Mar 052014
 

Hace unos días el ya famoso documental –mockumentary dicen los enterados- de Jordi Évole sobre el golpe de estado del 23-F redefinió la idea de las dos Españas. Desde entonces el país se divide en dos bandos irreconciliables: quienes consideran que emitir el falso documental fue un ejercicio muy sano frente a los que opinan que sencillamente se cachondeó del espectador y que hay cosas con las que es mejor no jugar.

© Manuel Pérez Barriopedro

En medio nos quedamos algunos pardillos que aquella noche andábamos calentando motores para el Mobile World Congress y que sólo pudimos ver el reportaje días más tarde, cuando el truco ya era casi un trending topic caducado. Sí, me temo que nos tocará sobrevivir sin saber nunca en qué punto de la historia habríamos cogido el chiste y si en ese momento nos habría hecho o no mucha gracia.

Entre las muchas lecturas que se han hecho sobre esta historia, tal vez la más interesante y útil sea la que nos recuerda que también las imágenes pueden mentir y que una misma instantánea puede servir para contar historias diametralmente opuestas.

Las secuencias que hemos visto decenas de veces, la Guardia Civil saliendo por las ventanas, los disparos al techo… incluso la icónica fotografía de Tejero con la pistola en alto que capturó Manuel Pérez Barriopedro –y que comentó en su día para Quesabesde- podrían encajar perfectamente en esta versión alternativa y ficticia de lo ocurrido. Imágenes reales para explicar una mentira. O viceversa. Ahí está la clave del juego y tal vez de la lección.

Y es que en estos tiempo de Photoshop y retoque a veces se nos olvida que no hace falta usar el tampón de clonar, borrar algo molesto que se meta en el encuadre o añadir un poco de color y dramatismo a una toma. Basta con sacar la imagen de su contexto para convertir una foto en parte de una mentira.

¿Ejemplos? No hace falta rebuscar mucho en la hemeroteca. Hace pocos días el caso de las fotografías que la oposición venezolana difundió por la red como prueba de los excesos del gobierno acabaron convirtiéndose en casi un chiste: imágenes de protestas en otros países, de casos de torturas denunciados en España, de la cadena humana organizada en Cataluña a favor de la independencia e incluso de webs de pornografía surcaron las redes sociales reconvertidas en supuestas escenas obtenidas durante los enfrentamientos en Caracas y otras partes del país.

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