Jul 312013
 
Foto_verano

Fundamental ir siempre cómodo a sacar fotos, como esta muchacha. Imagen sacada de una revista de esas de life style y modernos. En serio.

Hubo un tiempo en que íbamos de vacaciones y, de paso, nos traíamos de recuerdo alguna foto. Con un poco de suerte revelábamos el carrete (para los más jovenzuelos, eso vendría a ser como la tarjeta de memoria pero en plan químico) allá por noviembre, cuando por fin acabábamos las 36 fotos en algún cumpleaños otoñal.

En lugar de eso ahora nos vamos a sacar fotos, y si nos sobra algo de tiempo entre subirlas a Instagram, comentarlas en Twitter, compartirlas en Facebook y Google+ y hacer “check-in” en Foursquare, hacemos vacaciones.

Lo que no ha cambiado es el empeño de cualquiera con un teclado a mano de, llegadas estas fechas, bombardear al personal con veraniegos y refrescantes consejos sobre qué hacer y no hacer en este agosto que se asoma y en el que, quien más quien menos, echa la persiana y abre la sombrilla. Artículos de esos con títulos abofeteables (“Un verano de foto”, por ejemplo) y dignos de la revista Cuore o de ABC, por citar algunos grandes referentes del periodismo patrio.

Pero, ¿los consejos sobre fotografía no debería darlos alguien que sepa hacer fotos? Puede que así sea. Pero visto -leído, mejor dicho- que en este país y en este sector no haber tocado una cámara no es óbice para inventarse artículos sobre las mejores cámaras del verano, se me ha ocurrido que incluso un pésimo fotógrafo como yo también puede sacarse de la manga unas cuantas recomendaciones, obviedades y perogrulladas de andar por casa.

Primer concepto: no te pases con el material. A no ser que vayas de safari fotográfico, no hacen falta dos cuerpos, tres ópticas, trípode, reflectores y ocho flashes por si se tercia una sesión de “strobist” junto al chiringuito. Aunque en Ryanair estarán encantados de cobrarte por facturar todo eso -por aproximadamente lo mismo que te ha costado- y en el pueblo serás reconocido como el fotógrafo oficial, piénsalo bien.

Llevar mucho equipo o cámaras voluminosas implica tener que discutir con el tonto de turno (estos no descansan ni en verano) que soltará la frase típica de “con eso yo también hago buenas fotos”, y además te quedarás sin excusa a la vuelta, cuando las postales sean un churro y no puedas culpar a la cámara.

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