Mar 042015
 

“Las dos llamas corriendo por la calle y lo del vestido ese de colores raros. Lo mezclas y preparas un artículo para dentro de 10 minutos. Y que ponga ‘A fondo’ en el titular”, bramaban posiblemente el pasado viernes editores y emprendedores a su ejército de blogueros becarios. Había nuevo viral en el barrio y todos querían apuntarse.

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¿De qué color ves el puñetero vestido? (Foto de de “swiked” enTumblr)

“Ya estáis pensando en un móvil que haga que las fotos de los vestidos salgan con colores irreales”, seguro que andaban gritando en las oficinas de Samsung a esa misma hora. “Si lo petamos con el selfie de los Oscar el año pasado, ahora tenemos que liderar el movimiento dressfie”, les acababa de sugerir un vendehúmos experto en redes sociales y con contrato a tiempo parcial. “¡Posfotografía! ¡Posfotografía!”, repetía Fontcuberta mientras sus caracoles se iban zampando las fotos de la próxima exposición.

Reconozco que, al ver la famosa foto del vestido por primera vez, entendí qué era eso de la posfotografía: carecer del criterio suficiente para, en lugar de borrar una foto terrible, compartirla con la humanidad.

Por si alguien anda despistado, vive en otro planeta o simplemente tiene una vida lo suficientemente interesante como para no estar pendiente de estas tonterías, resulta que la semana pasada una chica sacó una foto -bastante chusca, por cierto- con su móvil a un vestido, y en su entorno más cercano se generó un debate sobre el color real de la prenda.

Algunos de sus amigos lo veían blanco y dorado. Otros, azul y negro. Así que la autora decidió subirla a su Tumblr, y en lugar de ocurrir lo lógico –ignorarlo, bostezar, mandar a la preguntona a paseo-, se acabó generando uno de los debates más largos, virales y absurdos de la historia de Internet.

En cuestión de horas, medio mundo andaba discutiendo sobre el dichoso vestido y buscando explicaciones a ese curioso efecto cromático. Y los que no lo hacían estaban ocupados pensando insultos y chistes ingeniosos para informar al planeta sobre su desprecio por el tema.

Así que mientras los expertos en fenómenos virales analizaban la última bobada de la red y los medios –todos, no solo los que viven a golpe de gatitos y virales- hacían malabarismos para apuntarse al tema de cualquier forma, miles de fotógrafos ponían su mejor media sonrisa y asentían con la cabeza mientras repetían: “Es el balance de blanco, idiotas.”

Se rumorea que incluso los expertos en gestión de color –gente de cuyas explicaciones normalmente es mejor huir- tuvieron su momento de gloria gracias al ya famoso vestido y pudieron explayarse sobre calibraciones, espacios de color y todas esas cosas tan aburridas.

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