Oct 082012
 

¿Alguien se acuerda del chiste de los remeros? Sí, ese de una trainera en la que cada vez hay más timoneles, consejeros, asesores y menos remeros y, curiosamente, navega más y más despacio. En esta profesión nuestra del periodismo ocurre algo parecido: nos sobran líderes, gurús, listillos y, en general, iluminados hablando de la #crisisdelperiodismo (así, con hastag de serie) y faltan remeros. O, mejor dicho, más gente dispuesta a pagar a periodistas para que remen.

En realidad es la misma cantinela de siempre. El País vuelve a reducir su plantilla. No hay dinero para tanto licenciado que -como alguien escribía en Twitter- pretende cobrar por algo parecido a lo que hacen en el Huffington Post por la cara. O por el prestigio.

No hay dinero, pero sí para pagar las imprescindibles colaboraciones de Vargas Llosa. Todo un premio Nobel del liberalismo, cuidado.

Los consejeros delegados de turno siguen poniendo cara de circunstancias mientras firman el siguiente ERE o cierran otro periódico. Como si la cosa no fuera con ellos. Como si la culpa fuera de esos cabroncetes que han dejado de comprar el periódico cada día, no de su pésima gestión excelentemente pagada.

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Nov 242010
 

El sábado pasado se celebró en Barcelona la tercera edición de la Caja Azul, una interesante charla-debate que en esta ocasión tenía como tema central el fotoperiodismo en zonas de conflicto. El periodista Alberto Arce y el fotógrafo Alfonso Moral fueron los encargados de abordar el tema con sendas charlas.

El tema y el ambiente era el propicio para caer en dos de los grandes tópicos de la profesión: el periodista estrella a medio camino entre el heroe y el villano en medio de la barbarie de la guerra y, por supuesto, la crisis y lo mal que están las cosas en este sector.

Pero en lugar de ir por el discurso facilón y victimista se optó por un visión que igual suena un poco apocalíptica e incendiaria pero que al menos aporta algo más que el simple lloriqueo al que nos hemos ido acostumbrando a lo largo de los años. Analizar la situación real, señalar las causas y los culpables es un ejercicio valiente que siempre se agradece.

En breve seguramente estará disponible el vídeo con las intervenciones y el debate completo, pero desde ese día me queman en la libreta un par de   frases gentileza de Alberto Arce -que, por cierto, está publicando estos días una serie de reportajes muy interesantes en Periodismo Humano– que deberían entrar ya mismo en los manuales de periodismo.

“Los medios tradicionales están muertos, económicamente o moralmente”. ¿La solución? Sólo hay una: buscar otras vías para publicar los trabajos y reportajes que no encuentran su espacio en los medios de toda la vida.

“Hay más fotógrafos y se hacen más y mejores reportajes que nunca. El problema es de los editores. No es culpa nuestra que no se publiquen ciertos temas o no se den puntos de vista diferentes. Pero no tienen ni puta idea. No abren los mails que les enviamos. No costestan. No saben lo que está pasando ahí fuera y todo el movimiento paralelo que se está generando.

“Estamos aquí porque nos gusta, no porque creamos que podamos ganarnos la vida con ello”. Posiblemente este es la parte más dura, pero tanto Alberto como Alfonso Moral coincidieron en que ha llegado el momento de asumir que el reporterismo tiene que plantearse como una especie de hobby vocacional, y no como una manera de pagar la hipoteca.

Se puede decir más alto, pero no más claro.

Apr 142010
 

Gabriel García Márquez dijo que el de periodista es el oficio más bonito del mundo. Hay semanas en las que los que dirigen este cotarro consiguen que semejante afirmación suene a chiste.

Ahí van cuatro historias recientes que evidencían la auténtica crisis de la profesión. No la de las cotizaciones bursatiles o la de las hipotecas del Grupo PRISA, sino la que da verguenza ajena.

1. Todos hemos visto ya el vídeo de los soldaditos estadounidenses en Irak disparando desde un helicoptero contra civiles y periodistas como si fuera un maldito videojuego. El tema, por supuesto, no lo ha  aireado ningún medio de comunicación, sino Sunshine Press a través de WikiLeaks, una web dedicada a denunciar temas como éste a través de la filtración de documentos clasificados. Dicho de otro modo, a hacer el periodismo de investigación que los grandes medios han ido abandonando por resultar poco rentable.

2. El presidente Polaco y altos cargos del gobierno mueren en una accidente de avión rumbo a Rusia. Dejando al margen las muy discutibles ideas de este señor, resulta que diversos periódicos decidieron abrir el domingo en portada con el resultado del Madrid-Barcelona del día anterior. Sin duda un tema de mucha más trascendencia que lo que ocurra en ese país remoto de la Unión Europea.

3. Aunque finalmente no ha sido así, durante mucho tiempo se ha barajado la posibilidad de que uno de los Premios Pulitzer de este año fuera para el The National Inquirer por descubrir un tremebundo asunto de faldas de John Edwards, un político del Partido Demócrata. La excusa es que en realidad había usado fondos públicos para ocultar esa historia, pero detrás se esconde un cocktail de puritanismo y amarillismo de tabloide que da miedo.

Eso como si a Sálvame o a Callejeros -quienes no sean de por aquí y no sepan de qué hablamos, eso que se ahorran- les dieran un premio Ondas… ah, que ya se lo han dado.

4. Con un leve retraso de siete años, la Audiencia Nacional ha caído en la cuenta de que los periodistas de Egunkaria en realidad no eran peligrosos terroristas y de que la vinculación de este diario vasco con ETA no se sostenía por ningún lado. Ahora llega el momento de que se rasguen las vestiduras los medios que -salvo contadas excepciones en el ámbito nacional- han ejercido de palanganeros y mostrado un silencio cómplice con este atropello .

Y todavía habrá que escuchar aquello de que esta es la mejor prueba de que el Estado de Derecho protege la labor de los medios. Será cosa de la ceguera que provoca andar tan ocupados con la libertad de prensa allende los mares, sin tiempo para mirar lo que ocurre en casa.

Oct 302009
 

El siempre lúcido Ignacio Ramonet abordaba el otro día el recurrente tema de la crisis del periodismo en papel en Le Monde Diplomatique.

Afortundamente no se trata del típico alegato lastimero a lo Rupert Murdoch -que seguro que no duerme por las noches de tantos empleados que tiene que despedir- ni de la sarta de bobadas que suelen soltar los gurus 2.0 cada vez que huelen a diario muerto y dan palmas creyendo que así podrán trincar alguna migaja publicitaria más.

No dejen de echarle un vistazo al artículo completo, pero a modo de aperitivo ahí van un par de recortes muy jugosos:

“¿Qué es lo que agrava tan letalmente la vieja delicuescencia de la prensa escrita cotidiana? Un factor coyuntural: la crisis económica global que provoca una mengua de la publicidad y una restricción del crédito. Y que, en el momento más inoportuno, ha venido a acrecentar los males estructurales del sector: mercantilización de la información, adicción a la publicidad, pérdida de credibilidad, bajón de suscriptores, competencia de la prensa gratuita, envejecimiento de los lectores…”

“Porque a todo lo anterior se suma lo más preocupante: el desplome de la credibilidad. La obsesión actual de los diarios por la inmediatez les lleva a multiplicar los errores. La demagógica solicitud al “lector periodista” para que cuelgue en la web del periódico su blog , sus fotos o sus vídeos, incrementa el riesgo de difundir engaños. Y adoptar la defensa de la estrategia de la empresa como línea editorial (cosa que hacen hoy los diarios dominantes) conduce a imponer una lectura subjetiva, arbitraria y partidaria de la información.”