Sep 142016
 

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Desde hace ya muchos años las cámaras de Sigma desatan un curioso sentimiento bipolar: a ratos las tirarías por la ventana desesperado ante algunas de sus limitaciones, pero otras veces no puedes no quererlas. No sólo porque son las raritas del mercado y tienen la osadía de salirse del guión habitual, sino porque su sensor Foveon X3 ofrece una calidad de imagen con la que pocos -muy pocos- modelos pueden competir.

Así que a la hora de hacer el equipaje para Cuba y contra lo que dictaba el sentido común la Sigma sd Quattro se unió a la expedición. Nos temíamos que no iba a ser la cámara ideal para viajar y la experiencia ha demostrado que estábamos en lo cierto.

Es algo más grande de la cuenta, le falta agilidad al enfocar y disparar, lo de la pantalla y visor es imperdonable y a partir de 400 ISO la calidad de imagen cae. Cuba es un terreno duro para cualquier cámara, pero la Sigma no ha llevado demasiado bien lo del calor tropical y bastaba dejarla un par de minutos en la bolsa sin apagar para que saltaran las alertas de temperatura de la cámara. No es que fuera a arder cual Samsung Note 7, pero teniendo en cuenta sus problemas con el ruido tampoco era buena idea forzar el asunto.

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En plena acción en La Habana con una Sigma sd Quattro ardiendo entre las manos y conversando de lo divino y lo humano con un babalawo. Foto de Héctor Delgado

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En Quesabesde hemos publicado una extensa prueba -no perderse los comentarios de frenopático, por cierto- con un montón de imágenes de este experimento cubano con la que, sin duda, es la cámara más extraña del momento. Una elección cuestionable para irse de viaje a no ser que la idea sea plantar el trípode y disparar con mucha calma, la verdad. Sobre todo teniendo en cuenta que Sigma tiene modelos compactos con idéntico sensor y calidad de imagen que resultan bastante más manejable.

Pero, pese a todo -aquí viene el ataque bipolar- mientras revisamos las imágenes de estos 9 días por La Habana no podemos dejar de sonreís al ver unos JPEG con un nivel de detalle espectacular y unos RAW a los que nadie les tose en cuanto a rango dinámico. 1000 euros el cuerpo y unos 400 euros el 30 mm f1.4 Art. ¿Seguro que tu flamante y carísima cámara de formato completo podría con este bicho raro?

Aug 222016
 

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¡Pues vete a Cuba! Tanto escuchar esa frase cuando hablo de política al final he decidido hacerles caso y hoy mismo me voy pa’ La Habana, compañeros. No es sólo que los vuelos para Venezuela o Corea del Corte estuvieran más caros, es que había mucha ganas de volver a la isla, seis años después de mi primer viaje por allí.

La Habana con unos fotógrafos que viven en esta ciudad  y prometen ser unos excelentes guías para salirse de las rutas turísticas, y unos días por Viñales para conocer el pueblo de mis abuelos. Sí amigos, ese natural atractivo y ritmo caribeño al bailar no era casualidad.

El caso es que, como cada año por estas fechas, llega la pregunta del millón, ¿qué cámara elegir para un viaje así? O cámaras, en plural. ¿Algo ligero y discreto para viajar cómodo? Ya vimos hace poco que un cuerpo tipo Olympus Pen-F puede ser un compañero perfecto o que para irse a Perú a trabajar una semana una Panasonic  GX80 es una opción perfectamente válida.

Esa era inicialmente la idea hasta que la cosa se empezó a animar. Y, como suele decirse, me vine arriba. Posiblemente demasiado. ¿Pero quién le dice que no a una Sony RX1 R II? Un formato completo de bolsillo con una calidad sencillamente espectacular, así que para la mochila. Pero, claro, hace falta algo más polivalente y un poco de zoom. Tenía ganas de probar con más calma la joven A6300 de Sony, así que también se viene junto al 18-105 mm f4.

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Pero, sin duda, la estrella de la fiesta es la Sigma SD Quattro. Sí, ese bicho raro con sensor Foveon, ópticas intercambiables, un diseño perfecto para dar la nota en cualquier lugar pero una calidad de imagen que -con paciencia- promete mucho. De una cosa puedo estar seguro: va a ser la única SD Quattro en todo Cuba.

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Mar 302016
 

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Siempre hay muchas fotos, pero con el tiempo suele ser una imagen la que acaba simbolizando los grandes acontecimientos históricos. Y la llegada de un presidente de Estados Unidos a Cuba más de 80 años después y tras décadas de bloqueo económico y relaciones más que tensas es uno de esos momentos llamados a pasar a los libros de historia. ¿Y qué imagen ilustrará este momento? Tal vez haya que esperar unos años para saberlo, pero si se pregunta a fotógrafos y editores gráficos, seguramente no duden demasiado: la fotografía del Air Force One acercándose al aeropuerto de La Habana.

El enorme avión cruzando frente a una modesta carretera llena de coches –carros, que dicen por allá- con muchos años de historia y los vecinos observando con curiosidad el momento. La llegada del líder del mundo a una pequeña isla que, a solo 90 millas de la gran potencia, ha sobrevivido a guerras frías, crisis de misiles, deshielos soviéticos…

Hay quienes hablan de una gran carga simbólica. De décadas de historia del siglo XX condensadas en ese avión (el iPhone Guan, según los reporteros de Televisión Española) y en esos almendrones, que es como en Cuba se conoce a los coches clásicos.

