Mar 072012
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Somos bichos de costumbres, admitámoslo. Cada cual tiene sus rutinas, sus manías y una especie de calendario mental que, con mayor o menor intensidad, nos va marcando unas pautas que repetimos incansablemente.

Tampoco el sector fotográfico se escapa de estos ritos. Ni de los que preceden al lanzamiento de una cámara (rumores, filtraciones, especulaciones pasadas de rosca que luego acaban en nada y provocan cierta decepción…), ni de las historias que se repiten una vez que el trasto en cuestión es oficial.

Así que basta un poco de memoria o un rápido repaso a la hemeroteca para saber que todas las cámaras, sobre todo las más populares, padecen durante sus primeros meses de vida algún fallo que casi siempre está a punto de provocar una guerra mundial y que en la mayoría de los casos acaba por diluirse como por arte de magia.

Y teniendo en cuenta que el barullo que se organiza en torno al fallo en cuestión es directamente proporcional a la expectación que despierta la cámara (gran ecuación que me acabo de inventar), con la EOS 5D Mark IIIrecién salida del horno la gran pregunta es cuál será el fallo de esta cámara.

Ahora mismo estamos en plena temporada de los círculos blancos de la Fujifilm X10. Antes eran las manchas de aceite de la D7000, que en su momento también tuvo sus más y sus menos con unos puntos brillantes a la hora de grabar vídeos. Aunque si hablamos de vídeo, tampoco hay que remontarse demasiado para recordar los ruiditos que algunas unidades de la Sony NEX-5Nhacían al registrar secuencias.

La lista podría ser interminable. Y tampoco las predecesoras de esta Mark III se han librado de su buena ración de fallos con el consiguiente revuelo -y cierto histerismo- en foros y redes sociales. La EOS 5D Mark II vivió en su momento una apasionante aventura con unos puntos negros. Algo más grave fue el caso de algunas EOS 5D que iban dejándose el espejo por el camino.

¿Los culpables? Sin duda alguna las compañías, que se empeñan en lanzar al mercado productos que evidentemente no han sido suficientemente testeados. Eso convierte a los primeros compradores en una especie de probadores improvisados que no sólo soportan las listas de espera para ser los primeros en hacerse con una cámara, sino que van descubriendo y viviendo en directo los problemas que van surgiendo.

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Sep 072011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Es parte ineludible de la ceremonia de vuelta al cole repasar lo que ha ocurrido durante eso que antes se llamaba paréntesis estival. Y es que, como ya se habrán dado cuenta, en realidad los malos no descansan jamás, y en verano tampoco nos han dado tregua con sus copagos, sus recortes y sus Constituciones que -ahora sí- se reforman y alicatan hasta el techo en un pispás.

Pero ya me imagino que lo último que queremos escuchar un primer lunes de septiembre son los sórdidos detalles sobre el último sacrificio social realizado ante el altar del Mercado. El problema es que por el sector fotográfico las aguas también andan algo revueltas últimamente. De hecho, quienes hayan estado desconectados cierto tiempo y vuelvan hoy con ganas de ponerse al día puede que sufran una especie de colapso.

Porque, más allá de las decenas de nuevas compactas y el rollo habitual, se han sucedido unos cuantos movimientos que rozan el surrealismo y se asoman al abismo de lo inexplicable. Es como si al guionista de este segmento -que suponemos japonés, claro- se le hubiera ido la mano con el sake. Veamos.

Ya en pleno verano y con las sandalias de playa calzadas, Ricoh compraba Pentax. Un movimiento empresarial más, dirán los abonados al The Wall Street Journal. Puede ser, pero alguien me podría explicar qué lleva a una firma que no parece tener nada clara su propia hoja de ruta fotográfica y que antes de ayer cerrabasus oficinas europeas a comprar ahora una marca como Pentax.

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