede ir directamente a la galería de fotos -sin retocar- que hemos sacado con él y ahorrarse esta crónica.

Sigue lloviendo en Donostia, como debe ser. Es temprano todavía, y aunque en nuestra agenda no hay margen para esperar a las estrellas a su llegada al María Cristina, tenemos un plan mucho mejor: hemos quedado con uno de los jurados de esta edición. Su acreditación de color rojo seguro que nos abre muchas puertas, porque a falta de tiempo para ver las decenas de películas presentadas y poner cara de críticos intensos, queremos ver el festival desde dentro.

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“La industria está en el Museo de San Telmo”, nos cuenta Rubén López Pulido. “La industria” es como llama la gente del mundo del cine a su sector, así que empezamos a usarlo desde ese momento para hacernos pasar por entendidos.

Además de una auténtica enciclopedia cinéfila, es director de comunicación de la Agencia Española de Cooperación Internacional, que este año ha estado presente en el festival con el Premio Cooperación Española. ¿Cómo es la vida de un jurado durante esta semana?, le preguntamos mientras tomamos un café en el espectacular museo. La nuestra no es la única reunión, porque ese espacio está pensado para que directores, productoras, distribuidoras y organismos públicos hablen de sus cosas. Es “la industria”, esa parte que no se ve en los festivales pero que en realidad es su motor y razón de ser.

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Sep 282015
 

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Lugares de no sé dónde a los que nunca te han llevado. Un clásico de los libros chorras que se regalan cuando no se sabe que comprar, la eterna promesa de blogs de viajes que aseguran ser capaces de descubrirte lo mejorcito de un lugar -aunque coincida con la Lonely Planet de turno- y, en general, un título llamativo para captar nuestra atención.

El caso es que a veces picamos y detrás resulta que hay una historia bastante curiosa. Hong Kong, agosto, 35 grados a la sombra y unas ganas terribles de huir un rato del asfalto. En realidad más allá de los rascacielos hay unas cuantas islas cerca con playas, pueblos de pescadores y toda la postal. Además, luce mucho eso de pegarse un baño en el mar del sur de China.

Pero eso lo puede hacer cualquier guiri con unas horas libres y dispuesto a dejarse acribillar por los mosquitos en la isla de Lamma, por ejemplo. Los auténticos viajeros queremos ir un poco más allá, así que tras leer una decena de artículos sobre las mejores playas de Hong Kong uno llega al bonus track: la piscina secreta más cool de la isla.

Y no es sólo que sea secreta y tenga un nombre de lo más resultón (Man Cheung Po) es que además está en medio de un paraje que, a la vista de las fotos, parece un maldito paraíso. Estamos hablando de una de esas piscinas infinitas que lucen mucho en Instagram y -atención- para llegar a ella hay que pegarse una caminata considerable y no especialmente bien señalizada. Es lo que tiene ser secreta. Ah, por cierto, en teoría el baño está prohibido porque es una reserva de agua, pero todo el mundo va y se baña, asegura el blog en cuestión.

Las instrucciones para llegar recuerdan bastante al mapa del tesoro de Los Goonies. Hay que llegar hasta el pueblo pesquero que está en un extremo de la isla de Lantau -la visita merece la pena, por cierto- allí coger el camino del puerto, atravesar unas casas, seguir caminando paralelos a la costa, doblar a la derecha, seguir hasta unas escaleras no señalizadas y empezar a subir. Y seguir subiendo. Ojo porque resulta que por allí anda una tal víbora de color verde fosfórito (green bamboo snake) que puede hacerte un briefing rápido sobre el sistema de emergencias chino.

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Pero vaya, que aquí hemos venido a jugar y a vivir una aventura. Cámara al cuello y con la camiseta empapada de sudor comienza el camino. Que a medio recorrido comiencen a aparecer carteles que recuerdan que el baño está prohibido te hace sospechar que igual la piscina natural esa no es tan secreta. Cuando los pequeños carteles se convierten en pancartas, la cosa empeora. Pero ya que has llegado hasta allí decides seguir caminando otro buen rato. Lo justo para comprobar que a alguien se le ha ocurrido que mejor que los carteles es poner un par de vigilantes para impedir que los imbéciles que llegamos hasta allí nos bañemos.

