Apr 062016
 

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Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que los fotógrafos no preparaban sus fotos ni las pasaban por Photoshop para poner o quitar cosas a esa realidad que a veces se empeña en no ser perfecta. Se dice que, junto a dragones, unicornios y banqueros con moral, estos seres mitológicos habitaron un día el planeta y se dedicaban solo a sacar fotos, intentar publicarlas y –posiblemente esto es lo más difícil de creer del cuento- cobrar por ellas.

Pero ya se sabe qué pasa con este tipo de fábulas. Los unicornios y dragones está claro porque tienen su propio icono en WhatsApp, pero de los otros dos seres no hay pruebas reales de que algún día hayan llegado a existir. Y es que lo de hacer trampas con las fotos es algo posiblemente tan viejo como la fotografía y el oficio.

 Pero es verdad que el tema parece haber explotado en los últimos tiempos. No es que antes no se hiciera –igual menos al ser más difícil hacer piruetas en el cuarto oscuro-, sino que ahora es mucho más fácil que te pillen. Por muy fino que seas con las capas y el tampón de clonar, ahí fuera hay un ejército de cuñados con lupa que tarde o temprano te acabarán calando. Y después ya sabes lo que viene: escarnio público, críticas a todo el colectivo de fotoperiodistas, poner en tela de juicio la deontología de la profesión…

Precisamente por eso lo más fascinante del asunto no es que a alguien se le pase por la cabeza que puede poner o quitar cosas a una foto, sino que crea que no lo van a pillar. Pero, ¿dónde has estado los diez últimos años, muchacho? ¿Tú no lees los periódicos ni ves la que se monta en cada World Press Photo?

Pero es verdad que no hace falta tirar de Photoshop para retocar la realidad. De hecho –insistimos en ello porque somos muy pesados- cualquier foto implica un proceso de selección subjetivo por parte del autor. Pero no hablamos de eso, sino del que recoloca la realidad para que la foto le quede bonita. A veces es un lobo amaestrado que salta vallas. Otras, una niña colocando un osito de peluche tras unos atentados. Posiblemente sea igual de grave en términos fotográficos, pero lo segundo clama más al cielo.

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Mar 302016
 

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Siempre hay muchas fotos, pero con el tiempo suele ser una imagen la que acaba simbolizando los grandes acontecimientos históricos. Y la llegada de un presidente de Estados Unidos a Cuba más de 80 años después y tras décadas de bloqueo económico y relaciones más que tensas es uno de esos momentos llamados a pasar a los libros de historia. ¿Y qué imagen ilustrará este momento? Tal vez haya que esperar unos años para saberlo, pero si se pregunta a fotógrafos y editores gráficos, seguramente no duden demasiado: la fotografía del Air Force One acercándose al aeropuerto de La Habana.

El enorme avión cruzando frente a una modesta carretera llena de coches –carros, que dicen por allá- con muchos años de historia y los vecinos observando con curiosidad el momento. La llegada del líder del mundo a una pequeña isla que, a solo 90 millas de la gran potencia, ha sobrevivido a guerras frías, crisis de misiles, deshielos soviéticos…

Hay quienes hablan de una gran carga simbólica. De décadas de historia del siglo XX condensadas en ese avión (el iPhone Guan, según los reporteros de Televisión Española) y en esos almendrones, que es como en Cuba se conoce a los coches clásicos.

La foto entró en la línea de Reuters –nos explica Orlando Barria, fotógrafo de EFE en la República Dominicana y que también cubrió desde Cuba la llegada de Obama- primero sin firmar. Stringer, el nombre con el que se conoce a los colaboradores puntuales de una agencia o medio que cobran por pieza, era lo único que podía leerse bajo la instantánea.

Pronto medios de todo el mundo empezaron a difundir la imagen, y Reuters actualizó los datos añadiendo una firma: Alberto Reyes. ¿Quién es Reyes? El seudónimo del fotógrafo cubano Yander Zamora. Aunque ya había colaborado en otras ocasiones con la agencia Reuters usando ese nombre para evitar problemas con el periódico Granma para el que trabaja, esta vez decidió dar la cara, según nos cuenta él mismo.


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Feb 262016
 

Caja cerillas

“Hace muchos años, más de mil, en mi Tarifa natal, un niño quiso fotografiar el viento con una caja de cerillas…” Tanto filósofo, ensayista y vende humos llenando páginas y auditorios para intentar explicar qué es la fotografía, y resulta que no era tan complicado.

Joan Guerrero lo explica en este documental que hace ya casi dos años presentó David Airob y que desde hace unos días puede verse on-line y de forma gratuita. Un recorrido por su vida y su trabajo que, en realidad, es un excelente retrato del oficio de fotógrafo que puede verse aquí.

Así que quienes todavía no lo hayan visto o los que quieran volver a verlo, que vayan reservando 50 minutos de este fin de semana o cuando sea porque merece mucho la pena.

Jan 272016
 

“Tenemos la obligación como seres humanos de acoger a esta gente. Si no lo hacemos, morimos como sociedad y como personas”, apuntaba el fotógrafo Sergi Cámara a propósito de su trabajo sobre los refugiados que cada día llegan a la isla griega de Lesbos.

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© Sergi Cámara

Hay quienes recelan de los fotógrafos dispuestos a cambiar el mundo y tal vez prefieran los retratos millonarios de patatas o los discursos posfotográficos. Pero para los que creemos que la fotografía solo tiene sentido cuando cuenta una historia, proyectos cómo este y el discurso que hay detrás son los que dan sentido a todo este mundillo.

Pero ocurre a veces que estamos tan ocupados con los JPEG, los megapíxeles, el ruido y los rumores sobre la próxima cámara que no podremos comprarnos, que parece que se nos olvida que todos esos carísimos trastos sirven para –oh, sorpresa- hacer fotos.

Igual por eso nos sorprende tanto que un reportero que está a pie de actualidad se vaya con una sencilla compacta a trabajar. Y que tenga el valor de usar uno de esos filtros que llevan todas las cámaras y que los profesionales de verdad –ya saben, los que trabajan siempre en manual, miden la luz a ojo y desayunan café con Kodachrome- jamás utilizarían.

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Dec 022015
 

WorldPressPhoto-eticaDespués de 60 años dejando todo en manos de la fe, en la fundación World Press Photo han decidido que lo mejor será apuntar a los fotógrafos a clases de ética. O como se diría ahora: educación para la ciudadanía fotográfica.

