Aug 172015
 

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Confieso que soy un desastre para las maletas. Los “y si…” me pueden y al final siempre acabo cargando mucho más de lo necesario. Algo que atenta directamente contra la primera normas de cualquier intrépido viajero capaz de sobrevivir 4 meses con lo que lleva en una minúscula mochila y lavar su ropa interior en un manantial secreto de Kuala Lumpur mientras charla con la gente de allí sobre lo divino y lo humano. Ya sabéis, viajar de verdad y no esa mierda que hacemos los domingueros.

Con los trastos fotográficos a veces pasa lo mismo. Mucho repartir consejos sobre ir ligero, apostar por ópticas fijas y cámaras que nos salven la papeleta sin condicionarnos el viaje y, al final, uno acaba cargado por encima de sus posibilidades. Es la suerte -y la desgracia- de dedicarse a esto y tener cierto margen a la hora de elegir los juguetes que quiere llevarse.

Y es que cuando las fechas cuadran uno no puede resistirse a la tentación de estrenar una de las cámaras más esperadas del año por todo lo alto: en Hong Kong. Mañana mismo salgo para allí unos cuantos días y, como además de comer habrá que sacar algunas fotos, se viene conmigo la recién llegada Sony A7R II.

¿Qué ópticas le ponemos? De entrada pensé sólo en el Zeiss 35 mm f1.4 pero en el último momento me acobardé y he hecho sitio también el polivalente 24-240 mm de Sony. Es verdad que no es el objetivo más lógico para una cámara y un sensor de este nivel, pero a veces los zoom todoterreno pueden ser muy útiles aunque ni por luminosidad ni por calidad sea la primera opción en la que pensemos. Que uno no va a Hong Kong todos los días, y hay que asegurar el tiro. Ya veremos si al final se queda en el hotel la mayoría de los días o lo de ir sólo con un 35 milímetros queda muy bonito sobre el papel pero luego en la práctica ya es más complicado.

Para completar el equipo y como invitada de última hora también hay que hacer hueco para la Canon PowerShor G3X. Desde el punto de vista meramente fotográfico y viajero puede sonar un poco absurdo porque en cierto modo y salvando mucho las distancias pisa el terreno de la A7R II y ese 24-240 milímetros. De hecho es muy posible que en otra condiciones o a un viaje menos exótico hubiera ido sólo con esta Canon -el año pasado estuve en Buenos Aires sólo con la Panasonic FZ1000, y tan feliz- pero aquí también cuenta lo de poder probar dos cámaras recién llegadas sobre el terreno y en un escenario poco habitual.

Por supuesto, también se viene la Canon Legria mini X para los vídeos que publicamos en La Gulateca. Sí, una cámara tipo GoPro sería más cómoda en muchos sentidos, pero para las grabaciones que hago el audio decente que ofrece esta cámara es básico. Y ya comentamos en su momento que no hay muchas opciones en el mercado si queremos andar sin un micrófono externo colgado.

Así que ahora sólo queda empaquetar todo esto en la Crumpler Proper Roady Half Photo -mitad espacio para las cámaras, mitad mochila normal- que también andamos probando. Y hacer la maleta, claro, que esto es sólo la bolsa de las cámaras. Lo peor de todo es que con un equipazo así hay poco margen para volver sin al menos unas cuantas fotos en condiciones. Veremos lo que sale.

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