La mayoría, por cierto, con cara de bobos y de haber leído las mismas guías y blogs de viajes. ¿Puedo al menos refrescarme un poco en la cascada?, pregunto en una clara demostración de que no hay dignidad posible a más de 30 grados y después de caminar más de una hora. “No swimming, no swimmig“, responden ellos en un perfecto cantonés.

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Así que tras maldecir en mandarín todo el camino de vuelta, reflexionas sobre las cosas del turismo 2.0. Un lugar que sólo es posible encontrar porque se ha popularizado en Intenet  y que, curiosamente, pierde toda su gracia porque ahora va demasiada gente.

Internet mató la serindipia, podría ser el título de la canción. ¿Cuánto hace que no encontramos algo que no buscamos mientras caminamos sin rumbo, por simple curiosidad? Un bar, un nuevo restaurante, una tienda, un rincón sin reviews ni opiniones ni nada. Una película de la que no nos han hablado o una exposición no recomendada.

O una piscina secreta en medio de ninguna parte que dejó de ser secreta y ni siquiera era piscina, pienso en voz alta sin dejar de mirar de reojo a los bordes del camino. Sólo falta que aparezca la jodida víbora para rematar el día.

Sep 072015
 

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10 días no son nada para conocer un lugar. Al menos no uno como Hong Kong, tanto y tan bien fotografiado. Así que por descontado, estas 10 fotos elegidas entre centenares de ellas no pretenden ser nada más que una postal más de esta fascinante ciudad china.

Y es que a la vuelta de un viaje toca la peor parte. La peor después de tener que volver, se entiende. Editar todas esas fotos que hemos hecho “por asegurar” y que es muy posible que acaban en una carpeta en algún disco duro a la espera de que un día nos pongamos con ello. Que nos pondremos, pero claro como todavía están pendientes la de verano de 2012… Lo típico.

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Porque por mucho que nos propusiéramos hacer una primera limpieza en la pantalla de la cámara cada noche al llegar al hotel al final ya se sabe que la pereza, el sueño o la inseguridad -y si en la pantalla se ve mal pero luego es la foto del siglo… normalmente es al revés, y lo sabes- acabamos volviendo con 1.000 fotos de las que, en el mejor de los casos, salvaremos 20. Que tampoco está nada mal.

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Aug 172015
 

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Confieso que soy un desastre para las maletas. Los “y si…” me pueden y al final siempre acabo cargando mucho más de lo necesario. Algo que atenta directamente contra la primera normas de cualquier intrépido viajero capaz de sobrevivir 4 meses con lo que lleva en una minúscula mochila y lavar su ropa interior en un manantial secreto de Kuala Lumpur mientras charla con la gente de allí sobre lo divino y lo humano. Ya sabéis, viajar de verdad y no esa mierda que hacemos los domingueros.

Con los trastos fotográficos a veces pasa lo mismo. Mucho repartir consejos sobre ir ligero, apostar por ópticas fijas y cámaras que nos salven la papeleta sin condicionarnos el viaje y, al final, uno acaba cargado por encima de sus posibilidades. Es la suerte -y la desgracia- de dedicarse a esto y tener cierto margen a la hora de elegir los juguetes que quiere llevarse.

Y es que cuando las fechas cuadran uno no puede resistirse a la tentación de estrenar una de las cámaras más esperadas del año por todo lo alto: en Hong Kong. Mañana mismo salgo para allí unos cuantos días y, como además de comer habrá que sacar algunas fotos, se viene conmigo la recién llegada Sony A7R II.

¿Qué ópticas le ponemos? De entrada pensé sólo en el Zeiss 35 mm f1.4 pero en el último momento me acobardé y he hecho sitio también el polivalente 24-240 mm de Sony. Es verdad que no es el objetivo más lógico para una cámara y un sensor de este nivel, pero a veces los zoom todoterreno pueden ser muy útiles aunque ni por luminosidad ni por calidad sea la primera opción en la que pensemos. Que uno no va a Hong Kong todos los días, y hay que asegurar el tiro. Ya veremos si al final se queda en el hotel la mayoría de los días o lo de ir sólo con un 35 milímetros queda muy bonito sobre el papel pero luego en la práctica ya es más complicado.