Cerrar los ojos, mirar al cielo y rezar para que esta vez no haya polémica porque a alguien se le va la mano con Photoshop ha demostrado ser insuficiente, así que, siguiendo con la metáfora divina, los organizadores del certamen de fotoperiodismo más prestigioso del mundo han optado por poner sobre la mesa sus nuevas tablas de la ley.

Y entra todo para examen, parecía querer decir Lars Boering, presidente de la fundación, como ese profesor al que llevan tiempo tomándole el pelo y decide dar un golpe en la pizarra y ponerse serio. Y es fácil de entender, porque no es que muchos se la hayan intentado colar en las últimas ediciones, es que hasta en Visa pour l’Image se han puesto chulitos. Justo antes de quedar ellos en evidencia, por cierto.

Un auténtico culebrón al que los seis mandamientos del World Press Photo pretenden poner fin. No retocarás por encima de tus posibilidades, no descontextualizarás, no desearás cambiar el color de las cosas, honrarás la realidad de los píxeles. Lo cierto es que, tras leer la normativa y repasar las reglas con todos sus matices y ejemplos, solo se puede llegar a una conclusión: pues claro.

Y es que todo eso ya lo sabíamos. Es verdad que ahora queda algo –solo algo- más claro y que quienes se salten las normas que por otro lado imponen la lógica y el sentido común de la profesión tendrán menos excusas. Pero más allá de eso, cuesta imaginar a un reportero leyendo esta normativa y echándose las manos a la cabeza al descubrir que hasta ahora todo lo había hecho mal. Y sin querer.

Pero dejando a un lado saturaciones, viñeteos y retoques artísticos, siempre se echa de menos en este tipo de discursos sobre la integridad de la profesión un recordatorio sobre esa falacia de la objetividad. Una instantánea no deja de ser objetiva porque se reencuadre más o menos por un pequeño detalle: la fotografía nunca es objetiva.

Se les puede y debe pedir a quienes empuñan la cámara o el teclado veracidad, honestidad y contexto, pero nunca objetividad. Elegir un determinado objetivo, un encuadre que deja fuera cosas e incluye otras o un diafragma que decide si el fondo merece ser visto o que sea solo algo difuminado son decisiones que conforman una imagen final de las muchas imágenes posibles.

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Nov 232015
 

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Reuters no quiere imágenes en RAW. Ha sido una de las noticias más comentadas de la pasada semana y más de uno todavía está (estamos) intentando comprender las explicaciones dadas por esta agencia de noticias que ahora pide a sus fotógrafos que dejen de jugar con Lightroom y envíen las imágenes JPEG directas de la cámara.

La parte de la agilidad y tamaño de los archivos está clara. Muchas fotos, muchos RAW y demasiados megas para gestionar sobre todo en noticias de actualidad que tienen que salir ya mismo en las líneas de los clientes de la agencia y en cuestión de minutos en las webs de medio mundo.

Lo que ya no está tan claro es la relación que Reuters hace entre el tipo de archivo y la edición de las imágenes. La historia no es nueva, y casos como el de aquella instantánea ganadora del World Press Photo en 2013 pusieron de manifiesto que los límites a la hora de editar una foto no están nada claro en el ámbito del fotoperiodismo. Vaya, que echarle la culpa al RAW se ha convertido en un clásico en estos últimos años.

Pero salvo que haya algo que no sepamos o se nos escape, cuesta entender por qué un JPEG directo de la cámara es mejor para proteger la integridad de las imágenes y los excesos con el contraste, la saturación o eso de oscurecer las esquinas, que siempre queda muy dramático y bonito. Porque la agencia habla de un “procesamiento mínimo”, con lo cual da por hecho que las fotos seguirán pasando por el ordenador antes de llegar a sus servidores.

Cabe suponer que en una agencia de este nivel hay gente que sabrá mucho de la parte técnica del asunto, pero da la sensación de que a alguien se le ha olvidado que también los JPEG se pueden pasar por el Lightroom de turno y, con más o menos margen y calidad, conseguir resultados parecidos a los de un RAW.

Por no hablar de algo que, por lo visto, suele obviarse cada vez que este debate -un poco cansino, cierto- se pone sobre la mesa: la edición de las imágenes no es invento nuevo de la era digital. Y no hablamos de manipulación con Trotsky desapareciendo de los selfies con Lenin (Stalin no tenía Photoshop y mira) sino del señor Ansel Adams haciendo auténticas proezas en el laboratorio a la hora de conseguir esas copias espectaculares.

O esa archiconocida foto de ahí arriba: James Dean retratado por Dennis Stock. Parece que no hizo falta RAW para conseguir una copia en la que hay un laborioso trabajo de edición. ¿Si es en el cuarto oscuro y haciendo reservas con un cartoncillo vale pero si hay un ratón y una pantalla es trampa?

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Jun 292015
 

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En un sector de egos tan desarrollados como el fotográfico, no es ningún secreto que la figura de Jean-François Leroy, fundador y director del festival Visa pour l’Image, brilla con luz propia. Adicto a las declaraciones polémicas y últimamente a las críticas sin paliativos al certamen World Press Photo, esta vez el festival de Perpiñán se ha convertido en el centro de la actualidad fotográfica por culpa de la exposición estrella durante la última edición: “Los del norte.”

Dejando a un lado las ganas que (por lo visto) algunos tenían de pillar a Leroy en fuera de juego y pagarle con su misma moneda (él mismo se ha defendido asegurando que no entiende el origen de tanta rabia), lo cierto es que la investigación realizada por los reporteros daneses Helle Maj y Jorn Stjerneklar y publicada en el blog de su agencia Mayday Press ha puesto en jaque la credibilidad de Visa pour l’Image y en estos últimos días ha copado muchos titulares, sobre todo en la prensa gala.

Pero más allá del escándalo en torno a los retoques sufridos por estas imágenes de gran valor histórico y documental (no olvidemos que esto no es fotografía de moda), la búsqueda del autor de la manipulación llevó a estos dos reporteros a dar con otro dato: la exposición presentada por Visa pour l’Image como inédita en realidad parece estar basada en un trabajo realizado hace más de diez años.

