Jun 202014
 

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Ésta es la historia de un niño que quiso ser fotógrafo. De un fotógrafo que a sus 74 años sigue hablando con la ilusión de un niño. De un andaluz de Tarifa que hizo de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) su casa. De un reportero en blanco y negro que se pateaba las calles cuando nadie hablaba de street photography y la gente de bien que tenía cámara no bajaba a los barrios del Somorrostro o el Camp de la Bota de Barcelona.

Ésta es la historia de Joan Guerrero, uno de los fotógrafos más respetados y queridos de su generación. Una historia a la que el también fotógrafo David Airob ha dedicado dos años y que ha titulado “La caja de cerillas”, en honor a aquella primera cámara imaginaria del pequeño Guerrero.

Familiares, antiguos alumnos, compañeros de profesión, amigos y vecinos arroparon anoche el estreno de este documental en Santa Coloma, la localidad tantas veces retratada por Guerrero en los años 70 cuando la periferia era más dura y gris y el río Besòs, una cloaca, como él mismo recordaba. Pero es esa ciudad y su gente –apuntaba- lo que le ha convertido en el fotógrafo que es, porque “si hubiera tenido amigos banqueros, habría hecho otras fotos”.

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