Feb 082016
 

IMG_4820La primera ley del periodismo dice que cuando una compañía está contenta con lo que has escrito es que hay algo que no estás haciendo bien. Por eso cuando ves miradas y cosas raras o directamente te caen las hostias, en el fondo sonríes con cierto orgullo. Al menos alguien lo lee y escuece.

Algunos tirones de orejas llegan con esa confianza que dan los años revoloteando por aquí. Y los aceptas con cariño, y todo. Jiji-jaja, pero eres un cabrón y tal. Otros no dicen nada, pero tú –que empiezas a ser perro viejo- lo notas. Y, en cierto modo, es hasta comprensible.

Es verdad que tendemos a tomarnos demasiado en serio, pero también que es más fácil hacer chistes con las cámaras ajenas cuando no eres tú el que tiene que venderlas y hacer que las cuentas cuadren a fin de año para que todo siga funcionando más o menos.

Toda esta apasionante introducción es algo así como la antesala a uno de esos contados momentos de humor que de vez en cuando –muy de vez en cuando- las compañías se permiten. El sarcasmo y los chistes no son el fuerte de las compañías niponas, por decirlo fínamente.

Por eso cuando durante la presentación de la Fujifilm X-Pro2 hace unas semanas la compañía expuso el argumento definitivo para dejar atrás las réflex y apostar por las cámaras sin espejo hubo más de una cara de sorpresa.

El kilo de peso que te ahorras con una de estas cámaras te deja espacio en la mochila para llevar un par de latas más de cerveza. Y de las de medio litro, rollo vicioso. Una gracieta inocente pero que provocó más de una mirada de incredulidad entre los representante occidentales de Fujifilm al ver a uno de los jefazos lanzarse al escenario en plan Chiquito. “Y llega ese fistro de cámara sin espejos…” y todo aquello.

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Pero dejando a un lado la sorpresa, el caso es que esa imagen pone sobre la mesa de una forma muy gráfica el motivo que a muchos les ha llevado a dar el paso. Ahorrarse un kilo en la mochila –reemplazarlo por alcohol no es obligatorio- es una buena razón de peso. Nunca mejor dicho.

Además, vistas las últimas promesas de Sony con su A6300 en cuanto a enfoque el negocio de dejar las réflex a cambio de cerveza parece todavía más redondo. Claro que a los que hayan pagado más de 3000 euros por una A7 y vean como ahora una camarita de poco más de 1000 euros es capaz de hacer muchas cosas que la suya no igual necesitan más de una lata para superarlo.

En todo caso y visto el tamaño de algunas de las ópticas para sistemas sin espejo igual sólo nos queda sitio para una cerveza. Y visto el precio, es posible que no nos queda ni un duro para gastar en otros vicios.

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