Parece o lo está, porque la presunción de inocencia en este caso se diluye al ver una portada de National Geographic en 2002 en la que los reconocidos fotógrafos Doug Niven y Tim Page presentaban el fruto de varios años de trabajo para recopilar las fotografías de la guerra de Vietnam tomadas por el bando comunista.


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May 252015
 
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Fotografía de David S. Bustamente

Se llama Usue y la furiosa mirada que le dedicó hace unos días a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y que retrató David S. Bustamante para El Mundo se ha convertido en la imagen de esta pasada campaña electoral para las elecciones municipales. La instantánea no tardó en arrasar en las redes sociales y protagonizar decenas de memes en los que la mirada justiciera de la pequeña ponía un poco de orden. No es para menos teniendo en cuenta que esta niña se ha convertido en la heroína de todos aquellos que también nos gustaría tener a Soraya y compañía delante para comentarles un par de cosas.

“Vino una señora y me quitó la lupa”, explicaba Usue a su madre. “Me quitó la lupa, mamá, sin pedirme permiso ni nada…”, insistía –según cuenta El Mundo– sin saber que en esa frase se resume perfectamente el sentimiento de muchas personas hacia el gobierno y sus políticas.

Foto Niña SorayaAunque Usue y su familia viven en El Astillero -un pueblo a unos 10 kilómetros de Santander- además del nombre en euskera de la pequeña, en otra crónica se explica que sus padres son de izquierdas y que además la niña se sabe la canción del Olentzero. Por suerte, tiene sólo 3 años y de momento los de La Razón se están cortando un poco antes de sacar una portada en la que aseguren que Usue es de la ETA, Podemos y Venezuela o algo así.

Tal vez lo hagan si los resultados de las elecciones -escribo esto en domingo, con el morbo de no saber todavía lo que han dicho las urnas- no cuadran con lo que ellos esperan y sí con lo que muchos deseamos. Igual la mala hostia de Usue ha servido para que más de uno se lo piense mejor antes de elegir a los que mandarán en su ayuntamiento durante los próximos cuatro años. Mucha responsabilidad para una niña, es cierto.

El caso es que el jefe de fotografía de El Mundo en su edición de Cantabria estaba por allí. Es una cuestión de suerte, dirán algunos. Y algo de suerte siempre hay en una gran foto. Pero además de suerte, hay que estar allí, tener la cámara lista -una Canon EOS-1D, por lo visto- ver la foto, enfocar bien a las protagonistas, y disparar.

Y seguir disparando en ráfaga porque ves que de ahí puede salir algo. Y una vez la tienes saber que es “la foto”, y reservarla como hizo para darle el protagonismo que se merece en lugar de sacarla junto a la galería general del evento. Hacer, a fin de cuentas, lo que hacen los fotógrafos y que tiene poco que ver con sacar una foto y que suene la flauta.

Es verdad que en estos tiempos la caducidad de las fotos y las noticias es muy alta y posiblemente dentro de un par de días ya estemos con otros temas y apenas nos acordemos de esta imagen. Pero seguro que Usue -a la que por lo visto no le gusta que le hagan fotos- se acordará siempre, aunque no sé si le hará mucha gracia que la conozcamos como “la niña de Soraya”.

En cualquier caso, puede que volvemos a verla -ojalá- cuando haya que repasar las mejores instantáneas de este año. Sin duda lo merece, porque si una buena foto es aquella capaz de contar y explicar muchas cosas ésta lo es. Y es que en esa mirada está concentrada la rabia de, por lo menos, medio país.

May 212015
 

ElPais-Esperanza

A la lista tradicional de cosas infinitas (el Universo y la estupidez humana) habría que sumar una tercera: la capacidad de El País para dar cada día un poco más de vergüenza ajena. Y el último capítulo de este descenso a los infiernos del periodismo del que un día presumía de ser el diario de referencia en España es la portada de ayer miércoles.

Concretamente la foto. O, mejor dicho, el encuadre elegido para la imagen de portada, y que muchos han interpretado como una burda manipulación para intentar lanzar (otro) dardo envenenado a Podemos y su candidata a la alcaldía de Madrid.

La idea es muy sencilla: la foto de portada parece querer dar a entender -así al menos lo han entendido muchos- que Manuela Carmena niega el saludo a Esperanza Aguirre. En otra fotografía con un plano más abierto se ve que en realidad la lideresa que aparca como quiere está dirigiéndose a otro de los candidatos que participaba en el debate de televisión.

Pensar a estas alturas en despistes, detalles fortuitos o argumentos del tipo “es que no tenía una imagen mejor” sería de una inocencia imperdonable. La línea editorial de El País en los últimos años es bastante clara y su posición hacia el partido que lidera Pablo Iglesias es de sobra conocida. Así que, sin duda, detrás de esta portada hay la misma intencionalidad que la de El Mundo del otro día. Aunque un poco más sutil y elegante, claro, que estamos ante los editores de Icon y algo de glamour se les habrá pegado.

En todo caso aprovechemos la penúltima de los chicos de PRISA pare recordar eso de la importancia del encuadre, tanto al hacer la foto como a la hora de recortarla después. Porque vaya usted a saber si la foto firmada por Carlos Rosillo era así o fue el editor el que metió tijera para ajustarla. A la portada y a la idea que se quería vender.

Y es que, por seguir con la cansina lección de periodismo, hay que tener siempre presente que lo de la objetividad de las fotos es un cuento casi tan grande como las promesas electorales de algunos. Hacer una foto es elegir -encuadre, óptica, momento del disparo…- y como toda elección está sujeta a la subjetividad del que dispara, del que edita y del que luego decide sacarlo o no en portada.

No es que las fotos mientan. Es que las fotos cuentan una versión de lo que ocurre. En este caso, la versión de El País. Que tenga o no algo que ver con la realidad, ya tal.

May 062015
 

devin_allen_5Se llama Devin Allen y es el autor de la fotografía que ilustra una de las portadas más comentadas de la revista Time en los últimos tiempos. Una imagen llamada a ser posiblemente el icono de lo que durante estos días está ocurriendo en Baltimore a raíz de la muerte de un joven afroamericano a manos -supuestamente- de la policía, con las posteriores protestas y disturbios raciales.

Con 26 años y aficionado a la fotografía desde que en 2013 tuvo su primera cámara, según explica él mismo en una entrevista en Time Lightbox, le gustaría dedicarse de forma profesional a ello. Apasionado de la fotografía callejera y a compartir sus fotos en Instagram, Allen ha retratado a pie de calle las protestas de estos últimos días.

