Sep 122016
 

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Para Zuckerberg un desnudo es un desnudo. Da igual que sea Norma Duval en la portada de Interviú o una niña quemada por napam huyendo de un bombardeo. El dichoso algoritmo de Facebook, a ver si nos enteramos de una puñetera vez, no sabe distinguir estas sutilezas. Está programado para hacer dinero y no incomodar a ese tipo de gente que no soporta ver un pezón. Punto.

Tan simple como triste, así que igual ha llegado el momento de dejar de escandalizarnos cada vez que a estos chicos les da por bloquear una foto, aunque sea una de las más icónicas de la historia. Como os diría Mark –yo le llamo Mark- si os tuviera delante: Facebook es mío y me lo zumbo cuando y como quiero. Y si no os gusta iros a Google Plus.

Aclarada por vigésimo cuarta vez este tema y tras recordar que estamos hablando de una empresa a la que le parece fatal un desnudo pero genial un tipo rodeado de armas y tetas en Instagram hay que reconocer que con lo de la famoso foto de Nick Ut se les ha ido la mano. O la tijera.

“Me preocupa que el medio más importante del mundo esté limitando la libertad en lugar de tratar de extenderla, y que esto ocurra de un modo autoritario”, le decía a Zuckerberg en portada el director del periódico noruego Aftenposten al que censuraron la difusión de esa fotografía en su página de Facebook.

Efectivamente, la dura misiva plantea unas cuantas verdades sobre el papel de Facebook como difusor de información y el peligroso control unilateral que ejerce. No se trata de una teta que se escapa o una burrada como eliminar esta foto –por mucho que haya rectificado, es evidente que volverá a pasar- sino de que estamos llegando a un punto en el que Facebook decide lo que millones de personas ven y no ven. Sí, exactamente igual que muchos otros medios durante décadas.

Y ahí es donde vamos. Porque mientras unos se tiran de los pelos y claman contra Zuckerberg el censor puritano, y otros juran que no volverán a entrar en esta red social –o sólo para colgar mensajes absurdo sobre  los derechos de sus fotos y toda esa mierda que cada cierto tiempo circula- lo peor de estas repetitivas polémicas es que se nos olvida que Facebook no es ahora mismo el mayor peligro para la libertad de prensa como se suele insinuar.

¿Queréis que hablamos –periódicos y medios encabronados con esta red social- de los peligros para la información y el periodismo? La lista es la larga -cada día más- y en ella hay cosas tan bonitas como el sueldo de Cebrián y demás consejeros delegados de turno. Los despidos de periodistas y fotógrafos. La falta de medios y la pérdida de derechos laborales en las redacciones.

La paulatina desaparición de los periodistas con un contrato y un sueldo digno, reemplazados por autónomos –falsos autónomos en algunos casos- condenados a cobrar miserias por piezas y producir textos como churros para que las cuentas más o menos cuadren. No es que queramos un yate, pero tener que hacer entre 2 lo que antes hacían 10 no suele ayudar a la calidad y profundidad de los textos.

Retirar la foto de la niña de Vietnam es de una estupidez profunda por parte de Facebook y su puñetero algoritmo, pero pagar 50 euros –o menos- el reportaje con fotos de Siria es de ser un auténtico hijodelagranputa. Así, todo seguido y sin parar para respirar. Pedir fotos gratis, mezclar publicidad con contenido y, en general, tratar a los lectores como indigentes mentales es también hacerle un flaco favor a esa libertad de prensa que se abandera cuando Facebook saca la tijera.

Usar Venezuela como cebo cuando huele a elecciones, mirar para otro lado cuando aquí se han cerrado periódicos o que los medios públicos estén en manos de corruptos y los privados en las del IBEX 35 son, de verdad, peligros mucho más serios que una foto retirada de nuestro querido muro repleto de gatitos, conspiraciones sobre chemtrails y aspirantes a la historia viral del día.

Los titulares de mierda que todos perpetramos mientras sentimos el puñal de la audiencia cerca de nuestro cuello. La tristeza de ver lo más leído del día en las grandes cabeceras. El contenido patrocinado que se viste con nombres de lo más exóticos para que nadie se dé cuenta porque, a fin de cuentas, el anunciante siempre tiene la razón y a ti te encontré en la calle. ¿Seguimos?

Los suplementos que en su momento acogían los grandes reportajes, ahora reconvertidos a páginas de publicidad entre la que hay que insertar algo de texto amable para hacer bulto. Los blogs que prometían ser la esperanza de la información seria y veraz y que acabaron copiando todo lo peor de esos grandes medios de los que renegaban. Eso sí que es un peligro.

Nos sobran gurús, expertos en marketing, youtubers, estrellitas, instagramers, it girls, influencers,  malotes con un teclado y sueños de Callejeros 2.0, copias de BuzzFeed… Nos faltan periodistas con recursos, tiempo y un lugar en el que publicar historias. ¿La culpa de eso también es de Facebook y su problema con los desnudos?

Así que la mala hostia, las cartas abiertas y la indignación con Facebook cada vez que comete una de estas tropelías están muy bien. Pero no está de más recordar que son sólo una minúscula parte de un problema mucho más grave y peligroso. Además, a estas alturas no creo que haga falta decir para qué usa Mark el papel de los periódicos.

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