Sep 152016
 

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No hay que echarle mucha imaginación al asunto para suponer que hoy no estará siendo un gran día en los despachos de Sony, Panasonic, Fujifilm u Olympus. “Ha ocurrido lo que temíamos”, dicen mientras apuran el tercer café de la mañana. Y apenas son las 9:00.

Tal vez la dramatización sea excesiva, entre otras cosas porque la mayoría andará ya pensando en Photokina y sus propias novedades, sin tiempo para detenerse a cotillear las de los demás. Pero exageraciones al margen, lo cierto es que la nueva Canon EOS M5 es ese gesto que muchos esperaban y otros temían desde hace tiempo. Se acabaron las tonterías: Canon va en serio con las sin espejo.

“Como una EOS 80D, pero con un 55% de su tamaño”, comentaban los responsables de Canon cuando hace unos días la mostraron por primera vez a la prensa. Poco que ver, por tanto, con aquellas EOS M y M2 que nadie se tomó muy en serio y la EOS M3, que por lo menos empezó a despuntar. Efectivamente, los 1.200 euros que cuesta este nuevo modelo tampoco tienen mucho que ver y dejan poco margen a las risas.

No se trata solo de la clásica discusión marquista, sino de un hecho que no puede obviarse. Canon es una de las marcas con mayúsculas del sector, y ese tirón comercial es una baza que siempre ha sabido utilizar. Hay muchas sin espejo y muy buenas ahí fuera, sin duda más competitivas, pero esta es la de Canon, y para muchos ese ya es un gran argumento. Sobre todo si, como en este caso, llega al fin con los deberes hechos.

Por cierto, ¿y si a Canon se le ocurre hacer lo mismo que ha hecho con la EOS M5 pero con un sensor de formato completo? Como la EOS 5D Mark IV pero con el 55% de su volumen, podrían decir. Seguro que la idea no entusiasma demasiado a Sony, que con sus A7 ha conseguido monopolizar hasta ahora esta idea.

El precio asusta, el cuerpo no es sellado, no hay 4K… Pero no se trata solo de un cuadro de especificaciones (estabilizador en el cuerpo de una Canon: quién lo iba a decir), sino de lo que representa una cámara como esta.

Porque, no nos engañemos, nadie se creía demasiado que Nikon o Canon se estuvieran tomando demasiado en serio lo de las sin espejo. “Que se peleen los otros y ya veremos” parece haber sido el lema de los dos grandes durante mucho tiempo. Nikon sigue en esa encrucijada mientras los rumores del fin del sistema Nikon 1 hacen que en el horizonte algunos quieran ver una futura propuesta más seria.

Canon parece que se ha cansado de esperar, y ha puesto sobre la mesa lo que podría ser una lógica estrategia de futuro: si nuestra mejor baza son las réflex, hagamos cámaras sin espejo que sean como las réflex. Después de todo, ¿a quién demonios le importa si hay o no un espejo ahí dentro?

Artículo publicado en Quesabesde

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