Dec 122011
 

Teniendo en cuenta lo despestrigiado que anda el tema de los premios y los productos del año, a estas alturas ya no aporta nada extender nuestro divino dedo de gurís y señalar cuál ha sido la mejor cámara de este 2011.

Además, ¿realmente existe “la cámara” del año? ¿Para quién? ¿Para qué? Desconfiar de las verdades absolutas y de los que tienen sólo una respuesta a ciertas preguntas es una buena filosofía para pasear por este sector -y por la mayoría, supongo- sin que nos tomen demasiado el pelo.

¿Cámara del año? Se me ocurren muchas, aunque no siguiendo los criterios imperantes a la hora de tomar este tipo de trascendentales decisiones: lo que digan unos gráficos que sólo leen e interesan al 0,1% de los fotógrafos o la pasta aportada por la compañía de turno.

En su lugar yo me quedaría, por ejemplo, con la Fuji Instax Mini 50s. ¿Por qué? Porque hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien sacando fotos y viendo la cara de sorpresa del personal al ver salir y revelarse la foto instantánea. O la Nikon J1 que llevaba colgada al cuello por Shanghai hace poco más de un mes y con la que incluso salió alguna foto decente.

O aquella Fuji X100 que conseguimos por vías poco ortodoxas allá por el mes de febrero. O la Leica M9-P que jamás podré tener. O la Panasonic GX1 con la que he pasado estas últimas semanas y que me tiene totalmente enganchado.

Pero algo me dice que la relación que uno pueda establecer con tal o cual cámara y las apasionantes historias en torno a ellas no es un tema de interés general. De hecho, ¿de verdad necesita el mundo sumar otro modelo más a esa interminable lista de cámaras del año? Lo suponía.

En lugar de eso, una propuesta mucho mejor. Tampoco sirve para nada, pero al menos es original. ¿Cuál será la cámara del próximo año? ¿La Nikon D800 que no acaba de llegar? ¿Una D400 que cuesta imaginar? ¿La Canon EOS-1DX o las nuevas EOS C de cine? ¿El sistema sin espejo de Fuji? ¿Las Sony de formato completo? ¿Alguna genial idea que se perfila en el horizonte pero que todavía no alcanzamos a imaginar?

Hagan sus apuestas. Yo me apunto a ese concepto que defiende casi en solitario la Fuji X100 y que le ha valido mucha atención durante el último año e incluso ha reflotado el nombre de la firma dentro del segmento profesional. ¿Y si alguna otra compañía se animará a hacer algo parecido durante el próximo año? Compacta, sensor grande, construcción de calidad y sentido común fotográfico. Es cierto que no es muy rentable, pero de vez en cuanto -y puestos a soñar- este sector necesita un poco de melancólica alegría.

Sep 282011
 

La magia de una fotografía instantánea y la reacción que provoca es una de esas cosas que a las cámaras digitales les costará mucho llegar a igualar. Suponiendo que puedan (o quieran) conseguirlo, claro.

Estas vacaciones he podido llevar una Fuji Instax Mini 50s a cuestas y puedo asegurar que de todas las que han pasado por mis manos -y mira que han pasado en estos últimos años- es la que más caras de sorpresa y fascinación ha conseguido despertar.

¿Una moda pasajera más? ¿Otro capítulo de la histeria retro que vivimos? Puede ser, pero teniendo en cuenta lo que cuesta  (entre 60 y 80 euros unos 80 euros la Instax Mini 7, el modelo anterior) y el precio y facilidad para encontrar el papel, creo que estamos ante uno de esos caprichos a los que es difícil resistirse si uno es aficionado a la fotografía.

Jul 262011
 

Después de pasarse el año trasteando con la mayoría de cámaras que aterrizan en el mercado cada verano se plantea la misma existencial, ¿qué llevarse de (mini)vacaciones?

Suele ser un buen momento para probar con algo más de calma  modelos que ya han pasado por nuestras manos durante unos cuantos días. Porque, por si alguien todavía lo dudaba, efectivamente todas las cámaras que probamos son devueltas sanas y salvas a sus respectivas compañías. Nos gustan más los sobornos en plan sutil y elegante: cheques en blanco, jamones pata negra, trajes importados directamente desde Valencia… en fin, lo típico.

Este ejercicio veraniego resulta además muy útil para acercarse más al punto de vista del usuario real. No es lo mismo salir a probar rangos dinámicos, ruidos y enfoques que covivir durante muchas horas en plan turista o viajero con una cámara.

Así que con los años  ya se ha convertido en tradición de la casa montar un pequeño kit para la escapada estival de turno: una cámara de ópticas intercamiables, otra más compacto, y un bicho raro para darle al tema un poco de alegría. El año pasado fueron la Canon EOS 7D, la Panasonic LX5 y una estenopeica de esas de montar uno mismo con cartón que resultó ser un auténtico fracaso (carrete mal colocado… una larga historia)

Este año se vienen de paseo la Nikon D5100 con el 18-200 mm (uno se vuelve un vago en vacaciones y nada como un zoom todoterreno de estos), la flamante Fuji X100 y, como estrella indiscutible, la Fujifilm Instax Mini 50s. No es una Polaroid dirán los más puristas de la cosa instantánea pero, sin duda, resulta mucho más cómoda de utilizar y las cargas de película son más fáciles de encontrar y notablemente más baratas.

Lo malo -además de tener que devolver todos los juguetes a la vuelta, claro- es que con un equipo así uno no puede culpar a la cámara de los malos resultados.