Vive en el oeste de Baltimore –la zona más conflictiva-, es negro y conoce y entiende perfectamente la frustración y la rabia de la gente, explica. Como suelen decir los buenos profesores, nada como conocer lo que se fotografía para ser capaz de retratarlo bien. Pese a ello, el joven reportero tenía claro –aclara a Time- que quería retratar lo bueno, pero también lo malo y lo feo de las protestas. “Voy a contar exactamente lo que ocurre”, apuntaba.

Sus fotos eran ya virales antes de llegar a la última portada de Time. Cadenas de televisión como la BBC y la CNN las habían publicado, pero posiblemente la cantante Rihanna también tuvo mucho que ver con la popularidad de sus imágenes al incluir una de ellas en su cuenta de Instagram, con casi 18 millones de seguidores. Así son ahora las nuevas audiencias y ritmos de la información. Curiosamente un vistazo a la cuenta de la cantante revela que la imagen de un policía negro con los ojos llorosos tiene muchos menos likes que cualquiera en las que aparece ella posando.

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Mar 182015
 

La gente en Internet no lee, mira las fotos. No es una apreciación del Capitán Obvio ni el típico comentario pedante para dejar claro que solo yo me leo las entrevistas de Jot Down hasta el final y dos veces mientras el resto veis “¿Quién quiere casarse con mi hijo?” en Cuatro.

Por lo visto es algo que se da por hecho entre los expertos en la cosa esa de las audiencias en la red: los SEO, los SEM y todas esas seudociencias que acabaron con los titulares que no consideren al lector un pobre incauto dispuesto a tragarse cualquier mierda si después “ocurrió algo increíble”.

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Las fotos ganadoras en las cuatro últimas ediciones de los premios World Press Photo. El cambio de las dos últimas ediciones respecto a las anteriores parece evidente. Fotografías de Samuel Aranda, Paul Hansen, John Stanmeyer y Mads Nissen.

 

En la ONU parecen compartir esta teoría y la manida idea de que una imagen vale más que mil palabras. O que mil noticias o mil informes sobre tal o cual guerra. Por eso han decidido colocar una exposición de fotografías en su sede central en Nueva York que recoge imágenes de miles de torturados y asesinados en Siria durante los últimos años.

Una colección de imágenes extremadamente duras y rodeadas de todo tipo de advertencias sobre su crudeza que, no obstante, están allí para que sean vistas por los trabajadores de este organismo internacional. El objetivo de esta descarnada exposición de 30 fotografías es claro: “Recordar a los trabajadores de la ONU que no pueden mirar hacia otro lado”, explican sus organizadores a The Guardian.

La historia de las imágenes daría para una película de espías si no fuera porque es la triste realidad. Un desertor sirio –ahora testigo protegido y conocido como Caesar- salió del país con decenas de miles de imágenes que recogen los crímenes del régimen. Desde 2011 hasta 2013 su trabajo fue uno de los más horribles que cabe imaginar: fotografiar los cadáveres en las prisiones sirias.

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Feb 252015
 

Los mejores trabajos de fotoperiodismo del último año y la inevitable polémica sobre la edición y manipulación de las imágenes. Ese es el menú que cada año llega con la publicación de lalista de ganadores del World Press Photo, uno de los certámenes más reconocidos y prestigiosos dentro de esta especialidad.

La buena noticia es que este debate en torno a los límites de la edición ha desplazado a un segundo plano aquel otro tan cansino sobre la legitimidad moral de la fotografía de guerra o las instantáneas más crudas. La mala noticia es que hemos llegado a un punto en que parece preocuparnos más si al autor se le ha ido la mano con el Lightroom que la historia que cuenta esa fotografía.

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Messi comprobando si el trofeo ha sido editado con Photoshop. Foto de Bao Tailiang ganadora del primer puesto en la categoría de deporte.

No es nada nuevo, pero este año los organizadores del World Press Photo han dado la voz de alarma: un 20% de las fotos que aspiraban a llevarse algún premio fueron descalificadas por este asunto. En algunos casos –explicaba el máximo responsable de la fundación que organiza los premios-, por eliminar elementos de la escena. En otros, por exceso de retoque hasta el punto de alterar el contexto original.

Las normas son claras, repiten desde hace años. Pero lo cierto es que no por repetir lo mismo muchas veces se consigue que la idea cale o que el concepto sea más claro. Y es que eso de “las normas y usos habituales de la profesión” que se suele citar para delimitar los límites del retoque es algo suficientemente indefinido como para que cada año toque hablar de lo mismo.

Es verdad que algo ha cambiado en las últimas ediciones. Ahora hablamos de descalificaciones de candidatos, pero hace no mucho los problemas con fotos que figuraban entre los premiados eran parte del ritual de cada año cuando se anunciaban los ganadores. Algo que nos lleva a preguntarnos si desde World Press Photo no se habrán endurecido las normas y los criterios para evitar este tipo de polémicas. Ante la duda, fuera.

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Feb 032014
 

Su Nikon le salvó la vida, parando la bala que iba hacia él. Cuesta imaginar una anécdota -todavía conserva la cámara con el agujero, recuerda- capaz de condensar mejor la trayectoria de uno de los fotógrafos de guerra más reconocidos de las últimas décadas. Don McCullin tiene en su curriculum una trayectoria de 50 años y sus imágenes de de Vietnam o, más recientemente, de las crisis humanitarias en África son ya parte de la historia del fotoperiodismo. Él ha firmado algunas de las instantáneas más reconocidas del siglo XX.

Tal vez por eso ha sorprendido tanto esta pequeña entrevista publicada recientemente y en la que en poco más de tres minutos McCullin pone patas arriba esa idea del fotoperiodismo como un medio para agitar conciencias y denunciar injusticias. Algo que, por cierto, ya había insinuado antes pero que ahora resume con especial dureza.

“He malgastando la mayoría de los últimos 50 años de mi vida fotografiando guerras”, apunta este reportero mientras nos revolvemos incómodos ante la pantalla. Pero no se trata sólo de rechazar la cansina estética del fotógrafo intrépido y aventurero, sino que McCullin va más allá. “¿Qué bien he hecho mostrando todas esas imágenes de sufrimiento?”, se pregunta en voz alta.

