Jan 272016
 

“Tenemos la obligación como seres humanos de acoger a esta gente. Si no lo hacemos, morimos como sociedad y como personas”, apuntaba el fotógrafo Sergi Cámara a propósito de su trabajo sobre los refugiados que cada día llegan a la isla griega de Lesbos.

con_texto_camara_600

© Sergi Cámara

Hay quienes recelan de los fotógrafos dispuestos a cambiar el mundo y tal vez prefieran los retratos millonarios de patatas o los discursos posfotográficos. Pero para los que creemos que la fotografía solo tiene sentido cuando cuenta una historia, proyectos cómo este y el discurso que hay detrás son los que dan sentido a todo este mundillo.

Pero ocurre a veces que estamos tan ocupados con los JPEG, los megapíxeles, el ruido y los rumores sobre la próxima cámara que no podremos comprarnos, que parece que se nos olvida que todos esos carísimos trastos sirven para –oh, sorpresa- hacer fotos.

Igual por eso nos sorprende tanto que un reportero que está a pie de actualidad se vaya con una sencilla compacta a trabajar. Y que tenga el valor de usar uno de esos filtros que llevan todas las cámaras y que los profesionales de verdad –ya saben, los que trabajan siempre en manual, miden la luz a ojo y desayunan café con Kodachrome- jamás utilizarían.

Sergi Cámara, veterano reportero que en los últimos años siempre ha estado cerca de alguna frontera y alguna valla, lo explicaba sin pudor el otro día por aquí. La foto estaba hecha con una Fujifilm X30 y usando el filtro “cámara de juguete” que incorpora este modelo y que aumenta la saturación y el contraste de la foto, produciendo también un característico viñeteo. Y todo ello sin pasar por Photoshop, se podría añadir.

Y es en este punto cuando podríamos entrar en un bucle de sobra conocido sobre la edición de la imagen, los límites del retoque, las nuevas normas éticas del World Press Photo o el obturador de la Bernarda. Que si no hay necesidad de editar de esa manera la foto, que si el fotoperiodismo tiene que abordarse con imágenes más planas y sin artificios estéticos, que si yo lo habría hecho mejor sentado desde mi sofá.

La decisión de Cámara de tratar de esa forma la escena es, claro, perfectamente discutible. Lo mismo que su apuesta por –como él mismo explicaba- intentar huir del sensacionalismo o aprovechar que no tiene la presión del trabajo diario para ofrecer una visión más calmada y personal de un drama que enseguida pasa de moda en las páginas de los periódicos.

No se trata de dar inmunidad a los reporteros o evitar el debate sobre la estética de las imágenes o hasta dónde se puede llegar con Photoshop sin convertir la realidad en un cómic. La mayoría de los fotoperiodistas son seguramente sus más duros críticos, y en todo caso son muy sanas las bofetadas que les recuerdan que ellos nunca pueden ser los protagonistas sino simplemente los narradores.

Justo lo contrario que se hace cuando, una vez más, se vuelve a centrar el debate en el autor y sus herramientas y no en la historia que hay detrás. Pero son los propios autores los que dan pie a eso al recurrir a filtros o una edición excesiva en lugar de dejar la realidad tal cual, señalan algunos.

Artículo publicado en Quesabesde

Loading Facebook Comments ...

 Leave a Reply

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>