Para completar el equipo y como invitada de última hora también hay que hacer hueco para la Canon PowerShor G3X. Desde el punto de vista meramente fotográfico y viajero puede sonar un poco absurdo porque en cierto modo y salvando mucho las distancias pisa el terreno de la A7R II y ese 24-240 milímetros. De hecho es muy posible que en otra condiciones o a un viaje menos exótico hubiera ido sólo con esta Canon -el año pasado estuve en Buenos Aires sólo con la Panasonic FZ1000, y tan feliz- pero aquí también cuenta lo de poder probar dos cámaras recién llegadas sobre el terreno y en un escenario poco habitual.

Por supuesto, también se viene la Canon Legria mini X para los vídeos que publicamos en La Gulateca. Sí, una cámara tipo GoPro sería más cómoda en muchos sentidos, pero para las grabaciones que hago el audio decente que ofrece esta cámara es básico. Y ya comentamos en su momento que no hay muchas opciones en el mercado si queremos andar sin un micrófono externo colgado.

Así que ahora sólo queda empaquetar todo esto en la Crumpler Proper Roady Half Photo -mitad espacio para las cámaras, mitad mochila normal- que también andamos probando. Y hacer la maleta, claro, que esto es sólo la bolsa de las cámaras. Lo peor de todo es que con un equipazo así hay poco margen para volver sin al menos unas cuantas fotos en condiciones. Veremos lo que sale.

Aug 102015
 

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Mentira. En realidad no ocurrió nada, como pasa siempre en las historias que comienzan con uno de esos titulares de mierda que pueblan medios virales y redes sociales. No ocurrió nada increíble ni sacó mejores fotos, porque para hacer mejores fotos estas vacaciones no necesitas otro artículo de 10 consejos escrito por alguien que lo que necesita son 10 consejos para escribir mejor. Y para aconsejar. Cosas del periodismo 2.0 low cost.

Para hacer mejores fotos lo que necesitas -lo que necesitamos todos- es ver más fotos, hacer más fotos, leer más, escuchar más, viajar más… Así de sencillo y así de complicado. El resto son milongas, aunque si pese al calor y la somnolencia estival insistes en leer algo, que sean estos dos estupendos artículos sobre el dichoso tema de los aconsejadores profesionales.

Tampoco te harán mejor fotógrafo, pero es verano y lo que se estila son los refritos de artículos ya publicados, así que allá vamos.

 

Consejos para sobrevivir a los consejos para hacer mejores fotos en vacaciones

Los consejeros son una de las grandes plagas de la humanidad. No solo los consejeros de bancos y empresas elegidos a dedo para trincar una buena pasta por señalar lo obvio, sino los aconsejadores profesionales. Esos a los que les pones un teclado delante y cuando te quieres dar cuenta y llamar a la policía –dónde está la ley mordaza cuando hace falta- ya te han clavado un artículo con diez consejos para mejorar tus fotografías.

Hasta hace poco lo de dar consejos que en realidad nadie ha pedido era una materia reservada a la carrera de cuñadísimo –por usar el tópico- y enterados en general. Pero desde hace unos años por lo visto se imparte en primero de Blogger como asignatura obligatoria.

De ahí que ahora mismo, con las vacaciones de Semana Santa a la vuelta de la esquina, posiblemente se estén publicando más tutoriales con diez consejos de estos que gente dispuesta a llevarse la cámara encima estos días. ¡No pasa nada! ¡También tenemos uno de fotografía móvil!, te gritan con entusiasmo desde la pantalla.

Librarse de esta plaga es prácticamente imposible, porque cuando se acercan vacaciones o puentes de guardar se reproducen cual tomates de invernadero: aparentes, abundantes pero sin gracia ni fundamento. Consejos para ser mejor fotógrafo. Todo lo que necesitas saber para mejorar tus fotos. Guía para hacer buenas fotos de vacaciones.

Lo gracioso del asunto es que, en realidad, la mayoría llevan años –décadas- repitiendo los mismos consejos que aburrirían a un koala con una lomo. Porque, no nos engañemos, de existir tales consejos para ser unos Leibovitz domingueros, tampoco es que sea algo que vaya actualizándose año tras año.

¿Y cómo sobrevivir a esta nueva enfermedad de nuestro tiempo? La norma básica es levantar la ceja, entrenar nuestra mirada escéptica y preguntarse en alto qué demonios me estás contando. No solo porque nadie haya pedido esos consejos, sino porque todo el mundo se los sabe de memoria, no aportan nada y sobre todo no te ayudarán a hacer mejores fotos…

(seguir leyendo el artículo original)

Cuando fotografiar es fácil con los ojos cerrados

Seguro que todos lo hemos pensado alguna vez al llegar a uno de esos lugares que te dejan sin respiración durante un par de segundos: aquí hasta yo puedo sacar buenas fotos. Puede que incluso esa misma idea se la hayamos aplicado a otro –que siempre es más divertido- al ver las postales que se ha traído de algún viaje exótico: retratos llenos de fuerza, colores espectaculares… Así cualquiera, y tal.

