May 092012
 

Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

El vaso estaba medio lleno, la cerveza fría y la música se podía soportar. No está nada mal este garito, pensé ensayando mi mejor media sonrisa de tipo duro al ver que la camarera a duras penas podía contenerse para no saltar sobre mí desde el otro lado de la barra.

Supuse que era cosa de mi chaqueta de cuero marrón. O tal vez de la barba de tío moderno que había conseguido dejarme tras acostumbrarme durante un par de semanas al molesto picor. Aunque, pensándolo mejor, tal vez el truco era la cámara que había dejado apoyada sobre la barra. Una de esas réflex grandes y negras que llevan rotulado en Arial 16 un “sí, nena, soy fotógrafo”.

Una escenita de este tipo debió de imaginar el bueno de Jaume Balagueró cuando se le ocurrió incluir en el anuncio que ha rodado para una conocida marca de cervezas (qué demonios: Voll-Damm; a ver si se animan y nos mandan una caja) a un fotógrafo en su lista de personajes intrépidos. De esos que saben vivir la vida al límite, jugárselo todo cada noche y acabar -por supuesto- seduciendo a una camarera mientras apuran la penúltima cerveza de la jornada.

“Puede que haga frío, puede que te hagas daño…”, avisa la voz en “off” del anuncio antes de recordarnos que, muchachos, sólo quienes se la juegan podrán llegar a ser lo que quieran. Y a molar, que de eso se trata en el fondo. Las opciones son ilimitadas, pero como propuestas rápidas los chicos de la cerveza apuestan por un boxeador, un jugador de rugby, un niñato en plan ejecutivo triunfador, una novia a la fuga, unos “snowboarders”, un tipo que salta en paracaídas desde lo alto de un edificio, un “perroflauta” de Greenpeace y -ahí vamos- un fotoperiodista de guerra.

En realidad la secuencia muestra a una fotógrafa, pero como comprenderán no iba a permitir que este tonto detalle me fastidiara el brillante párrafo inicial. Además, no es esto una cuestión de géneros. La idea se mantiene si en esa barra ponemos a una chica en vez de ese barbudo abofeteable. De hecho, ahora que lo pienso, la cosa mejora sustancialmente. Porque si lo del mito del tipo con cámara puede llegar a funcionar, lo de la erótica fotográfica de ellas es -si me lo permiten- incuestionable.

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