Dedicado desde hace años a la fotografía de paisaje, el fotógrafo británico reconoce buscar en este tipo de imágenes una forma de compensar sus años retratando el dolor. No quiere ser recordado -pide en este vídeo que lleva días dando mucho que hablar- como un fotógrafo de guerra. “Odio ese título”.

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Aug 192013
 

54 ediciones de World Press Photo y en la larga lista de premiados sólo 4 mujeres. ¿Discriminación o casualidad? A partir de estos datos y la consiguiente pregunta Cristina Algarra -periodista de 21 años- aborda en el documental “En tierra de hombres, mujeres fotoperiodistas” el papel de las mujeres dentro de una profesión que -al menos hasta ahora, porque las facultades y escuelas de fotografía están llenas de mujeres- siempre ha sido mayoritariamente de hombres.

Apenas hay estudios sobre el tema, comenta Algarra para presentar su trabajo. Por eso, nada mejor que dar la voz a las reporteras Cèlia Atset, Sandra Balsells, Roser Vilallonga, Conxi Molons, Lourdes Segade, Joana Biarnés, Anna Turbau  y Patricia Esteve para que ellas mismas narren sus vivencias profesionales  y aporten algo de luz sobre eso del fotoperiodismo femenino.

Suponiendo, claro, que pueda decirse que exista un fotoperiodismo de hombres y otro de mujeres -ya existe un premio a esta categoría- más allá de la lógica discriminación positiva y apoyo a un colectivo profesional que sigue siendo minoritario.

Realizado en el marco de los cursos impartidos por la asociación DateCuenta, el documental combina declaraciones en catalán y castellano.

Jul 102013
 

PielFotoOcurre a veces con los proyectos más interesantes: la línea entre la valentía y la locura es tan fina que cuesta distinguirla. Es el caso de PIEL de FOTO, una revista en papel, gratuita y dedicada a la fotografía documental de autores emergentes. Una genial locura bajo el lema “Del negativo sale el positivo” que cumple ahora cuatro años y prepara el lanzamiento de su número 15 proponiendo nuevas formas de suscripción y apoyo para los valientes que se sumen a esta aventura. De todo ello hablamos con los impulsores de la revista, que contestan coralmente a nuestras preguntas por correo electrónico.

Una revista en papel dedicada a la fotografía documental y a fotógrafos emergentes. Hay que ser muy valientes o estar muy locos para lanzarse a algo así y conseguir salir adelante tras cuatro años.

Probablemente locos, desde luego. Desde nuestros comienzos a través del apoyo recibido y la empatía que despertó el proyecto, vimos que PIEL de FOTO es un medio necesario. Obviamente, el contexto del punto de partida en 2009 es muy diferente del actual. Lo importante es potenciar y mezclar los distintos medios a nuestra disposición para seguir desarrollando y perfilando nuestro sueño y trabajo.

 ¿Por qué en papel?

Desde PIEL de FOTO defendemos no sólo la difusión de la fotografía documental de los fotógrafos emergentes, sino que reivindicamos el espacio que muchos reportajes no encuentran en los medios de comunicación tradicionales. Muchas veces, dichos reportajes desaparecen entre publicidades y masas de texto. En PIEL de FOTO las imágenes e historias cobran vida por sí mismas, son la esencia de la narrativa visual y además forman parte de la experiencia de palpar las imágenes para que no se pierdan en el mundo virtual.

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Jun 282013
 

OjoPez

El periodista nunca debe ser el protagonista de la historia, advierte Ramón Lobo. No parece un aviso menor teniendo en cuenta que durante tres días reporteros y fotógrafos se dan cita en Barcelona para hablar de fotografía documental, de periodismo, de la profesión e inevitablemente también de ellos mismos en el OjodePez Photo Meeting 2013.

Las imágenes que vais a ver provocan dolor, alerta Jamen Nachtwey antes de comenzar su charla. Pero ese dolor es infinitamente menor al de quienes aparecen en las fotografías, remacha. Tampoco parece una advertencia que deba ser ignorada viniendo de uno de los mayores exponentes del fotoperiodismo durante las últimas décadas y testigo como pocos del horror y la guerra.

Pero pese a las alertas sobre el riesgo de acabar mirándose el ombligo que siempre se producen en los encuentros profesionales y sobre la crudeza de las imágenes de una cita que se presenta con el título de “¡Es la guerra!”, el encuentro que organizan La Fábrica y La Virreina Centre de la Imatge está revalidando su categoría de cita anual indiscutible con la fotografía documental.

El panel de ponentes es realmente espectacular: Samuel Aranda, Gervasio Sánchez, Ramón Lobo, Bernat Armangué, Ángela Rodicio… y el mismísimo Nachtwey. Uno de los asistentes nos confiesa que ha venido desde Madrid sólo para escucharle, y a falta de un Robert Capa vivo para poder contárselo dentro de unos años a sus hijos.

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Jun 272013
 

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“Las fotografías que vais a ver provocan dolor, pero un dolor infinitamente más pequeño que el de las víctimas que aparecen en ellas”, avisaba James Nachtwey -uno de los fotoperiodistas más reconocidos de las últimas décadas- antes de comenzar su charla ayer mismo en OjodePez Photo Meeting Barcelona’13.

Pese al dolor o precisamente para intentar comprenderlo y no quedarse sólo con una sucesión de instantáneas muy duras, merece la penar ver -o volver a ver- War Photographer, el documental centrado en el trabajo de este reportero. Un buen antídoto para quienes estén perdiendo la fe en esta profesión.

Jun 052013
 

¿Para qué sirve un Premio Pulitzer? Si se lo preguntan ahora a John H. White -reconocido con este galardón en 1982- podría responder que para ser despedido 30 años después. Él es uno de los reporteros que formaban parte de la plantilla de fotógrafos de el diario Chicago Sun-Times y que han ido a la calle.

A Algún directivo de esos que hace periodismo desde el despacho y jugando a la bolsa  se le ha ocurrido que ya no hacen falta fotógrafos. Un iPhone en manos de cada redactor será más que suficiente. La historia suena familiar: se parece a aquello que contaba Fontcuberta en su manifiesto postfotográfico sobre un periódico de Hong Kong que había despedido a todos sus fotógrafos y había entregado cámaras a repartidores de pizza. En aquel caso no quedaba del todo claro si era cierto o una simple parábola de este visionario, pero lo de Chicago es la triste realidad.