Eso mismo pensé hace unos días en las Salinas de Cabo de Gata, uno de esos parajes en los que apetece echar el ancla una temporada, mandar el móvil a paseo y quedarse por allí con unos cuantos libros, la cámara y poco más.

La carretera paralela a la playa; al otro lado, las salinas y una iglesia de un amarillo recién pintado; al frente, las primeras ondulaciones del parque natural del Cabo, y en la arena, barcas de madera a las que el viento, la sal y los años han descascarillado la pintura con esa perfección que ningún filtro puede imitar.

Allí, en aquellas pequeñas casas encaladas y con las puertas de color azul, se había rodado “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, la última película de David Trueba. Una bonita historia –basada en hecho reales- de un profesor que se escapa unos días a Almería para intentar hablar con John Lennon, que estaba rodando por allí. Aquella España de los años 60, dos chavales trazando su propia huida al sur, viajes que duraban días. Una de esas maravillas sin pretensiones para reconciliarse con la vida.

Aquí fotografiar es fácil hasta con los ojos cerrados, pensé en voz baja para que mis compañeros de viaje no pensaran que el sol me estaba afectando a la cabeza o que era un cursi.

Era mediodía, la luz era terrible pero hacia cualquier lugar donde miraras veías una foto. Y no una cualquiera, sino una con muchas posibilidades de estar por encima de le media personal, que es la mejor manera en la que uno puede catalogar sus instantáneas.

Como si el tiempo se hubiera detenido en algún punto, una señora con un pañuelo oscuro a la cabeza salió de una de las casas y se sentó en un pequeño muro, mientras el viento –que no recuerdo si era de levante o poniente- le movía el pañuelo y la blusa blanca. No llegué a tiempo para la foto, pero la hice en mi cabeza. Clic. Con los ojos cerrados. Aquí hay que volver con más tiempo, pensé antes de irme…

(seguir leyendo el artículo original)

 

Aug 032015
 

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Calculado el presupuesto y elegidas las fechas y el destino, ya solo queda un pequeño detalle: pensar qué cámara nos llevamos de viaje. Es verdad que en la mayoría de casos esto no supone un gran quebradero de cabeza porque casi todo el mundo se lleva la que tiene. Pero si por alguna casualidad queremos aprovechar la escapada veraniega para renovar o ampliar equipo, he aquí una lista muy personal con una decena de candidatas de lo más apetecibles. Un recopilatorio tan o más subjetivo que el resto y en el que las manías de quien firma se notan.

1. Panasonic Lumix FZ1000. El año pasado se vino de paseo a Buenos Aires, y lo cierto es que, pese a las dudas iniciales, repetiría. De ciudad y de cámara. Aunque algo voluminosa, con la Lumix FZ1000 tenemos en la mano absolutamente todo lo que vamos a necesitar: un sensor de una pulgada muy decente, un zoom de 16 aumentos (25-400 mm f2.8-4) con el que podemos acabar absolutamente todo, vídeo 4K para quien se anime, controles manuales, RAW… Y todo por un precio que, con el tiempo, se ha vuelto muy apetecible.

2. Sony Cyber-shot DSC-RX100. Ya lleva cuatro generaciones, pero desde la primera hasta la última –un poco cara, la verdad- esta compacta es una opción interesante para llevar siempre encima. Bien sea como cámara principal o como refuerzo para esos días en que la grande se queda en casa y queremos ir ligeros, su sensor de una pulgada y el zoom que llega a f1.8 en sus focales más cortas (dos valores que varían en función de la versión) son una baza perfecta para enfrentarnos a escenas con poca luz sin problemas y sin peso. Con una fórmula muy similar, la Canon PowerShot G7 Xes otra opción muy interesante.

