Nov 042015
 

OMS-Lomo

Malos días para alarmistas, hipocondriacos y en general para quienes tienden a no leer más allá del titular o a creer lo que dicen los de uniforme. La semana empezó con la Organización Mundial de la Salud leyéndonos la cartilla a los carnívoros y asegurándonos que atiborrarse de bacón y compañía es un buen atajo hacia el cáncer. En realidad ni es para tanto ni es nada que no se supiera ya, pero bastan 500 noticias en las que aparezcan las palabras carne y cáncer juntas para que todo el mundo empiece a pensar en los embutidos como un nuevo miembro del eje del mal.

Para rematar la histeria colectiva que se ha despertado en torno a carnicerías, estancos y todos esos sitios donde venden drogas, algún genio detrás de la cuenta de Twitter de la Policía Nacional (sí, esos que dieron alas a la molesta figura del community manager graciosete) decidió contarle al mundo lo que su cuñado le había explicado sobre Wi-Fi y radiaciones. Vaya, que si duermes con el móvil al lado es posible que tengas insomnio y acabes siendo parte del reparto de “The Walking Dead”.

Ciencia policial en estado puro, que unida al polémico informe sobre la carne viene a decirnos que ahora mismo comerse un bocata de fuet –que además es catalán- junto a un router o mientras hablas por teléfono es tan peligroso como ir de photowalk por Siria. Mira, esa opción todavía no la hemos contemplado en nuestros recién estrenados cursos de fotografía.

Así que visto el panorama y el gusto de la OMS por enumerar las cosas peligrosas de la vida, hemos decidido iniciar una recogida de firmas para pedir que la fotografía también se incluya dentro de esta lista de actividades y vicios nocivos. Porque lo es, y mucho más que un buen chuletón.

De entrada dedicarse a la fotografía o ser un aficionado a esto de las cámaras es un camino casi seguro hacia la bancarrota. No solo de quienes intentan ganarse la vida dándole al obturador, sino también de los que han optado por tener un equipo a la última. “Haz que a tus hijos les guste la fotografía, y así nunca tendrán dinero para drogas”, reza uno de esos chistes que circulan por las redes sociales.

Pero no solo es peligroso para tu bolsillo. El peso de cámaras, objetivos, accesorios, trípodes y mochilas es el aliado perfecto para acabar con la espalda y los hombros hechos un cuadro. Por mucho que las nuevas generaciones de cámaras sin espejo hayan aligerado un poco el asunto, nuestro gusto por las cámaras grandotas y que pesan (porque todo el mundo sabe que, si pesa, es que es bueno… ¿verdad?) al cabo de los años pasa factura.

Y tampoco parece que los madrugones para pillar la salida del Sol en el punto más remoto que se nos ocurra, las horas de espera a la intemperie para ver a los ñus o las noches en vela porque hay eclipse, lluvia de estrellas o lo que se nos ocurra sean muy sanas.

Por no hablar, claro, de uno de lo inventos más mortíferos ahora mismo sobre la faz de la tierra: correcto, los dichosos palos de selfie, que como se dice por ahí ya han provocado más muertes en lo que va de año que los temidos tiburones. ¿De esto no dice nada la OMS? ¿Acaso existe en la sombra un poderoso lobby de palos de selfie que impide que se regule sobre el tema?

Pero, volviendo a la vida del fotógrafo normal, más allá de los nocivos efectos de esta práctica para la economía doméstica y la salud, la parte psicológica del asunto también tiene su dosis de peligrosidad. De entrada, el riesgo de acabar convertido en un hooligan de tal o cual marca es un fenómeno de sobra conocido, y una prueba inequívoca de que estamos ante una suerte de adicción con efectos muy nocivos para nuestra capacidad de raciocinio.

Por otro lado, ¿cuántas discusiones de pareja ha habido por culpa de una cámara? Que si espera media hora más a que saque la foto, que si mucho mejor ir al Aconcagua que a descansar a la playa, que si ese objetivo de 3.000 euros es clave para mi felicidad y para que funcione nuestra relación…

¿Y que pasa con las Lomo?, se preguntará el ingenioso de turno. Porque, sí, amigos: el lomo, el jamón y el chorizo también figuran en la lista maldita. Pero evidentemente nos da igual. Pensamos seguir dándole al ibérico todo lo que se pueda. Y a la cámara, claro.

Artículo publicado en Quesabesde

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