La foto entró en la línea de Reuters –nos explica Orlando Barria, fotógrafo de EFE en la República Dominicana y que también cubrió desde Cuba la llegada de Obama- primero sin firmar. Stringer, el nombre con el que se conoce a los colaboradores puntuales de una agencia o medio que cobran por pieza, era lo único que podía leerse bajo la instantánea.

Pronto medios de todo el mundo empezaron a difundir la imagen, y Reuters actualizó los datos añadiendo una firma: Alberto Reyes. ¿Quién es Reyes? El seudónimo del fotógrafo cubano Yander Zamora. Aunque ya había colaborado en otras ocasiones con la agencia Reuters usando ese nombre para evitar problemas con el periódico Granma para el que trabaja, esta vez decidió dar la cara, según nos cuenta él mismo.


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May 192011
 

Será cosa de los 33 que hoy me caen o un efecto colateral de la edad, pero el caso es que este jueves pegaba una foto con historia genealógica. El comienzo de ésta, además, parece sacado de un libro de García Márquez.

Mi abuela nació en Consolación del Norte, un pequeño municipio de Cuba que ahora mismo cuesta encontrar en los mapas de la provincia de Pinar del Río. Muy cerca está tomada esta foto. De camino a Viñales, una especie de paraiso con verdes espectaculares, tierra de color rojo plantada de tabaco, palmeras y guajiros.

Uno de esos lugares que merece la pena tener apuntados en una libreta, por si algún día hay que mandar todo al carajo. Muy cerca, algo más al norte y ya en la costa del Mar Caribe está Puerto Esperanza. No me digan que no suena como para perderse por allí.

Pero volviendo a la historia, además de este exiguo dato geográfico cuenta la leyenda familiar que era una niña de buena familia y que los bisabuelos Lagarón eran unos de aquellos latifundistas, con dinero, tierras y casas que cuando llegó Fidel salieron pitando para Miami. Pero esa es otra historia.

Mar 102011
 

Visto el exitazo del koala-mapache-burro de la semana pasada, creo que ha llegado el momento de volver a los clásicos habaneros.

Nada como dejar pasar unos meses (y quedarse sin fotos en la nevera) para empezar a revisar aquellas que en su momento quedaron apartadas. Y, oye, con un par de cortes por cada lado, un poco de horizonte recto y el típico viñeteo queda hasta pasable.

Nov 182010
 
Tras el paréntesis de unas cuantas semanas, volvemos a Cuba, que todavía hay un montón de fotos pendientes.
Como ésta, en la calle Concordia, en Habana Centro. Parece una de esas postales que cuando las ves piensas que todo está colocado en su sitio de antemano (el protagonista, el habano, la camisa guayabera, el gesto…), pero es que hay lugares en los que las fotos te van saltando a los ojos según caminas.
Sep 302010
 

La instantánea más conocida de Alberto Korda -y posiblemente una de las imágenes más reproducidas del planeta- convertida en mural en la fachada del edificio del Ministerio del Interior de Cuba, en la Plaza de la Revolución de La Habana.

La historia de esta fotografía y de su autor -que nunca cobró derechos de autor- es de sobra conocida, pero por si alguien quiere refrescar la memoria, aquí un brevísimo resumen.

Sep 162010
 

El Malecón de La Habana es, posiblemente, uno de los lugares más fotografiados del mundo. Pese a ello y, lo que es peor, pese a la evidencia de que no va a ser posible mejorar lo ya hecho, uno no puede resistir la tentación de intentarlo. Decenas de veces, además.

A la vuelta una de ellas con un par de toque de Lightroom consigue llamarte la atención. Ahí va mi aportación a la colección de postales, piensas.

Y justo entonces mueves un poco la herramienta de recortar, reencuadras y ya no sabes cual te gusta más. O cual es la menos mala.

Aug 192010
 
Por aquello de no empezar ya con las postales más típicas -tiempo habrá-, una instantánea habanera que se ha salvado de la primera criba de fotos.
Como la mayoría de ellas, está tomada con una Canon EOS 7D y un zoom 18-135 mm. De acuerdo, no es la mejor óptica del mundo, pero es suficientemene pequeño y práctico como para que no incordie demasiado en la mochila.  Aunque inicialmente se me pasó por la cabeza ir en plan campeón sólo con ópticas fijas, al final ganó la opción más cómoda: este zoom y un Sigma 10-20 para las tomas más efectistas.
Además, reputados estudios certifican que la tasa de provocación de divorcios fotográfico-vacacionales de este conjunto es mucho menor que la de tres objetivos fijos y su consiguiente… “un momento, un momento, que tengo que cambiar de óptica otra vez”.
Aug 122010
 

Se suele decir que los buenos fotógrafos necesitan pocos disparos para conseguir unas cuantas instantáneas decentes. Supongo que por eso un servidor acaba de volver de Cuba con una Canon EOS 7D echando humo y un disco duro de Epson cargado de más de 40 GB de fotos.

Es una cuestión de pura probabilidad. ¡Alguna buena tiene que haber salido!