Jun 082011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Hace una década la mejor forma de empezar un debate fotográfico era preguntando si las cámaras digitales habían superado ya en calidad a las de película. Se plantaba uno en clase con unas cuantas copias de gran formato, las dejaba encima de la mesa y a ver quién era el valiente que sabía distinguir cuáles provenían del mundo de los píxeles y cuáles del de la plata. En unos minutos, la bronca entre defensores de una y otra rama estaba asegurada.

Pretender hacer ahora lo mismo sería bastante absurdo, entre otras cosas porque afortunadamente aquella cansina discusión que daba más protagonismo al medio que al propio contenido parece felizmente superada. Ahora la pregunta crítica se centra más bien en si nuestros queridos rollos de película seguirán existiendo dentro de unos años o si están abocados a desaparecer, engullidos por la tecnología digital.

La inmensa mayoría de los que nos movemos en este mundillo fotográfico tenemos muy clara la respuesta: por supuesto que sobrevivirán, aseguramos con tono grave. Tal vez relegados a un papel anecdótico, como mera curiosidad histórica o capricho de artistas lomográficos y demás bichos raros. Pero sobrevivirán.

Claro que serán más difíciles de encontrar y más caros, admitimos, pero siempre habrá alguna tienda que reserve un hueco para almacenar unos cuantos rollos de negativos y “diapos” y que pueda revelarlos. O un mercado negro de químicos, si no queda otro remedio que hacerlo en casa, pensarán los más pesimistas.

El problema es que igual nos estamos dejando llevar por la nostalgia y nos falta una buena bofetada de realidad a base de cifras. Precisamente de eso se encarga un reciente artículo elaborado por The Associated Press que dibuja una situación bastante delicada para la fotografía química en el mercado estadounidense.

A principios de este siglo (hace una década ya… cómo pasa el tiempo) se vendían por aquellas tierras 1.000 millones de rollos de película al año. Ahora esa cifra ha caído en picado hasta poco más de 50 millones, sumando los carretes sueltos y las cámaras de un solo uso.

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