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May 222013
 

Todavía no está muy claro si será uno de esos inventos que cambiará nuestras vidas y costumbres tecnológicas o simplemente un nuevo “hype” que no tardará en deshincharse, pero por ahora las gafas de Google se han convertido en uno de los temas de moda del momento.

No saldrán a la venta hasta el próximo año, pero al otro lado del Atlántico ya empiezan a verse. De hecho estos últimos días Google ha celebrado su conferencia de desarrolladores, y por lo visto si no llevabas unas puestas no eras nadie en San Francisco.

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Más allá de su cuestionable estética -espero que saquen un versión “gafapasta” para nosotros, los modernos-, ya hay quienes se preguntan qué sentido tiene llevar una pequeña pantalla todo el santo día al lado del ojo. ¿Realidad aumentada? Anda por ahí.

Aunque puede que razón no les falte, tampoco perdamos la perspectiva: hace no muchos años tampoco le veíamos mucha utilidad a eso de un móvil, y lo de estar siempre conectados sonaba a locura. Que igual también, pero ése es otro tema.

En cualquier caso, las Google Glass tienen también una evidente relación con el mundo de la imagen y la fotografía. Y es que como ya hemos podido ver en algún vídeo demostrativo, un “OK Glass, take a picture” será suficiente para que la cámara incorporada en este dispositivo obedezca y saque una foto.

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May 152013
 
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© Paul Hansen (Dagens Nyheter)

“El problema son los niños muertos, no los fotógrafos” Una frase que Gervasio Sánchez utilizó hace ya tiempo para zanjar la cansina discusión sobre la moralidad de publicar cierto tipo de imágenes o sobre la ética de los reporteros que trabajan en zonas de conflictos.

Una respuesta que vista la penúltima polémica -casi un culebrón por capítulos- sobre la foto elegida por los premios World Press Photo como la mejor instantánea del año tal vez deberíamos tatuarnos para tener siempre a mano.

Que sí, que manipular fotografías es inadmisible en la práctica del fotoperiodismo. No sólo por la alteración de la realidad más allá de -nunca lo olvidemos- la propia subjetividad de cada mirada y cada encuadre, sino por el flaco favor que le hace a la credibilidad de la profesión.

Que no. Que no todo vale para tener una imagen a la altura de un titular impactante. Si la foto y la historia es buena seguro que no pasa nada porque haya un poco menos de humo, un misil en lugar de tres o en el fondo algo que estropee la magnífica composición. Los límites son difusos pero están suficientemente claros: no poner ni quitar nada.

Pero hechos por vigésima vez los matices pertinentes, ¿de verdad queremos seguir hablando del maldito RAW de Paul Hansen en lugar de los dos niños sin vida que aparecen en su fotografía? Puede que sí. Igual es que somos tan cretinos como para sostener un encendido debate sobre la información XMP del JPEG de la foto o sobre la concordancia de las sombras en lugar de preguntarnos por el origen del puto misil que provocó esas muertes.

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May 062013
 

El periodista Ramón Lobo ha entrevistado para la revista Jot Down a Manu Bravo, fotóperiodista asturiano que recientemente ha sido galardonado -junto a otros compañeros de la agencia Associated Press- con el premio Pulitzer de fotografía.

Una de esas charlas imprescindibles para conocer el trabajo de los reporteros en zonas de conflicto (Siria en este caso), su visión de la profesión, del sector y del futuro de los medios. Buenas preguntas de un veterano del oficio y respuestas sin medias tintas. Incluidas unas cuantas bofetadas bien dadas a los lectores y a todos esos listos que señalan al reportero como una especie de alimaña que vive a costa del sufrimiento ajeno en lugar de fijarse en lo que cuenta la fotografía.

Una de las fotografías por las que Manu Bravo ha obtenido, junto a otros cuatro fotógrafos de AP, el premio Pulitzer de este año. © Manu Bravo

© Manu Bravo / AP

Merece mucho la pena prepararse un café y dedicarle un buen rato a esta entrevista. Como prueba, cuatro notas sacadas de las respuestas de Manu Bravo:

“Si me preguntaran qué he hecho por ese chico y ese padre que han muerto… He hecho la foto y esa foto cuenta algo sobre lo que sucede. Si quieres cambiar tu forma de pensar, si quieres ir delante de la embajada de Siria a tirar cuatro piedras y decir que esto se tiene que parar, si quieres apretar a tu Gobierno para que a su vez apriete a la ONU para que por fin alguien haga algo… Hazlo, pero a mí no me vengas con rollos”

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Apr 012013
 

¿De qué sirve el periodismo de guerra? Ramón Lobo cita a Martha Gellhorn -periodista y una de las mujeres de Hemingway- para responder:  “yo tiro piedras sobre un estanque. No sé cual es su efecto, pero yo al menos tiro piedras”.

La utilidad de este tipo de periodismo es una de las preguntas que aborda Roberto Lozano Bruna en el documental “Los ojos de la guerra”.  Hay muchas más: ¿existe un perfil estándar del reportero de guerra? ¿Cómo ha cambiado la profesión y la llamada tribu en los últimos años? ¿Cómo trabajan?

David Beriain: “Decía Horacio Verbitsky que periodismo era contar aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda”

Javier Bauluz: “El buen periodismo sigue siendo lo mismo: contar lo que sucede, intetar verlo, oírlo, tocarlo, y contarlo”

La coincidencia de nombre con el libro que escribieron hace ya 10 años Manu Leguineche y Gervasio Sánchez no es casual. De hecho, el trabajo de Lozano bien podría considerarse una puesta al día de aquel ensayo sobre el reporterismo de guerra.

Estrenado en 2011, el documental se emitió hace unos días en La 2 de Televisión Española. Una ocasión estupenda para verlo -o volver a verlo- aprovechando que está disponible on-line en la web de la cadena.

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Feb 112013
 

“En España parece que el único reportero que ha habido ha sido Capa”, se queja uno de los nietos de los cuatro fotógrafos que protagonizan este reportaje. “Héroes sin armas”, dirigido por Marta Arribas y Ana Pérez de la Fuente, se estrenó hace ya casi tres años, pero el otro día el fotógrafo Bernat Armangué -que acaba de ganar un premio Picture of the Year y tiene muchos puntos para llevarse un World Press Photo por esta foto– lo rescataba del olvido en su cuenta de Twitter.

