May 092011
 

Además de montajes más o menos macabros, por la red ya circulan propuestas como ésta para diseñar camisetas conmemorativas.

Tras la muerte (asesinato, ejecución, que cada cual lo llame como prefiera o como su diario de cabecera decidiera titular) de Bin Laden parece existir una suerte de competición por ver quién es el primero en publicar las fotografías del cadáver.

Aunque la red ya está llena de montajes más o menos afortunados y en un primer momento se dieron por buenas un par de fotografías que después resultaron ser falsas, para decepción de muchos el presidente de los Estados Unidos ya ha comunicado su intención de no difundirlas.

Que una cosa es andar tirando cadáveres al mar y publicar vídeos para reírse de Osama en plan abuelo cebolleta y otra distribuir las fotos como si se tratara de un trofeo de caza.

Lo gracioso del asunto es que todo el mundo da por hecho que, diga lo que diga Obama, las fotografías acabarán saliendo a la luz. En el peor de los casos habrá que esperar a que los chicos de Wikileaks hagan sus gestiones, o que alguna crisis obligue a distraer la atención con una cortina de humo. Es sólo cuestión de tiempo, así que los más morbosos sólo tienen que sentarse a esperar.

Dejando a un lado las cuestiones morales del asunto y el supuesto interés que puedan tener esas fotografías, en realidad da igual lo que ocurra: si finalmente no se publican y quedan archivadas para dentro de unas décadas, algunos pensarán que es la prueba definitiva de que todo ha sido un montaje. Y si se publican o se filtran –como posiblemente acabe ocurriendo- su credibilidad será inmediatamente cuestionada.

Ya no se trata de las siempre divertidas teorías conspiranoicas  que posiblemente situarán a Osama tomando mojitos en una isla secreta con Elvis. Es, sencillamente, que de entrada no nos creemos nada. Y si hay foto tampoco. O menos, porque las imágenes han pasado de ser una pruena irrefutable a tener menos credibilidad que los editoriales de La Gaceta.

Y resulta curioso, porque hace no mucho una imagen era suficiente para convencer a cualquiera de la veracidad de un hecho. Podías no fiarte de lo que leías o te contaban, pero si había una foto, fin de la discusión.

Pero ahora las imágenes son un elemento más del juego. Además, uno de los que goza de peor fama entre el personal. De un titular o una crónica política, pase, pero de ti no nos lo esperábamos, parecemos decirle a la fotografía de turno, entornando la vista para detectar cualquier indicio de retoque o manipulación.

¿Qué ha ocurrido? ¿Es un daño colateral de este periodismo de trinchera y cotización en Bolsa que se ha dejado por el camino la credibilidad o es por culpa de los píxeles que nos hemos vueltos unos hipocondriacos de la manipulación?

El caso es que cuando hace décadas la foto del Che Guevara acribillado en Bolivia dio la vuelta al mundo nadie puso en su duda su veracidad. Claro que por aquel entonces parece que todo el mundo tenía más claro quienes eran los buenos y quienes los malos.

 Posted by at 8:00 am
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  One Response to “Las fotos de Osama Bin Laden”

  1. […] en “Rob Galbraith” ;  Artículo en el blog de Iker Morán Etiquetas: […]

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