Feb 222016
 

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Si tienes una buena pregunta, no la hagas en voz alta porque si suena la flauta y te dan una gran respuesta acabas de regalar la noticia a los demás periodistas. Y si no tienes una gran pregunta, mejor cállate. Algo así eran las lecciones sobre ruedas de prensa hace unos años. Antes de los selfies, las redes sociales, los influencer, los youtubers y toda esa mandanga.

No es que todo el mundo hiciera caso de aquellos consejos, cierto. De hecho, todos conocemos al típico pesado que siempre pregunta alguna tontería en las conferencias de prensa o en las presentaciones. Es fácil reconocerlo porque cuando levanta la manos se escucha un suspiro generalizado en la sala.

Pero aquellos tiempos de presentaciones aburridas pasaron y el Mobile World Congress -sí, esa feria de móviles de la que hablan en las noticias de la tele para contar siempre alguna chorrada- es cada año el escenario perfecto para tomar el pulso al tema.

Es verdad que el de la tecnología siempre ha sido un segmento un tanto peculiar desde el punto de vista del periodismo. No me refiero a titulaciones, supuesto intrusismo y todos esos rollos, sino que por aquí la frontera entre el fan y el periodista siempre ha sido muy delgada. Sólo así se explica ese fenómenos que, por más que lo veo, me sigue fascinando: gente que aplaude en las presentaciones de prensa.

Algunos incluso con unos cuantos “wow” y “yeah” que denotan un gran entusiasmo y amor por el trasto en cuestión. Últimamente el virus se está contagiando incluso al mundo de la fotografía, pero con un poco de suerte se extinguirá antes de que sea demasiado grave. El sector de la fotografía, me refiero.

El caso es que el MWC acaba de empezar y además de una huelga de transporte que ha desatado esa furia liberal de extremo centro que por lo visto abunda por aquí, ya hemos tenido dos grandes lecciones de nuevo periodismo.

Primero, la llegada de las nuevas generaciones en el sentido más literal del término. Ayer domingo en la presentación de LG había momentos en que, según donde se mirara, aquello parecía el patio del instituto. Y no es una exageración. Por allí circulaban no sólo adolescentes emocionados por estar viviendo en directo ese gran momento de la historia, sino algún que otro crío que hoy lunes debería estar en en cole.

Ya está el dinosaurio condescendiente con la chavalada, dirán algunos. Y puede que haya algo de abismo generacional, pero es que lo de los niños estrella que van a la tele a cantar, contar chistes o cocinar nunca me ha parecido muy buena idea. Y de lo de dar el pelotazo en Youtube ya hemos hablado demasiado estos últimos días.

Pero sin duda el momento fuerte del día fue la presentación de Samsung. Todo a lo grande, por supuesto. ¡Traedme 4000 periodistas y partners y lo que sea para llenar el centro de congresos más grande de Barcelona! Y allí que estábamos todos haciendo cola y maldiciendo, como cada año.

Pero esta vez la historia era distinta. Porque entre luces, gafas VR y mucho volumen apareció el mismísimo Mark Zuckerberg. En persona, con su camiseta gris, sus vaqueros y sus bambas. A decirnos que el futuro es esa realidad virtual que hizo que decenas de periodistas no le vieran pasar delante de sus morros porque, precisamente, tenían unas gafas puestas. Algunos ya dicen que la foto que retrata ese momento es una estupenda metáfora del futuro. O del presente.

¿Y qué hacer si tienes de repente a una de las personas más influyentes del mundo a pocos metros? Levantarte, acercarte al escenario, buscar un buen ángulo y, por supuesto, hacerte un selfie. Lo importante es que tú estás ahí, junto a Mark. Esa es la noticia, muchachos. La escena era, como diría Piqueras, dantesca.

Es verdad que algunos no eran periodistas, aunque estábamos en la zona denominada media y uno tiene la absurda idea de pensar que allí estamos todos ejerciendo como tales. Se ve que no y que, por ejemplo, el tipo que sale poniendo morritos en la foto de ahí arriba es un tal Logan Paul, una estrella de Vine ejerciendo de influencer a sueldo de Samsung. Y muy posiblemente ganando más en ese minuto que la suma de los salarios de muchos de los reporterillos y fotógrafos que por allí andábamos.

Pero más allá de las estrellas que estuvieran mezcladas entre los medios, ya se ve en la imagen que no era un caso aislado, sino un fenómeno cada vez más habitual. Hubo un tiempo en que nos preguntábamos si la fotografía acabaría con los recuerdos, la memoria y nuestra capacidad de disfrutar de un instante porque estábamos demasiado ocupados retratándolo.

Ahora todo eso suena incluso romántico. Ahora lo que importa ya no es contarlo ni fotografiarlo -se supone que para eso estamos allí trabajando- sino el selfie. Y, sí, el que esté libre de pecado, que ponga duck face de esa y se saque uno.

 Posted by at 6:00 am
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  2 Responses to “El periodismo en los tiempos del selfie”

  1. […] ACNUR -el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados- ha lanzado en una brutal campaña gráfica desarrollada por la agencia Sancho BBDO en la que los selfies son muy diferentes de los que solemos ver en nuestra día a día. Nada de paisajes increíbles, mesas repletas de comida bonita o morritos para posar junto a un famoso. […]

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