Sep 102014
 

Lejos de estar libre de los temidos ismos, el mundo de la fotografía es un caldo de cultivo perfecto para que afloren todo tipo de dogmatismos técnicos y estéticos. Y es que en un terreno en el que el amor y el odio por ciertas marcas se mezcla con las siempre cambiantes modas y dogmas de ayer, hoy y siempre, lo raro es que todavía no haya habido una declaración pública de guerra entre alguno de estos bandos. Hemos recopilado los diez más temibles para que cada cual –nosotros los primeros- se identifique con ellos o varios de ellos. Y aun así, seguro que nos hemos dejado alguna secta fotográfica más a la que ofender gratuitamente.

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1. Peliculismo “La fotografía química y la película siguen vivas” es uno de los gritos de guerra más repetidos entre los fundamentalistas de lo argéntico, que es como ellos se refieren a la película en plan repipi. Bastante discretos y silenciosos durante unos años, la querencia de los hipsters –tribu de la que ellos reniegan, por cierto- por todo lo retro les ha dado cierta visibilidad últimamente. Grandes amantes de las Leica, los peliculistas se refieren a los usuarios de las M digitales con el cariñoso apelativo de traidores. Aunque usan cámaras digitales y móviles cuando nadie les ve, en realidad para ellos la única fotografía auténtica es la que huele a revelador. Todo lo demás es un quiero y no puedo a base de píxeles.

2.Nikonismo. Como pasa siempre con los pueblos que se consideran los elegidos, el nikonismo tiende a mirar al resto de la humanidad fotográfica con cierta condescendencia. Además de ignorar todo aquello que no sean cámaras réflex –mencionarles las Nikon 1 es algo así como su Kryptonita-, el amor a los productos de su marca favorita es casi tan grande como el odio hacia sus líderes, que insisten en maltratarles. Pese a ello, su eterna amenaza de pasarse a la competencia rara vez se cumple.

3. Cacharrismo. Lo importante no es la foto, sino la cámara con la que se ha hecho, la óptica usada o el ISO con el que se dispara. Además de ver las imágenes siempre al 100% a la búsqueda de ruido o aberraciones, los buenos cacharristas –también conocidos como los linuxeros de la fotografía- siempre tienen un monitor que calibrar, un perfil de color que mejorar o un accesorio imprescindible que añadir a su absurdamente inmenso equipo. Grandes motores económicos del sector y eternos insatisfechos con su cámara, ni que decir tiene que se pasan más tiempo hablando de tecnología que de fotografía. Y sí, son lectores asiduos de Quesabesde.

4. Olympismo. Pese a ser una religión minoritaria y dividida –los sectores ortodoxos reclaman la vuelta a la senda del Cuatro Tercios, mientras que la mayoría se ha olvidado ya de las réflex y los espejos-, se trata de un grupo muy activo. Dos síntomas aparentemente contradictorios permiten detectar al olympista de pura raza: orgullo por ser diferente y cierta sensación de ninguneo. Algo que lleva a los que más se aburren a profesar un notable odio por los medios de comunicación especializados que no dicen lo que quieren oír. Sí, nos referimos a nosotros.

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