Mar 022015
 

Fuji Lista

Lo más divertido de andar revoloteando por dos sectores -tecnología y gastronomía– es descubrir que los mismos vicios se repiten en ambos lados. Los temas de debate varían ligeramente, pero en general las tonterías, las puñaladas, los bandos, los amiguísimos y los buenos y malos profesionales repiten tics independientemente de si estamos hablando de una cámara o de un plato de callos esferificados.

¿Egos? Póngame dos raciones. Si en el mundillo de los trastos la humildad no es el don más abundante, digamos que entre fogones la cosa es bastante peor. Y es que si el ego de los fotógrafos te parece insoportable, eso es porque no te has topado con algunos cocineros y críticos. Igual es que también son fotógrafos en su tiempo libre.

El caso es que una de esas estupideces que se repite en los dos sectores es la creencia de algunos iluminados es que sólo se puede escribir de aquello sobre lo que se sabe y domina. Una reflexión que no sólo está totalmente alejada del periodismo sino que abre la puerta a una absurda ecuación: si para escribir de algo tienes que ser experto en el tema, significa que si eres un sabelotodo sobre el asunto seguramente sabrás contarlo a la perfección.

De ahí que algunos consideren que no se puede escribir de tecnología sin ser ingenieros, de fotografía sin ser fotógrafo o de cocina sin tener un master en fogones. No nos confundamos: evidentemente los conocimientos son básicos para ese ejercicio tan sano y que tan poco se practica que se llama contextualizar. Que algo sea nuevo lo puede escribir hasta un koala entrenado. Tu trabajo es explicar respecto a qué es nuevo y qué es lo que aporta.

Pero más allá de esos conocimientos que siempre son bienvenidos y de agradecer -cuando más comes, más lees, más bebes, más escuchas… mejor contarás lo que tengas que contar- hay un secreto que por lo visto muchos bloggers, gurús, expertos y autoproclamados periodistas parecen desconocer: las fuentes.

Lo importante no es saber algo, es conocer a quien lo sepa, que dirían los clásicos tomándose la última copa en la barra mientras suena un piano y te sueltas la pajarita.

Todo esto viene a cuento de esa pregunta que resuena cada vez que hay un sarao, sea el Mobile World Congress, MadridFusión o los canapés que ha montado el Bar Lola para presentar su menú. ¿Estás en la lista? Los iluminados suelen quedarse en el chiste sobre el periodista gorrón de turno -que los hay, eh- como si pagar tus canapés te hiciera un mejor profesional.

Démosle la vuelta al asunto: si tu criterio está en venta por una cerveza, un viaje o una palmadita en la espalda -pasa en todas partes y todos sabemos quiénes son- el problema no es la cerveza, ni el viaje ni la palmadita, sino que eres un profesional de mierda.

Así que, volviendo al tema, estar en la lista no es sólo una cuestión de ego -¿y por qué yo no?, hemos lloriqueado todos alguna vez- o de barra libre, que siempre viene bien a ciertas horas. Estar en la lista a veces es estar donde ocurren las cosas. Que casi nunca es en la nota de prensa que te llega al correo.

 Posted by at 7:00 am
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