Jun 202016
 

Master-Of-Photography

“Si se trata de egos inflamados, personajes surrealistas y maestros de bofetada con la mano abierta –los tres pilares de este tipo de talent shows– de todo eso vamos sobrados en la comunidad fotográfica”. Algo así decíamos allá por 2013 cuando se empezó a hablar lo que por lo visto ya es una realidad: el canal británico Sky tiene listo esa especie de MasterChef fotográfico que en un alarde de originalidad han llamado Master of Photohraphy.

Fotografía y televisión suena a receta un poco extraña. Pero no hay que olvidar que en este tipo de programa no se buscan cantantes, cocineros, fotógrafos ni nada. Lo que interesa son personajes que den juego y que en lugar de ir al psicólogo, tomarse un café con un amigo o quedarse en su casa leyendo sin dar la plasta a nadie con su atormentada vida prefieran exponer miserias y sueños ante millones de espectadores.

Hablábamos el otro día con Jordi Cruz –flamante jurado de MasterChef- y nos prometía que la dosis de espectáculo en ese programa era la justa para que la gente no se aburriera y se fuera a otro canal. Y a cambio de tener que soportar algún que otro lloro ante las cámaras se conseguía que la gente viera cocina en prime time en televisión.

¿Ocurrirá lo mismo con la fotografía? Así en frío cuesta imaginarlo y más desde la perspectiva española en la que pagar o contratar a un fotógrafo ya forma parte de un guión de ciencia ficción. ¿Permitir que estos muertos de hambre se cuelen en la televisión? Venga hombre, y qué más.

Por eso el único consuelo es que podemos estar casi seguros de que el formato no llegará por aquí. Ni el productor de televisión más osado -o puesto hasta arriba, cual líder de Ciudadanos- apostaría su carrera y su dinero en un programa en el que, más allá del espectáculo y del drama personal que seguro arrastra cada aspirante a fotógrafo, se hable de composición, iluminación e incluso fotoperiodismo.

Aunque, un momento, igual es cuestión de potenciar esa primera parte y convertir lo de la fotografía en sólo una excusa más. Vaya, como cualquier otro reality. Un Gran Hermano de fotógrafos. O, mejor aún, un “Hombre, Mujeres y Viceversa” con intrépidos reporteros que aspiran a ser cronistas. Esto empieza a tomar forma.

¿Y si juntamos a Instagramers de éxito y los llevamos a una isla desierta donde tengan que luchar por cargar el móvil y recoger frutas para sus bodegones cenitales? Algo así sería un éxito seguro. Sólo habría que alimentar un poco -tampoco hace falta mucho, la verdad- las envidias y malos rollos existentes en ese mundillo.

De jurado podrían pasarse por allí posfotógrafos premiados o estrellas que van de charla en charla pero a las que hace décadas que no se les ve con la cámara al cuello. También consagrados autores de fotolibros conceptuales para explicar su fórmula de éxito ante coleccionistas que,  tengan o no idea, al menos tienen pasta. Que de eso se trata.

Cuando la audiencia decaiga -las fotos de atardeceres, cocos y pies en la playa pueden llegar a cansar- sólo habrá que tirar del recurso fácil. Algún romance esporádico entre candidatos a influencer -a estas alturas ya nadie hablará de fotografía- y un bikini un par de tallas más pequeño para la instagramer resultona. Micromachismo dirán los pesados de siempre, pero porque no tienen ni puta idea de televisión.

Y lo mejor de todo será el premio. La marca patrocinadora de turno permitirá al ganador  ser su flamante embajador durante un año y dar la brasa al resto de la humanidad de feria en feria. Como los de MasterChef en sus food trucks pero en versión fotográfica.

¿Algún productor en la sala que se anime con “La isla de los fotógrafos”?

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