Jan 122015
 

SelfieMahoma

Hay tres cosas que uno descubre a los pocos minutos de perderse por la ciudad antigua de Jerusalén: que, efectivamente, es fácil perderse, que en enero hace bastante frío, y que estás en la pista central del circo religioso. En apenas unos kilómetros cuadrados las tres grandes creencias monoteístas se disputan y comparten las mismas piedras sagradas para sus respectivos dioses y profetas.

Aunque no seas creyente sentirás algo especial al acercarte al “Muro de las lamentaciones”, pasear por la explanada de las mezquitas o ver la emoción de los cristianos al tocar la piedra sobre la que supuestamente reposó el cuerpo de Jesús en la Iglesia del Santo Sepulcro, me contaban. Me temo que no fue así. Para sentir algo más que siglos de historia de ese lugar –que no es poco- hace falta fe. Y de eso no tenía en la mochila ni vendían en las tiendas de souvenirs.

Fe posiblemente es lo que les sobraba a los hijos de puta que hace unos días se llevaron por delante a los periodistas –así se definían ellos- de la revista satírica Charlie Hebdo. Fe y armas, claro. Una peligrosa combinación que no es ni algo nuevo ni una exclusiva de estos autoproclamados vengadores de Mahoma. Aunque es cierto -tampoco nos la vamos a coger con papel de fumar- que los del Alahu Akbar están últimamente en el primer puesto del ranking.

En cualquier caso, se trata de un atentado que ha desatado las previsibles reacciones para todos los gustos: desde los analfabetos xenófobos que intentan aprovechar la ocasión para barrer para casa –nunca mejor dicho- hasta el más vergonzoso cinismo por parte de la policía hablando de libertad de expresión . Seguro que a los fotógrafos a los que parten la cara y la cámara en cada manifestación les encantaría tratar el tema.

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