Jan 132014
 
FotoNikon_03

© Pedro Armestre

Mientras el resto andábamos dándole al turrón y al cava estas navidades, por lo visto Nikon -Finicon, importador de la firma para España, más concretamente- y Fujifilm se han estado peleando por esa foto de ahí arriba. La historia es tan sencilla como absurda.

El fotógrafo Pedro Armestre había sido uno de los ganadores en la última edición del premio Foto Nikon por su conocida instantánea de los encierros de San Fermín del pasado verano. Problema: para participar en el concurso organizado por Finicon hay que haber hecho la foto con una cámara Nikon y según se decía por todas partes y presumía Fujifilm, Armestre había usado una Fuji X-Pro1.

Pero resulta que no. Todo había sido un malentendido y al final la imagen había sido tomada con una D3s. Aclarado el lío, Fujifilm retiró lo publicado sobre la fotografía y en Nikon se dieron por satisfechos y les perdonaron la vida.

Dejando a un lado si tiene mucho sentido plantear un concurso sólo para los usuarios de una firma, este pequeño culebrón sin más trascendencia debería hacer pensar a más de uno sobre esa figura tan extendida de los “embajadores” de una marca.  Esos fotógrafos patrocinados por Nikon, Canon, Sony, Fujifilm, Olympus o quien sea que se ocupan de probar material, cantar las bondades de tal o cual modelo, lucir cámara y, queremos pensar, también dar su opinión internamente para mejorar lo que toque.

Lo del fotógrafos patrocinado en realidad puede ser perfectamente entendible por parte del reportero. Todos sabemos cómo está el sector y aquí cada cual se paga la hipoteca como puede. No es extraño encontrarse a algunos que tapan la marca sobre el pentaprisma de la cámara aduciendo un razonable “que les haga publicidad Rita”. Visto así, se puede entender que a cambio de material o lo que sea permitan que su nombre figure entre los fotógrafos de plantilla de la marca.

En la mayoría de los casos ocurre además de forma discreta, honesta -no posan con cámaras que luego no usan o no recomendaría- y sin convertirse en hooligans. Mejor así porque ya se sabe cómo van estas cosas: hoy llevas una Cakony colgada al cuello y rajas de las demás, y pasado mañana toca presumir de una Olycakon y ya verás que risas. Que la gente es muy mala y tiene mucha memoria.

La pregunta del millón es qué aporta a la imagen de una compañía esta figura. “Fulanito usa la cámara tal”. Estupendo, ¿y? Se supone que para eso le has dejado el material o incluso has llegado a algún tipo de acuerdo de patrocinio con él. Se entiende el mecenazgo y el apoyo de las marcas a sus usuarios, pero la frontera entre eso y la publicidad en plan Messi usando la Galaxy NX o el cantante de turno tuiteando desde su iPhone que adora la Blackberry hay medio paso.

Además, las dos grandes marcas no parecen necesitar esta promoción porque, no nos engañemos, la mayoría de profesionales -sobre todo en determinadas especialidades- ya trabajan con sus cámaras.

Y en el caso de los aspirantes lo cierto es que presumir de que alguien es usuario de tu cámara igual tampoco es muy buena idea.  “Ojo que éste trabaja con nosotros y no con alguna de esas dos otras marcas que estáis pensando”. Si tú mismo planteas como algo extraño lo que debería ser normal, mal vamos. Sobre todo si luego se demuestra que no, que la foto estaba hecha con otra cámara.

Por cierto, ¿no habíamos quedado en qué las fotos las hace el fotógrafo y no la cámara?

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