May 182015
 

Mad Men Wheel

Llevo demasiado tiempo en esta mierda. Que levante la mano el que nunca haya dicho algo parecido un domingo por la tarde, un lunes antes del primer café o cualquier otro día de esos que apestan. Nada grave en realidad, por mucho que suena a ultimátum o a algo terrible. Tenemos ya demasiados mayos encima para saber que, en el fondo, nos gusta esta mierda -es una mierda, pero es nuestra mierda que diría Kissinger- y que sólo muy de vez en cuando nos ponemos un poco intensos. Cosas de la edad.

La edad y el final de Mad men, que se nos junta todo. Todavía no sabemos cómo acaba la historia -ayer se emitió en Estados Unidos el último capítulo- pero ver a Don Draper con cara de “llevo demasiado tiempo en esta mierda” ante las nuevas generaciones de niñatos de ESADE con sus estudios de mercado y su vendehumismo que todavía no se llamaba así nos sitúa ante una dura certeza: si por él también pasan los años, no queremos ni pensar lo que nos harán a nosotros.

Y es que la presentación de Draper  para Kodak es uno de esos momentos que por aquí guardamos en nuestro particular altar fotográfico de ateos, casi a la misma altura que Annie Hall retratando a Alvy Singer mientras pelea con una langosta, el álbum de Auggie en Smoke, o la Nikon y las kodachrome de Robert Kincaid en Los Puentes de Madison. Somos unos románticos, joder.

Kodak-Carousel

Eran otros tiempos y la fotografía, la publicidad y los copazos a media mañana en el despacho tenían cierto glamour. Ahora decir que eres fotógrafo o que trabajas en marketing está igual de bien visto que zumbarse dos old fashioned antes de las doce del mediodía. Por mucho que parezca que algunos siguen ejerciendo ese noble arte antes de enviar algunas notas de prensa o compartir sus maravillosos HDR con toda la humanidad.

Ya no se hacen cámaras ni anuncios como antes, pensamos con sonrisa nostálgica cada vez que nos cruzamos con algún trasto de Kodak y nos preguntamos cómo demonios pudieron cagarla tanto. Qué hicieron tan mal como para acabar malvendiendo la marca a trozos al mejor postor que quiera colocar ese logo a su horrible cacho de plástico que hace fotos.

Tal vez se confiaron y pensaron que todo estaba hecho. Que nada malo podía pasarles. Que aquello de los píxeles -que ellos habían inventado- tampoco era  para tanto. Que llevaban demasiado tiempo en aquella mierda como para cambiar o como para que alguien les tuviera que explicar nada.

Eran otros tiempo, pero basta echar un vistazo  alrededor para tener la sensación de que la mierda es la misma. Sólo cambian los nombres, las caras o las marcas, pero la historia y los discursos se repiten. Todo funciona, se vende y es eterno hasta que deja de serlo. Rochester se derrumbó -por seguir cinematográficos- y nosotros aquí posando con nuestro palo de selfies.

Al final puede que Draper tuviera razón y la vida sea como aquel carrusel de diapositivas de Kodak, que podía ir hacia delante o retroceder en busca de esa fotografía que nos hace felices. Podemos hacer girar la rueda tantas veces como queramos, pero las diapositivas siempre son las mismas.

 Posted by at 8:00 am
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