Apr 152015
 

pulpo_sony

Desde hace ya tiempo son numerosas las pistas que sugieren que nos falta un hervor. O mejor dicho, que estamos rodeados por expertos en marketing convencidos de que, para vendernos lo que sea, solo tienen que tratarnos como si fuéramos un poco idiotas. Un papel que, eso sí, somos capaces de interpretar a la perfección.

Determinar cuál fue el pistoletazo de salida de esta absurda carrera es complicado. Tal vez hay que remontarse demasiado, y eso, la verdad, resulta un tanto deprimente porque significaría que no nos hemos vuelto así, sino que siempre lo hemos sido. Y que somos ya demasiado viejos, además.

Así que pasaremos por alto que en su momento ya nos la colaron con los megapíxeles, los zooms digitales y todos esos cuentos. Avancemos mejor hasta ese momento en que alguien decidió que era más interesante salir uno mismo en la foto que apuntar hacia el otro lado para ver que salía.

Los dichosos selfies son posiblemente la penúltima etapa de ese camino que nos lleva a todos a ser aspirantes a tronistas en Telecinco. Porque autorretratos siempre ha habido, cierto, pero es al llamarlos selfies cuando uno se percata de la tontería.

Pero como en toda penúltima cosa, lo mejor está siempre por llegar. Y cuando todavía no nos habíamos recuperado de eso de que ahora la gente ya no va a sacar unas fotos sino que es street photographer o que no tiene una sesión sino que está en un shooting, llegaron los palos para selfies.

Si hasta Obama se presta a posar con uno y Nikon ha sido la primera gran marca en bajarse los pantalones ante la moda –no habléis alto el resto de istas, que los vuestros estarán al caer-, tal vez sea que los tontos somos los que seguimos en nuestro rincón enfadados con ese mundo empeñado en sacarse fotos poniendo morritos mientras sujeta su móvil con un palo.

El móvil o el tablet, ojo, que ahora también existe un palo para el iPad y compañía. Y pensar que hubo un tiempo, hace no mucho, en que abogábamos por desterrar a Salou o a cualquier otro purgatorio a los que usaban el tablet para hacer fotos. Qué ingenuos éramos al no darnos cuenta de que siempre puede ser peor.

Y si puede ser peor, normalmente lo será. Porque no hay semana en la que la ocurrencia de algún genio no nos recuerde esa espiral en la que el sector fotográfico –por ceñirnos a un espacio conocido- anda sumido. ¿El último ejemplo? Sony ha enseñado al pulpo de un acuario a sacar fotos, según leíamos hace unos días.

El pulpo fotógrafo, señores. Rambo el Octographer –en serio- es capaz de accionar una Cyber-shot DSC-TX30 colocada dentro de su acuario en Auckland y sacar una foto al público que admira su proeza desde el otro lado del cristal. Y como la cámara en cuestión es maravillosa y automática, resulta que las fotos salen bien con solo pulsar el botón con uno de sus ocho tentáculos.

Todo por una buena causa -eso hay que reconocerlo-, porque lo recaudado con las fotos facturadas a 2 dólares el disparo –ni los pulpos pueden ya ganarse honradamente la vida con la fotografía- va destinado a programas de conservación del medioambiente.

Total, que si el pulpo aquel sabía adivinar los resultados de los partidos de fútbol, ¿cómo no va a saber este pequeño Cartier-Bresson á feira sacar una foto en condiciones? Mientras la gente ya se pregunta qué pasará con los derechos de autor de estas fotografías pulperas y si el asunto acabará en manos de abogados como los famosos selfies del mono aquel, lo que no acaba de quedar claro es el mensaje que Sony quiere transmitirnos.

¿Que hasta un pulpo hace mejores fotos que tú? ¿Que sus cámaras son tan buenas que incluso un pulpo sabe manejarlas? Aunque lo de cuestionar las capacidades de usuarios y posibles compradores no sería nada nuevo, posiblemente nos encontramos ante algo mucho más sencillo: un ejemplo más de esa técnica conocida como “mira lo que sé hacer para llamar la atención”.

Ahora que nos acercamos a tiempos de campaña electoral en versión municipal, posiblemente veremos muchos más ejemplos de este comportamiento aplicado a otros ámbitos, pero la idea de fondo vuelve a ser lo mismo: creen que somos bobos.

Pensándolo bien, tampoco les damos demasiadas pistas en otro sentido, porque nosotros mismos jugamos a ese juego. Sacar una foto buena sin más ya no sirve. Ahora lo que importa es hacer algo raro para llamar la atención. Da igual si es dejar que los caracoles se coman tus fotos en plan proyecto artístico o hacer un time-lapse en HDR desde un drone para después hacer una exposición de diez años con hyperlapse y lightpainting. Póngame un poco de todo, a ver si conseguimos dar la campanada y salir de pobres.

Y todo esa está muy bien y aquí cada uno se lo monta como puede. El problema es que a veces, visto en perspectiva, parecemos tontos. A veces.pulpo_sony

Artículo publicado en Quesabesde

 Posted by at 7:00 am
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