Jun 132016
 

Makaroff

Los pobres, además de vestir fatal y usar teléfonos Android, son unos desagradecidos. Viven tan ricamente con sus sueldos de seiscientoseuristas sin tener que preocuparse por desayunar cada día una tostada de aguacate sobre una mesa de madera vintage o saber cuál es su perfil bueno para el selfie mañanero recién levantados. Y encima ,cuando alguien se toma la molestia de señalarles el camino del glamour y el buen gusto, se lo toman a mal.

Y es que, según denuncia Miranda Makaroff, esta peña con el armario lleno de ropa de Primark le tiene manía. No sólo a ella, sino a todos los que en su momento fueron bloggers y ahora se ganan la vida como influencers.

“Hola, me llamo Miranda Makaroff y soy… ¿blogger? Al principio, cuando esta palabra acababa de aparecer me parecía interesante porque era algo nuevo que describía a un grupo muy reducido de gente que se dedicaba a la moda e inspiraba a la juventud por su manera única y original de entender este arte”, relata esta muchacha en un desgarrador artículo recientemente publicado en Vogue.

Ahora que ya sabemos que los bloggers son los que escribían de moda -y a ti te encontré en la calle- urge hacerse otra pregunta. ¿Quién demonios es la tal Makaroff? Porque posiblemente tú que viajas en Ryanair y no en first class de Etihad y lees los catálogos de Alcampo en lugar de L’Oficciel no conoces a esta joven promesa de la moda y la literatura.

Pues un respeto porque mientras tú estabas ahí vagueando en la cola del paro, esta chica se labraba un futuro ella solita, sin necesidad de tener que recordar a nadie que es hija de la diseñadora Lydia Delgado y el músico Sergio Makaroff. Lo ha conseguido todo ella sola. Trabajando mucho. Pico y pala.

Pero continuemos con los lloros de la Makaroff porque si esto no os emociona es que además de ser pobres no tenéis corazón. Y eso no hay outfit que lo arregle. “Hace unos días escribía en mi perfil de Facebook una opinión que llevo mucho tiempo ‘cocinando’ en mi cabeza sobre esta situación que me parece no solamente injusta, sino vergonzosa. Sí, es oficial: todo el mundo odia a los bloggers, influencers o instagramers” Cocinando en su cabeza. Con comillas. Aprended, malditos holgazanes.

Total, que no todo es tan bonito como parece en las fotos de Instagram, que viajar y ponerse ropa cara a veces es un rollo y que incluso ha tenido que hacer publicidad para Campofrío y McDonalds, que son marcas como muy de obreros. Y no se le han caído los anillos porque ella es así, campechana pero en versión 2.0.

Merece la pena leer el artículo entero porque sólo así se puede entender el dolor que vuestra actitud de haters le produce a esta chica. Pero si hay que quedarse con algo, si necesitas una reflexión para cambiar el odio por amor infinito a esta pobre gente, toma nota:

“No seamos ‘cutres de alma’ porque los bloggers no hacen daño a nadie. Luchemos contra los políticos corruptos, contra los traficantes de armas, contra la caza de delfines, contra el maltrato a la mujer y contra las mil millones de cosas que hay realmente importantes en esta vida.” Cutres del alma es, desde ya mismo, mi nuevo concepto favorito. ¿Veis? Otra cosa que nos ha enseñado Miranda.

Así que menos quejarse y envidiar y más admirar el trabajo de estos chicos que salieron de las favelas y sólo con un iPhone y una cuenta de Instagram consiguieron ganarse la vida. Cobran en algunos casos miles de euros -tu sueldo de un par de meses, sí- por una foto o por posar con un bolso carísimo. Juegan a ser diseñadores, escritores y, por supuesto, DJs instalados en una burbuja que todos sabemos que tiene que estallar pero que de momento han convertido en su parque de atracciones. ¿Hay algo de malo en eso? Posiblemente no. La culpa en todo caso será de las marcas dispuestas a jugar y pagar barbaridades mientras racanéan presupuesto al fotógrafo, reducen plantilla o funcionan a base de becarios y sueldos miserables.

Pero volviendo al tema, Miranda, cariño-corazón, ¿sabes qué? Esta mierda a la que tú te dedicas se basa en una cosa que seguro que ya te han explicado en la agencia de influencers pero yo te repito encantado: as-pi-ra-cio-nal. No interesan tus fotos, ni tus ropas de colorines ni nada de lo que hagas o escribas. Lo que vende es el morbo de esa vida tan guay que aparentemente lleváis. Punto. No hay nada más que rascar.

¿Os odiamos? ¿Os tenemos envidia? En realidad te contaré un secreto: la mayoría de las veces simplemente nos reímos de vosotros. Sí, ya sé que vosotros mucho más mientras facturáis por haber convertido vuestra vida en un anuncio sin, por cierto, indicar que es todo publicidad.

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