Feb 042013
 

No necesitan sello porque todo el mundo sabe de dónde vienen y a dónde van. Son los sobres con las donaciones para pagar los favores y concesiones recibidas. Los de esa austeridad que, bien entendida, empieza por el otro. Los que guardan los pliegos de ese discurso sobre el esfuerzo y el trabajar más por menos que siempre recetan y nunca se aplican. No hace falta que estudien sus hijos que ya estudiarán los nuestros, decía una viñeta hace ya tiempo.

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Nos llevamos las manos a la cabeza más por inercia que por sorpresa, porque en realidad todo está en el guión y nos lo sabemos de memoria. Es la cultura del pelotazo y el trapicheo. La de los listos de las escuelas de negocios. La del fin de las ideologías porque el que manda es el Mercado y que se joda quien se quede por el camino. La de culpar al débil, al jubilado, al inmigrante, al que se hipotecó por encima de sus posibilidades. Al tonto que no se lo supo montar. Que no supimos.

Sabemos de qué hablan porque esos sobres marrones, sobados y reutilizados están por todas partes. Puede que los nuestros no están llenos de fajos de billetes, pero nos rodean desde hace años. O tal vez siempre estuvieron ahí, sea cual sea la parcela en la que nos movamos.

Y este desolado paraje del periodismo tecnológico en el que nos ha tocado sobrevivir no es una excepción. Aquí también tenemos nuestros propios sobres repletos de chanchulletes a baja escala. Sobres de tercera regional, pero sobres al fin y al cabo.

Pero no, que no cunda el pánico.: ninguna de las compañías con las que lidiamos aparece -que se sepa- entre la lista de generosos donantes a la causa. No somos tan importantes.

Nuestros sobres son diferentes, aunque en el fondo llevan impreso el mismo mensaje. Son sobres de precariedad laboral y periodismo sin periodistas. De medios que pagan con prestigio y visibilidad en lugar de con nóminas. De esos en los que hay más jefes, redactores jefes, directores  y cargos rimbombantes para poner en la biografía de Twitter que gente dispuesta a darle a la tecla.

En nuestros sobres están las huellas de esos gurús y emprendedores que de día defienden el despido libre -por aquello de monetizar mejor- y de noche se ponen el palestino para la foto. Autoproclamados reinventores de la comunicación que pretenden y están consiguiendo convertir este sector en un cuento de Dickens con bloggers malpagados y sin contratos.

Nuestros sobres no se llaman sobres, porque aquí gustan más los eufemismos. Llamar espacio comercial a los publirreportajes. Contenido a la publicidad mal disimulada. Periodismo a cortar y pegar una nota de prensa. Análisis a una lista de especificaciones o, peor aún, a unos cuantos piropos que no desentonen con el banner que nos han puesto.

Son sobres heredados de aquellas revistas del sector que sólo publicaban las noticias de sus amigos. Las de quienes les ponían publicidad. Al lector que le den, que de algo hay que vivir. Vicios que han perdurado y que parecen ya imposibles de extirpar. Sobres repletos de premios absurdos en los que nadie cree pero que funcionan con la misma lógica que las cuentas en casa de los Soprano.

Todos sabemos dónde están esos sobres, pero hacemos como que no nos consta. Por pereza o por respeto a la veteranía. O tal vez por simple envidia de quienes se lo han sabido montar mejor. No vaya a ser que un día llegue uno a nuestro nombre.

 Posted by at 8:00 am
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  One Response to “Sobres cercanos”

  1. Amen, Iker.

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