3. Olympus OM-D E-M5 Mark II. Siempre nos ha gustado su diseño, su tamaño y el equilibrio que ofrece entre prestaciones, precio y calidad. Si a eso le sumamos una gama de ópticas muy completa y un estabilizador de imagen que en vídeo ha demostrado ser el mejor del momento, sin duda estamos ante una estupenda compañera de viaje. ¿Qué óptica le ponemos a la OM-D E-M5 Mark II? Los zooms polivalentes son siempre tentadores, pero el M.Zuiko 25 mm f1.8 (equivalente a 50 milímetros) no debería faltar en la mochila.

4. Nikon D5500. Por mucho que algunos se empeñen en matar a las réflex, no solo están vivas sino que siguen siendo una opción sencilla y muy práctica para no perder demasiado tiempo pensando qué cámara nos compramos o nos llevamos. Podíamos haber apuntado un poco más alto, pero la D5500 tiene todo lo necesario en un tamaño bastante contenido. Excelente calidad de imagen, el mejor sistema de enfoque de su clase, pantalla articulada y táctil, Wi-Fi… Solo hace falta añadir una óptica en condiciones (el 35 mm f1.8, por ejemplo) y hacer las maletas.

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Jun 152015
 

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Como todos sabemos, hay dos tipos de lugares en el mundo: los que son fotogénicos y los que no merecen la pena. Cada uno seguro que tiene en la cabeza su propia lista con los mejores rincones de la ciudad, con esos edificios a los que siempre volvemos con la cámara, o con ese pueblo perdido en medio de ninguna parte pero que merece los kilómetros y el madrugón por llegar con la mejor luz.

Una lista en la que, en nuestro caso, desde hace unos días figuran las minas de yeso abandonadas de Hornillos de Cerrato, en Palencia. Las descubrimos -nos las descubrieron, en realidad- como parte de un viaje organizado por la Asociación para el Desarrollo Rural Integral del Cerrato Palentino y por allí anduvimos sacando fotos con la Canon EOS M3 que teníamos entre manos aquellos días.

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De la cámara ya hemos hablado largo y tendido en Quesabesde y sobre esta comarca y sus atractivos gastronómicos pronto contaremos más en LaGulateca. Pero centrándonos ahora en el potencial fotográfico de estas minas abandonadas, quienes se acerquen por allí (se puede llegar en coche desde Hornillos) tienen que tener en cuenta que se trata de un espacio abandonado desde mediados de los 80 y que el acceso está teóricamente prohibido. Una valla se encarga de recordarlo -sin demasiado entusiasmo, la verdad- para que al menos quede claro que entramos por nuestra cuenta y riesgo.

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Apr 222015
 

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¿Cómo sería fotografiar con uno de los angulares más extremos del mundo desde un globo? Nosotros teníamos la misma duda así que hace unas semanas nos fuimos con el Canon 11-24 mm f4 de viaje por la Costa Brava con los amigos de Minube para descubrirlo.

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Tras el clásico madrugón que requiere casi siempre subirse a un globo, pudimos recorrer el Ampurdán gracias a Globus Empordà y verlo desde la singular perspectiva de un 11 milímetros para formato completo. Como suele decirse, las imágenes hablan por sí solas para hacerse una idea del potencial de este carísimo zoom -anda sobre los 3.500 euros- y de los bonitos paisajes de la zona.

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Apr 082015
 

Esta semana andamos de viaje por la Costa Brava con los amigos de Minube. Una ocasión estupenda para conocer nuevos lugares -aunque estén cerca de casa siempre se encuentran buenos rincones que no conocíamos- probar cámaras y objetivos y, sobre todo, disfrutar viajando en buena compañía.

De fotografía y viaje estuvimos hablando el pasado mes de febrero en la feria Fitur. Si te perdiste el taller o no te dio tiempo a coger apuntes para el examen final, ahora puedes volver a disfrutar de la apasionante charla en vídeo. La buena noticia, es que también están disponibles las de otros ponentes que también estuvieron por allí como Susana Girón, Rodrigo Rivas y Phil González.

Apr 062015
 

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¿Qué objetivo escogerías si tuvieras delante algunas de las mejores ópticas del catálogo de Nikon? Una pregunta que de entrada haría salivar a cualquier aficionado pero que, llegado el momento, supone un dilema casi existencial. ¿Focal fija o mejor un zoom para asegurar? ¿Angular o focales medias con las que poder resolver algún retrato? ¿Renunciamos al tele?

Ante este dilema se encontraron hace unos días cuatro fotógrafos a los que Nikon retó a improvisar un pequeño proyecto en Atenas con dos premisas: solo tenían dos días para ello y solo podían usar dos objetivos.

