Dec 092015
 

Sound-of-film

La fotografía de verdad tiene olor, suelen decir los nostálgicos de la película. En realidad todos los que alguna vez hemos estado revelando en un cuarto oscuro y se nos ha quedado grabado en la memoria ese aroma ácido de los químicos.

Tiene olor y sonido. Su propia banda sonora compuesta de todos esos gestos en peligro de extinguirse. La caja de cartón del carrete, la tapa de la cámara, el sonido del obturador, el clic del diafragma, el rodillo para enroscar la película antes de echar los líquidos…

The Sound Of Film from Robert Marshall on Vimeo.

Un proceso lleno de ruidos y sonidos que conforman este The Sound of Film, un bonito vídeo que descubrimos el otro día en Lamono Magazine. ¿Verdad que vamos a echar mucho de menos todo esto?

Pero menos lloriqueos nostálgicos que, a la espera de que la película vuelva a arrasar en las tiendas como el vinilo –spoiler: eso posiblemente no va a pasar nunca- siempre nos quedará la opción de rescatar esa cámara guardada en algún rincón de casa, cargar un carrete y salir a la calle a ver si nos acordamos de algo.

Que quede claro que los del 70 y bastante somos quizás de las últimas generaciones que crecimos y aprendimos escuchando esta banda sonora.

Oct 192015
 

Carta-Shirley-Kodak

Hasta los años 70 la película de color estaba calibrada sólo para pieles blancas lo que, unido a la falta de rango dinámico, daba problemas con los retratos de personas mulatas o negras. Algo que a día de hoy suena bastante surrealista pero que, según recuerdan en un interesante artículo publicado por Vox hace unos días, ocurrió durante aquellas primeras décadas en las que los carretes en color se popularizaron.

Más allá de las carencias tecnológicas y el limitado rango dinámico para poder exponer bien luces y sombras, posiblemente aquello no era sino un reflejo del racismo imperante en la sociedad. Comparado con los encapuchados de la cruz en llamas, que a Kodak le diera igual este pequeño detalle tampoco parece tan grave, ¿no?

El caso es que durante años los retratos de las personas negras o con pieles más oscuras mostraban una evidente falta de detalle. Y el drama era mayor si en un retrato de grupo había blancos y negros. ¿Pero los negros y los latinos también hacen fotos?, se preguntaría el Trump de turno.

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Jun 082011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Hace una década la mejor forma de empezar un debate fotográfico era preguntando si las cámaras digitales habían superado ya en calidad a las de película. Se plantaba uno en clase con unas cuantas copias de gran formato, las dejaba encima de la mesa y a ver quién era el valiente que sabía distinguir cuáles provenían del mundo de los píxeles y cuáles del de la plata. En unos minutos, la bronca entre defensores de una y otra rama estaba asegurada.

Pretender hacer ahora lo mismo sería bastante absurdo, entre otras cosas porque afortunadamente aquella cansina discusión que daba más protagonismo al medio que al propio contenido parece felizmente superada. Ahora la pregunta crítica se centra más bien en si nuestros queridos rollos de película seguirán existiendo dentro de unos años o si están abocados a desaparecer, engullidos por la tecnología digital.

La inmensa mayoría de los que nos movemos en este mundillo fotográfico tenemos muy clara la respuesta: por supuesto que sobrevivirán, aseguramos con tono grave. Tal vez relegados a un papel anecdótico, como mera curiosidad histórica o capricho de artistas lomográficos y demás bichos raros. Pero sobrevivirán.

Claro que serán más difíciles de encontrar y más caros, admitimos, pero siempre habrá alguna tienda que reserve un hueco para almacenar unos cuantos rollos de negativos y “diapos” y que pueda revelarlos. O un mercado negro de químicos, si no queda otro remedio que hacerlo en casa, pensarán los más pesimistas.

El problema es que igual nos estamos dejando llevar por la nostalgia y nos falta una buena bofetada de realidad a base de cifras. Precisamente de eso se encarga un reciente artículo elaborado por The Associated Press que dibuja una situación bastante delicada para la fotografía química en el mercado estadounidense.

A principios de este siglo (hace una década ya… cómo pasa el tiempo) se vendían por aquellas tierras 1.000 millones de rollos de película al año. Ahora esa cifra ha caído en picado hasta poco más de 50 millones, sumando los carretes sueltos y las cámaras de un solo uso.

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