Sep 212012
 

Photokina sigue siendo una feria de la vieja escuela. Aunque los más veteranos insisten en que ya nada es lo que era -idea aplicable en realidad a todo-, la gran feria fotográfica parece ser la última trinchera de un sector que se niega a ser asimilado por la tecnología de consumo pura y dura.

Suenan rumores de unión entre IFA y Photokina, nos chivan por los concurridos pasillos entre pabellón y pabellón. Pero más que una cuestión de identidades propias, apuntan, es una lucha entre la feria de Colonia y la de Berlín. El vil metal no entiende de nostalgias fotográficas, y lo cierto es que quienes han duplicado estand en IFA y Photokina (Sony, Panasonic, Samsung…) seguramente no están muy contentos con este espacio propio que reclama la fotografía cada dos años.

Las ferias ya no marcan el calendario de presentaciones, repiten desde las firmas cada vez que se les pregunta. En ese caso, suponemos que será casualidad que llevemos un par de semanas durmiendo más bien poco por el aluvión de novedades fotográficas que se han anunciado durante estos últimos compases de verano.

Pero no nos engañemos. Los tiempos están cambiando, y Photokina tampoco es una excepción. Sin ser grandes veteranos de esta cita germana -ya llevamos unas cuantas ediciones a las espaldas, eso sí-, tal vez sea en esta edición en la que más se ha notado ese punto de inflexión del que siempre hablamos.

En realidad no es nada en concreto, sino una sucesión de detalles que asumimos ya con suma naturalidad. HTC monta un previsible estand en Photokina y sin embargo nos pilla por sorpresa que Kodak siga por aquí. Igual están subastando patentes, comenta alguien con sarcasmo observando con cierta tristeza en lo que ha quedado la firma de Rochester.

En apenas unos metros podemos dar el salto de la apología de lo “analógico” de los chicos de la lomografía o de pasear por un alarde de diseño retro en los expositores de Fujifilm y Olympus a -alehop- darnos de morros con una Samsung Galaxy Camera con problemas de bipolaridad entre su lado fotográfico y su alma de tablet en miniatura. ¿Soy el único que se imagina a este dispositivo tumbado en un diván -plano en blanco y negro, tartamudeo a lo Woody Allen- y explicándole a un sicólogo su indefinición vital? Me lo temía.

Es Samsung, pensarán algunos. Y Nikon, que también tiene una cámara con Android. Y Sony, que quiere jugar a eso de las aplicaciones. Y quien más quien menos insinúa que, si no tiene en su haber una gama completa de cámaras con Wi-Fi, no tardará en llegar.

Empezando por las Pen, nos dejan entrever en una entrevista con Olympus. Normalmente no funciona, pero a veces a costa de repetir las mismas preguntas algún portavoz se apiada de nuestras ojeras y nos regala algún detalle que escapa al guión previsto.

Canon mira de reojo al estand de Nikon, más pequeño y minimalista. Nikon parece sonreír despreocupado, mientras con la grabadora encima de la mesa nos dice que la D600 y la EOS 6D no tienen nada que ver. Curiosamente en Canon dicen lo mismo, aunque barriendo -cómo no- para casa. Sony saca pecho con una Cyber-shot DSC-RX1 de la que nadie en la competencia quiere hablar pero que todos miran con cierto interés. ¿3.000 euros?, preguntan poniendo cara de circunstancias, aunque en voz baja seguro que se estarán preguntando muchas cosas.

3.000 euros en realidad tampoco son tantos. Estamos en Alemania, ¡qué demonios! Total, tampoco se notaría tanto si estiramos unos ceros ese rescate para incluir en la lista de la compra algunos caprichitos que hemos visto por Photokina. Sobre todo ahora que las Leica y las Hasselbladestán de saldo por 5.000 euros de nada.

Definitivamente los tiempos están cambiando. Puede que sin darnos cuenta esta feria sea esa frontera en la que ya no hay vuelta atrás posible. Que la fotografía -o mejor dicho, los trastos que la rodean- ya nunca será como antes. Mejor, peor o simplemente diferente. A lo mejor no es Photokina. A lo mejor somos nosotros.

Artículo publicado en QUESABESDE.COM

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