Más allá del elegante ejercicio de marketing echando mano del manido recurso de los embajadores de la marca (el evento estaba organizado por Nikon e iba dirigido a la prensa y los fotógrafos de toda Europa, no lo olvidemos), la verdad es que esa elección resultó de lo más interesante porque nos sitúa ante otra pregunta: ¿cada uno escoge la óptica según su estilo propio o el estilo de este breve trabajo vendrá determinado por el objetivo elegido?

Tal vez un pregunta sin respuesta, aunque para otra sí la tenemos: independientemente del objetivo elegido, todos ellos han sido capaces de hacer en apenas 48 horas mejores fotos de las que nosotros haríamos en un mes con un camión lleno de ópticas. Ojalá fuera falsa modestia.

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Mar 202015
 

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Es uno de esos lugares de peregrinaje fotográfico para cualquier aficionado de la fotografía: las Bardenas Reales de Navarra. Una paisaje de sobra conocido pero que es visita obligada cámara en mano para, sin ir más lejos, retratar ese Castildetierra mil veces fotografiado con nuestro mejor blanco y negro en plan Ansel Adams. Cuidado, eso sí, porque por algún extraño motivo esta zona despertará nuestro más bajas pasiones hacia el HDR.

Hace unas semanas estuvimos por allí de excursión y aprovechamos para probar la Nikon D5500. Una pequeña réflex de prestaciones medias pero con un excelente sensor de imagen. Además, según pudimos comprobar, aunque esta cámara en teoría no está pensada para soportar el agua, aguantó sin problemas un buen chaparrón.

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Parque natural y zona de pruebas militares -muy normal, todo- la combinación de un paseo fotográfico por aquí, una excursión al cercano castillo de Olite y una visita gastronómica a Tutela (estamos en plena ribera Navarra) es uno de esos planazos a los que cuesta resistirse.

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Feb 022015
 

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Esa desgastada expresión de “marco incomparable” adquiere un nuevo sentido cuando uno aterriza en El Hierro. La más pequeña -ahora mismo viven unas 8.000 personas, nos explicaron- y lejana de las Islas Canarias se parece tanto a uno de esos paraísos de película que volverse de allí sin alguna buena foto es casi imposible.

Pero no hay que perder de vista que es en estos entornos tan espectaculares cuando resulta más complicado que las imágenes estén a la altura. Miras la pantalla, levantas la vista y, definitivamente, la realidad supera con creces lo que has conseguido capturar. Pero lo sigues intentando hasta traerte de recuerdo algo medianamente decente.

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Ese era el objetivo de la aventura fotográfica que el fin de semana pasado Sony Mobile nos propuso. Y como única herramienta, la cámara del Xperia Z3. Sí, posiblemente a este móvil no le queda por delante demasiado tiempo antes de que aparezca un relevo en el horizonte -los rumores dicen que será en marzo, en el Mobile World Congress- pero a día de hoy sigue siendo el terminal estrella de la marca y su cámara de 20 megapíxeles una de las más potentes integradas en un smartphone.

¿Y qué tal se porta? Ya lo probamos hace meses, así  que ninguna novedad a estas alturas: buenos resultados para ser un móvil, aunque un poco menos de procesamiento no le iría nada mal a las fotografías. Sobre todo si, como en este caso, tenemos intención de jugar después con ellas para recuperar sombras y luces -no está nada mal lo que se puede hacer- o subir un poco el color.

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Jan 232015
 

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Fotografía y viajes es una de esas combinaciones clásicas que siempre funcionan. Por eso desde hace ya unos años la gente de Minube aprovecha Fitur -la feria de referencia en el sector del turismo- para organizar un taller de fotografía dentro de las actividades alrededor de esta cita anual de viajeros.

Y este año estaremos por allí, compartiendo charla con los fotógrafos Tino Soriano (National Geographic), Susana Girón (viajera y fotoperiodista colaboradora de diferentes medios) y Rodrigo Rivas -todo un artista en eso de la street photography móvil en mano-, y con Phil González, creador de Instagramers.

