Jul 182014
 

Es la compacta más extraña del momento. No lo decimos nosotros, salta ala vista sólo con verla o echar un vistazo a sus especificaciones. Sin visor, sin flash, sin vídeo, con un diseño que no convence a todos y un precio de 1.000 euros (se habló de 1.200 así que ni tan mal) está claro que la Sigma dp2 Quattro no es para todos los públicos.

Con ella nos fuimos de paseo por el Museo del Diseño de Barcelona -qué mejor lugar- para probar su rendimiento y ver si algo había cambiado respecto a las generaciones anteriores con las que ya manteníamos una apasionada relación de amor-odio. Un adelanto: espectacular calidad de imagen y una manejabilidad no apta para los que no anden sobrados de paciencia.

Como siempre, el señor Álvaro Méndez es el responsable de que todo quede tan bonito y se escuche tan bien. Y de tostarse con un servidor a pleno solazo mientras grabábamos.

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