Mar 242014
 

NPPA¿Estamos a Rolex o a setas?, dice el chiste. ¿Estamos a salvar el mundo o a hacer fotos? Seguro que más de uno lo pensó al leer esta noticia: “Premian al fotógrafo que ayudó en una situación de emergencia antes de coger su cámara”.

¿Cómo? ¿Pero los fotógrafos no son una panda de buitres dispuestos a vender su alma y sacrificar a su madre o a un retoño por conseguir la foto? Pues por lo visto hay excepciones.

A estas alturas la historia ya es de sobra conocida pero por si acaso ahí va: Al Diaz, fotógrafo del periódico The Miami Herald iba por la autopista, una mujer se detiene y sale con un niño en brazos. Diaz en lugar de liarse a sacar fotos decide ayudar a salvar al niño que había dejado de respirar.

El bebé de sólo 5 meses consiguió sobrevivir y además la hazaña Diaz y sus fotos no tardaron en dar la vuelta al mundo. Una buena historia, bonita, con final feliz y moraleja. Perfecto.

La cosa empieza a chirriar un poco cuando la NPPA (Asociación de fótógrafos de prensa de Estados Unidos) decide dar un premio humanitario a Al Diaz como reconomiento a su actitud en un caso de emergencia. ¿Por salvar al niño? Sí, pero sobre todo por salvar al niño antes de hacer fotos, se explica.

Entonces, ¿es noticia que un fotógrafo en un caso como este deje las cámaras a un lado e intente reanimar a un bebé que se ahoga en lugar de ponerse a disparar? Por lo visto sí. No sólo es noticia sino que merece un premio. Todo ello pese a que la citada asociación NPPA asegura que ese es es el comportamiento habitual y los valores que se esperan y presuponen de sus socios.

¿Entonces por qué se premia un comportamiento que se considera normal? Porque, insisto, no se pone el acento en que Diaz salvará al niño sino en que lo hiciera antes de sacar fotos. Si se pretende acabar de una vez por todas con esa imagen de los reporteros como hienas al acecho de la desgracia ajena -un clásico de los indocumentados que se ponen a hablar de fotoperiodismo en zonas de conflicto- cosas como esta lo cierto es que no ayudan. Sí, ahora es cuando alguien empieza a hablar de Kevin Carter, la foto del buitre y todo eso.

Tal vez sea que uno peque de optimismo con el genero humano o de corporativismo fotográfico, pero me cuesta pensar en alguno de los reporteros que conozco corriendo a por las cámara mientras piensa “que le jodan al niño”. Somos personas antes que fotógrafos, reivindican desde la NPPA. ¿En serio? Menos mal que lo han aclarado.

Y es que más allá de titulares y de esta historia, lo de Diaz es lo normal. Lo que dicta el sentido común y lo que haría cualquier fotógrafo con dos dedos de frente. El trabajo de los reporteros no es ayudar, sino contar una historia. Pero si no hay nadie más es una cuestión de lógica.

Porque, aunque seguro que hay quienes piensan que los periodistas son esos bastardos que provocan guerras para luego tener algo que contar, estoy convencido que todo el mundo habría actuado igual en un caso así. Bueno no. Seguro que algún gilipollas se habría sacado un selfie para retratar el momento. Pero para ser gilipollas no hace falta ser periodista. Ni fotógrafo.

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