Cómo hacer mejores fotos cuando estás de viaje, los trucos de los profesionales del asunto, el mejor equipo para cada situación… De todo eso hablaremos el próximo domingo día 1 de febrero en Fitur. Con semejantes compañeros de escenario la verdad es que da bastante reparo poner tus fotos encima de la mesa -las comparaciones serían odiosas-, así que a mi me tocará recurrir al viejo truco de hablar de trastos y un poco de tecnología. Y ya que estamos, también de fotografía gastronómica en su vertiente más viajera, ¿no?

El taller es gratuito y las entradas pueden conseguirse aquí. Os esperamos a todos.

Jan 192015
 

¿Qué cámara me llevo de viaje? Uno de esos artículos que todos hemos perpetrado alguna vez -la epidemia se dispara ante la proximidad de puentes, vacaciones y fiestas de guardar- pero que en realidad olvida un pequeño detalle que lo convierte en una tontería considerable: la gente no suele tener un arsenal de cámaras para elegir en la despensa, así que de viaje se lleva la de siempre. La que tiene, vaya.

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Pero vale, supongamos que tenemos varias ópticas, una cámara más grande y una compacta o, como es el caso, la suerte -o la desgracia- de pasarse el día rodeado de trastos y más o menos poder elegir lo que quieres llevarte. A algunos les parecerá una bendición, pero en realidad supone un auténtico dilema existencial cada vez que toca hacer maleta.

En estas estaba hace unas semanas, preparando una breve escapada navideña a Tel Aviv y Jerusalén. ¿Qué cámara me llevo? ¿Mochila grande bien surtida o en plan vago con una compacta potente tipo la Panasonic FZ1000 que se vino de paseo a Buenos Aires hace unas semanas?

Era una muy buena opción pero aprovechando que andaba por aquí una Fujifilm X-T1 daba un poco de cosa no llevársela. Más difícil fue decidir las ópticas, porque por mucho que nos guste el postureo de las ópticas fijas, un buen zoom resulta práctico y cómodo a la hora de viajar.

Pese a ello, al final ganó la opción del 23 mm f1.4. Es decir, un 35 milímetros de toda la vida que aunque no iba solo en la bolsa (también viajaban una Sony RX100 para llevar en el bolsillo y una videocámara Canon Legria Mini X para los vídeos de La Gulateca) utilicé en el 99% de las fotos.

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 Posted by at 8:00 am
Jan 072015
 

Ahora que los autoridades se han puesto duras con los piratillas de Internet, ahí va una segunda vía de investigación para cuando acaben con todos las páginas de enlaces donde bajarse el último disco de Melendi: los comparadores de precios de vuelos y las agencias on-line que prometen gangas aéreas.

Algo que aparentemente puede tener cierta utilidad pero que cuando toca asomarse te deja con esa sensación de que intentan tomarte el pelo. El caso es que por aquí somos muy de viajar para sacar fotos y comer (no siempre en ese orden) y en los últimos días hemos sufrido un caso de “encabronamiento por búsqueda de vuelo” planeando una reciente escapada.

Y dado que no he encontrado mucha información interesante sobre el tema -curioso teniendo en cuenta que tocamos a un blog de viajes por cada dos habitantes, aproximadamente- y que los blogs se inventaron para las pataletas públicas como esta, ahí va la mía.

Rebuscando a dónde huir estas pasadas Navidades en Skyscanner –el comparador de precios más popular y posiblemente eficaz- Tel Aviv se perfiló como una opción exótica a buen precio. Como ocurre siempre -todo el mundo que haya usado esta web lo sabrá- además de las opciones de las compañías aéreas de turno (Vueling, Pegasus, EL AL Israel…) los mejores precios los prometen intermediarios tipo Edreams, Viajar, Travelgenio… hay decenas de ellas.

Aquí es donde empieza el cachondeo. Y es que las posibilidades de que acabes pagando el precio original que se muestra en el comparador son las mismas de que en Ryanair te sirvan una caña y unas bravas gentileza de la casa en tu próximo vuelo a algún aeropuerto remoto. Cabe suponer que el objetivo es aparecer los primeros en la lista de precios y para eso todo vale. Y todo es, básicamente, tomar el pelo al usuario que, pique o no pique, seguro que va a perder unas cuantas horas con la tontería.

Las artimañanas son de lo más variadas y se resumen en que al final del proceso de reserva siempre se aplica ese cargo sorpresa que hace que el precio ya no sea tan atractivo como el original que te llevó hasta allí. Y, por supuesto, sólo al final del cansino proceso de reserva aparecerá el regalito.

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