El trabajo recorre la obra de los cuatro precursores del fotoperiodismo en el país: Alfonso, Luis Marín, Pepe Campúa y José María Díaz Casariego. Fotógrafos que coincidieron en la revista Mundo Gráfico y que años después retratarían la guerra desde bandos enfrentados. Les une el olvido de su obra durante mucho años -siguen siendo bastante desconocidos, de hecho- y su papel en la historia de este oficio.

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Nov 072012
 

Es posible que muchos no se hayan enterado, pues ha sido una de esas noticias que han pasado prácticamente desapercibidas, casi tanto como lo del primogénito de Messi: un huracán ha azotado la costa este de Estados Unidos, Nueva York incluido. Los telediarios y periódicos le han dedicado algo de atención, pero todo con mucha mesura. Por supuesto.

En realidad también Cuba, Haití y otros países del Caribe han sufrido el paso de Sandy, pero donde esté una Quinta Avenida sin luz y una buena ola sacudiendo la Estatua de la Libertad, que se quiten esos pobres y sus cansinos desastres naturales.

El caso es que, como era de esperar, este suceso ha vuelto a ser fotografiado desde todos los ángulos posibles. Cualquiera desde casa ha podido seguir minuto a minuto a través de las diferentes redes sociales lo que estaba ocurriendo, qué barrio se había inundado, dónde no había electricidad o cuántos tiburones y de qué especie nadaban por las calles de Nueva Jersey convertidas en un lago.

Es lo que tiene el exceso de información, que alguien se tiene que tomar la molestia de cribar entre las imágenes que son ciertas y los montajes de turno. Seleccionar entre anécdotas y noticias también estaría bien, pero tampoco está la profesión periodística como para andar pidiendo milagros. Por ahora nos conformamos con el trabajo realizado por The Atlantic para señalar cuáles de las fotos que durante estos días han corrido como la pólvora por la red no son un mero trabajo de Photoshop en busca del minuto de gloria.

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Oct 312012
 

En realidad el periodismo no está en crisis, sino que goza de mejor salud que nunca gracias -entre otras cosas- a las nuevas posibilidades que ofrece Internet, el acceso a la información, la supuesta democratización de los sistemas de comunicación… Una teoría que viene a decir que lo que se está viviendo es una crisis laboral del sector periodístico y de los medios de comunicación, no del periodismo.

Pero, ¿es posible el periodismo sin periodistas? Según los capos de los grandes diarios es evidente que sí. Una opinión que, curiosamente, comparten esos gurús reinventores de una nueva forma de comunicación basada en gente con tanta pasión por lo suyo como para trabajar y escribir por cuatro duros. ¡Menos paga el Huffington Post, demagogo sindicalista!, te recordarán si osas criticar su chiringuito 2.0.

Pero, retomando el tema de la crisis y enfocándolo sobre el sector fotografico, ¿está en peligro el fotoperiodismo o simplemente lo está la profesión de fotoperiodista? El gran Gervasio Sánchez lo dejaba bastante claro hace unos días en Albarracín durante la duodécima edición del seminario sobre fotografía y periodismo que allí se celebra: “El mejor consejo que le puedo dar a alguien que se quiera dedicar a la fotografía es que se busque primero un trabajo asalariado que le permita vivir.”

Samuel Aranda, el último ganador del World Press Photo, ponía la puntilla: “En España hay una de las canteras más potentes del mundo […] pero la mayoría lo estamos haciendo para medios extranjeros, y la verdad, no tengo ninguna esperanza de que las cosas cambien a mejor.”

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Oct 222012
 

© Manuel Pérez Barriopedro

“… se está estudiando modificar la ley de Seguridad Ciudadana para prohibir “la captación, reproducción o tratamiento de imágenes, sonidos o datos de miembros de las fuerzas de seguridad en el ejercicio de sus funciones cuando puedan poner en peligro su vida o en riesgo la operación que están desarrollando” 

Algo así es lo que pidió hace unos días Ignacio Cosidó, director general de la Policia.  Porque, como todo el mundo sabe, la solución a los excesos de esos uniformados que sienten demasiada pasión por lo suyo -que dirían en Muchachada- pasa por quitar de en medio las cámaras. Sin imágenes no hay pruebas. Y sin pruebas la impunidad queda bastante menos fea.

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Jun 062012
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Fotografía y periodismo son dos campos abonados a los debates cansinos. Cabría pensar que se trata de una nueva moda ahora que hay tanto parado en el sector y sobra tiempo para hablar en lugar de darle al teclado o al obturador, pero en realidad es una tradición que viene de lejos.

¿Mejor digital o película? ¿Está muerto el fotoperiodismo? ¿Canon o Nikon? ¿Lo de Pedro J. es normal o tiene cura? ¿A los que roban fotos o plagian contenidos habría que colgarlos patas abajo o del derecho? ¿Quién es peor, Cebrián o Roures?

La lista de temas de debate es interminable, pero hay uno especialmente recurrente: los reportajes que incluyen fotografías de víctimas. Tomas especialmente duras que cuando incluyen a niños -como ha ocurrido en Siria durante la pasada semana- suben un peldaño en la escala del horror.

¿Deberían realizarse este tipo de imágenes o en todo caso publicarse? ¿Existe una frontera que jamás debería sobrepasarse al apretar el disparador? ¿Es información, un intento por golpear al lector y sacudir conciencias o simple morbo? ¿Nos hemos vuelto inmunes a este tipo de imágenes y se hace necesario elevar el listón cada vez un poco más?

Porque, si hablamos de fotoperiodismo, ¿la noticia prevalece sobre cualquier otro criterio? Todo un clásico que resurge -en realidad siempre está ahí- cada vez que un premio internacional de fotografía o un suceso puntual nos sirve en bandeja una buena ración de este tipo de instantáneas.

Ayer mismo el defensor del lector de El País analizaba esta cuestión ante las quejas recibidas por la publicación de una fotografía en el diario en la que aparecían los cadáveres de varios niños tras la citada matanza en Siria de más de un centenar de civiles. Entre las protestas de los lectores, y más allá de quienes cuestionan la necesidad, el interés o la utilidad de este tipo de imágenes, resulta interesante que alguien se pregunte si se usaría una fotografía similar para una noticia referida al llamado Primer Mundo.

