May 022012
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Las compañías del sector fotográfico no es que no hagan ni puñetero caso de lo que pide el mercado, sino que están tan ocupadas leyendo gráficos de ventas y repitiendo que lo único que hacen es escuchar a los usuarios -paradojas del “marketing”, amiguitos- que les cuesta reaccionar. Pero cuando captan la idea son imparables. A su ritmo, pero imparables.

Nos pasamos años pidiendo más angulares en las compactas… y ahora hasta la cámara de Ikea seguro que se anima con uno de 24 milímetros. Queríamos estabilizador de imagen… y ahora nos sobra. Solicitábamos detección de sonrisas… y por fin lo conseguimos. ¿Compactas con sensor grande? Hasta ese capricho nos han dado. ¿Menos tontería con los megapíxeles? Bueno, tampoco nos pasemos.

Y en esa lista de sueños imposibles que cada uno traza al mirar el saldo disponible y pensar en el próximo juguete fotográfico que sumará a su colección las cámaras de formato completo son algo así como la eterna meta a alcanzar por muchos aficionados y más de un profesional.

Sí, ya me imagino que los fans del Micro Cuatro Tercios (del Cuatro Tercios apenas quedan) le estarán haciendo vudú al muñequito que tendrán con mi regia figura. Y también sé que “formatos completos” hay muchos y a ti te encontré en la calle. Pero, para que nos entendamos, estoy hablando de esas cámaras que usan un sensor con las mismas dimensiones que la película de paso universal. Un 24 x 36 milímetros de los de toda la vida, si se me permite la generación peliculera.

Aunque con sensores más pequeños podemos sobrevivir, la excelencia es un captor tan grande como uno de aquellos negativos que usábamos. No lo digo yo, nos los aseguraban hace unos meses unos portavoces de Canon con la EOS-1D X como testigo muda de aquella confesión: “El formato completo es algo así como el objetivo al que todo el mundo quiere llegar.”

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