Dec 202010
 

Acercarse estos días a algunos de esos abarrotadas lugares donde venden trastos electrónicos es un ejercicio de masoquismo bastante interesante.

En esas andaba yo hace unos días, en una conocida cadena de tiendas que se dedican, entre otras cosas, a estos menesteres tecnológicos. Alejado, por una vez de la sección de cámaras -¡no las expongan sin el objetivo, por dios, que luego habrá que limpiar el sensor con una fregona!- y echando un vistazo a las impresoras.

El panorama es, por cierto, bastante desolador. Sin entrar en la gama alta fotográfica hay dos opciones: impresoras de menos de 50 euros que salen más rentables que comprarse un cartucho de tinta nuevo, o enormes aparatos todo-en-uno que imprimen, escanean y pasan la aspiradora al salón.

Menos mal que para animar esta desoladora estampa apareció una de las figuras más entrañables de esta temporada navideña: “el promotor”. En el mejor de los casos son comerciales que, perfectamente identificados, te intentan convencer de las bondades de la marca en cuestión que les paga la (seguramente) miserable nómina.

En el peor de los casos parecerá ser un inocente dependiente más que, lógicamente, insistirá en que te compres algo de la marca X en lugar de la marca Y. Que, entre nosotros -te dirá en plan confidencia- es una auténtica mierda.

A mi me tocó uno de los primeros. Evidentemente, un chisme que cuesta menos de 50 euros no requiere un gran discurso de ventas. Así que tras decir que salían muy bien me aseguró que funcionaba perfectamente con cartuchos de tinta piratas. Es decir, de terceras marcas. No como las impresoras de la competencia, añadió, que se estropean si no usas sus propio cartuchos.

La verdad es que es un argumento muy bueno, capaz de convencer a cualquiera. Pero algo no cuadra.

Uno tenía entendido que el negocio estaba precisamente en la venta de tintas, no en la de la impresora en si. El precio de los aparatos y el de las tintas -el gráfico de ahí arriba es bastante ilustrativo- hacen pensar que así funciona el tema.

¿Me tocó un promotor antisistema que había decidido saltarse el guión e ir por libre o el mercado de la impresión está tan mal que hay que recurrir  a este tipo de estrategias en plan desesperado?

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  8 Responses to “La curiosa estrategia de las tintas piratas”

  1. ¿Se pueden imprimir fotos con Vodka?? ¿Y me entero ahora? Con la de pasta que me he dejado en cartuchos de tinta… caguen to.

  2. Me han hablado de él, pero aún no lo he visto. Tomo nota! 😉

  3. Hola Iker,
    ¿viste el documental “Comprar, llençar, comprar” del Sense Ficció de la semana pasada?
    Creo que te daría para más de una entrada de este estupendo blog que tienes.

    Saludos

  4. ¡Me paso al vodka!

  5. Faltaría mesurar la tinta gastada (literalmente) en un libro de Ana Rosa; multiplicar el resultado por los € desperdiciados en su compra (restándole el precio de tapa, papel y foto de portada) y volver a multiplicar este resultado por la cantidad de libros vendidos… a ver en qué lugar se posicionaría…

  6. Sí, el gráfico es genial. Es ya un poco viejo -de hecho he intentado dar con la fuente original sin éxito- pero siempre que se habla de impresión o hay un excusa intento meterlo.
    Saludos!

  7. A el probablemente le pagan una prima por impresora vendida, así que te trata de vender la impresora como sea. De la tinta no ve un duro, así que le da lo mismo.

  8. ¡Me encanta ese gráfico!

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