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May 092012
 

Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

El vaso estaba medio lleno, la cerveza fría y la música se podía soportar. No está nada mal este garito, pensé ensayando mi mejor media sonrisa de tipo duro al ver que la camarera a duras penas podía contenerse para no saltar sobre mí desde el otro lado de la barra.

Supuse que era cosa de mi chaqueta de cuero marrón. O tal vez de la barba de tío moderno que había conseguido dejarme tras acostumbrarme durante un par de semanas al molesto picor. Aunque, pensándolo mejor, tal vez el truco era la cámara que había dejado apoyada sobre la barra. Una de esas réflex grandes y negras que llevan rotulado en Arial 16 un “sí, nena, soy fotógrafo”.

Una escenita de este tipo debió de imaginar el bueno de Jaume Balagueró cuando se le ocurrió incluir en el anuncio que ha rodado para una conocida marca de cervezas (qué demonios: Voll-Damm; a ver si se animan y nos mandan una caja) a un fotógrafo en su lista de personajes intrépidos. De esos que saben vivir la vida al límite, jugárselo todo cada noche y acabar -por supuesto- seduciendo a una camarera mientras apuran la penúltima cerveza de la jornada.

“Puede que haga frío, puede que te hagas daño…”, avisa la voz en “off” del anuncio antes de recordarnos que, muchachos, sólo quienes se la juegan podrán llegar a ser lo que quieran. Y a molar, que de eso se trata en el fondo. Las opciones son ilimitadas, pero como propuestas rápidas los chicos de la cerveza apuestan por un boxeador, un jugador de rugby, un niñato en plan ejecutivo triunfador, una novia a la fuga, unos “snowboarders”, un tipo que salta en paracaídas desde lo alto de un edificio, un “perroflauta” de Greenpeace y -ahí vamos- un fotoperiodista de guerra.

En realidad la secuencia muestra a una fotógrafa, pero como comprenderán no iba a permitir que este tonto detalle me fastidiara el brillante párrafo inicial. Además, no es esto una cuestión de géneros. La idea se mantiene si en esa barra ponemos a una chica en vez de ese barbudo abofeteable. De hecho, ahora que lo pienso, la cosa mejora sustancialmente. Porque si lo del mito del tipo con cámara puede llegar a funcionar, lo de la erótica fotográfica de ellas es -si me lo permiten- incuestionable.

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Oct 102011
 

Es una de las acusaciones más recurrentes que se le hace a la fotografía de conflictos: la presencia de los medios influye en la realidad y sus protagonistas. Esa sería la versión light, porque muchos están convencidos de que algunos reporteros directamente fabrican las escenas a medida para darle un plus de dramatismo al tema.

Posiblemente se trate de una práctica aislada -listos, al fin y al cabo, los hay en todos los sectores- pero este vídeo realizado por el fotógrafo Ruben Salvadori (y rescatado por los siempre atentos chicos de Petapixel) obliga a hacerse unas cuantas preguntas al respecto.

Da igual que una escena muy similar hubiera ocurrido 10 minutos antes sin cámaras delante o que las fotografías estén reproduciendo -fuera de su contexto temporal- algo cotidiano. Justo lo que necesita la credibilidad del fotoperiodismo en estos tiempo en los que cualquier imagen es sospechosa de ser manipulada es que a falta de trincheras o chavales tirando piedras los reporteros organicen un teatrillo a medida.

Pero más allá de lo que dicta el sentido común, puestos a repartir responsabilidades posiblemente hay que ampliar el ángulo de visión. Salvadori propone incluir a los fotógrafos como parte de este interesante ensayo autocrítico. Pero, ¿por qué no ir un poco más alla?

¿No son las agencias las que “exigen” a los fotógrafos instantáneas cada vez más impactantes para poderles hacer un hueco? Tú mándame la fotos y no me cuentes tu vida o cómo la has conseguido es posiblemente una frase bastante repetida.

¿Y qué hay de nuestra responsabilidad como consumidores de información? Aparentemente sobreinformados y saturados de drama, parece que cada vez son necesarias imágenes más impactantes para conseguir recabar nuestra atención durante un par de segundos. “Calma en los territorios ocupados de Palestina” Ni puñetero caso. “Dramáticos enfrentamientos…” ¡Ah, mira qué fuerte!

(Por cierto, hablando de fotogrfía de conflictos, es más que recomendable echarle un vistazo a la conferencia que dio Alberto Arce hace ya algunos meses durante la tercera edición de La Caja Azul)

Jun 262011
 

Hace uno días The Guardian publicaba uno de esos artículos que debería ser de obligada lectura para quienes siempre tuercen el gesto al oir hablar de fotografía de conflictos y consideran que los reporteros de guerra son poco menos que buitres rodeados de muerte y dolor que sólo están por allí a la caza de una buena instantánea.

Ya saben, intrépidos aventureros, salvadores del mundo y todas esas chorradas que se suelen decir al hablar de la fotografía documental y el fotoperiodismo en zonas bélicas.

Curiosamente los mensajeros suelen ser el blanco de muchas críticas, en lugar de los medios y agencias que marcan en sus agendas informativas qué guerra está de moda esta temporada durante un par de semanas -enseguida nos cansamos de las malas noticias, y más si vienen de lejos y son cosas de pobres.-  y cuáles no merecen nuestra atención ni siquiera un día.

“La fotografía que casi me mata” (o the shot, el disparo, que parece más apropiado) recoge casi una veintena de instantáneas por las que sus autores se jugaron el tipo. A veces conscientes de lo que estaban haciendo, y otras en las que sólo vieron el peligro al revelar el carrete, ver la foto o analizar la situación a posteriori.

Merece la pena dedicarle un rato a leerlo con calma, pero a modo extracto explica Álvaro Ibarra Zavala sobre la fotografía de ahí arriba:

“Odio esta foto. Representa lo peor de los seres humanos […] Cuando vas a un conflicto siempre ves lo peor. Pero tenemos que verlo para poder mostrar a las futuras generaciones nuestras errores […] El chico con el cuchillo en la boca es uno más como el resto de nosotros. Lo importante es mostrar de lo que los seres humanos son capaces. El día que mis fotografías no consigan eso, lo dejaré y montaré un restaurante.”