Sep 282015
 

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Lugares de no sé dónde a los que nunca te han llevado. Un clásico de los libros chorras que se regalan cuando no se sabe que comprar, la eterna promesa de blogs de viajes que aseguran ser capaces de descubrirte lo mejorcito de un lugar -aunque coincida con la Lonely Planet de turno- y, en general, un título llamativo para captar nuestra atención.

El caso es que a veces picamos y detrás resulta que hay una historia bastante curiosa. Hong Kong, agosto, 35 grados a la sombra y unas ganas terribles de huir un rato del asfalto. En realidad más allá de los rascacielos hay unas cuantas islas cerca con playas, pueblos de pescadores y toda la postal. Además, luce mucho eso de pegarse un baño en el mar del sur de China.

Pero eso lo puede hacer cualquier guiri con unas horas libres y dispuesto a dejarse acribillar por los mosquitos en la isla de Lamma, por ejemplo. Los auténticos viajeros queremos ir un poco más allá, así que tras leer una decena de artículos sobre las mejores playas de Hong Kong uno llega al bonus track: la piscina secreta más cool de la isla.

Y no es sólo que sea secreta y tenga un nombre de lo más resultón (Man Cheung Po) es que además está en medio de un paraje que, a la vista de las fotos, parece un maldito paraíso. Estamos hablando de una de esas piscinas infinitas que lucen mucho en Instagram y -atención- para llegar a ella hay que pegarse una caminata considerable y no especialmente bien señalizada. Es lo que tiene ser secreta. Ah, por cierto, en teoría el baño está prohibido porque es una reserva de agua, pero todo el mundo va y se baña, asegura el blog en cuestión.

Las instrucciones para llegar recuerdan bastante al mapa del tesoro de Los Goonies. Hay que llegar hasta el pueblo pesquero que está en un extremo de la isla de Lantau -la visita merece la pena, por cierto- allí coger el camino del puerto, atravesar unas casas, seguir caminando paralelos a la costa, doblar a la derecha, seguir hasta unas escaleras no señalizadas y empezar a subir. Y seguir subiendo. Ojo porque resulta que por allí anda una tal víbora de color verde fosfórito (green bamboo snake) que puede hacerte un briefing rápido sobre el sistema de emergencias chino.

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Pero vaya, que aquí hemos venido a jugar y a vivir una aventura. Cámara al cuello y con la camiseta empapada de sudor comienza el camino. Que a medio recorrido comiencen a aparecer carteles que recuerdan que el baño está prohibido te hace sospechar que igual la piscina natural esa no es tan secreta. Cuando los pequeños carteles se convierten en pancartas, la cosa empeora. Pero ya que has llegado hasta allí decides seguir caminando otro buen rato. Lo justo para comprobar que a alguien se le ha ocurrido que mejor que los carteles es poner un par de vigilantes para impedir que los imbéciles que llegamos hasta allí nos bañemos.

La mayoría, por cierto, con cara de bobos y de haber leído las mismas guías y blogs de viajes. ¿Puedo al menos refrescarme un poco en la cascada?, pregunto en una clara demostración de que no hay dignidad posible a más de 30 grados y después de caminar más de una hora. “No swimming, no swimmig“, responden ellos en un perfecto cantonés.

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Así que tras maldecir en mandarín todo el camino de vuelta, reflexionas sobre las cosas del turismo 2.0. Un lugar que sólo es posible encontrar porque se ha popularizado en Intenet  y que, curiosamente, pierde toda su gracia porque ahora va demasiada gente.

Internet mató la serindipia, podría ser el título de la canción. ¿Cuánto hace que no encontramos algo que no buscamos mientras caminamos sin rumbo, por simple curiosidad? Un bar, un nuevo restaurante, una tienda, un rincón sin reviews ni opiniones ni nada. Una película de la que no nos han hablado o una exposición no recomendada.

O una piscina secreta en medio de ninguna parte que dejó de ser secreta y ni siquiera era piscina, pienso en voz alta sin dejar de mirar de reojo a los bordes del camino. Sólo falta que aparezca la jodida víbora para rematar el día.

Sep 072015
 

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10 días no son nada para conocer un lugar. Al menos no uno como Hong Kong, tanto y tan bien fotografiado. Así que por descontado, estas 10 fotos elegidas entre centenares de ellas no pretenden ser nada más que una postal más de esta fascinante ciudad china.

Y es que a la vuelta de un viaje toca la peor parte. La peor después de tener que volver, se entiende. Editar todas esas fotos que hemos hecho “por asegurar” y que es muy posible que acaban en una carpeta en algún disco duro a la espera de que un día nos pongamos con ello. Que nos pondremos, pero claro como todavía están pendientes la de verano de 2012… Lo típico.

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Porque por mucho que nos propusiéramos hacer una primera limpieza en la pantalla de la cámara cada noche al llegar al hotel al final ya se sabe que la pereza, el sueño o la inseguridad -y si en la pantalla se ve mal pero luego es la foto del siglo… normalmente es al revés, y lo sabes- acabamos volviendo con 1.000 fotos de las que, en el mejor de los casos, salvaremos 20. Que tampoco está nada mal.

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Aug 172015
 

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Confieso que soy un desastre para las maletas. Los “y si…” me pueden y al final siempre acabo cargando mucho más de lo necesario. Algo que atenta directamente contra la primera normas de cualquier intrépido viajero capaz de sobrevivir 4 meses con lo que lleva en una minúscula mochila y lavar su ropa interior en un manantial secreto de Kuala Lumpur mientras charla con la gente de allí sobre lo divino y lo humano. Ya sabéis, viajar de verdad y no esa mierda que hacemos los domingueros.

Con los trastos fotográficos a veces pasa lo mismo. Mucho repartir consejos sobre ir ligero, apostar por ópticas fijas y cámaras que nos salven la papeleta sin condicionarnos el viaje y, al final, uno acaba cargado por encima de sus posibilidades. Es la suerte -y la desgracia- de dedicarse a esto y tener cierto margen a la hora de elegir los juguetes que quiere llevarse.

Y es que cuando las fechas cuadran uno no puede resistirse a la tentación de estrenar una de las cámaras más esperadas del año por todo lo alto: en Hong Kong. Mañana mismo salgo para allí unos cuantos días y, como además de comer habrá que sacar algunas fotos, se viene conmigo la recién llegada Sony A7R II.

¿Qué ópticas le ponemos? De entrada pensé sólo en el Zeiss 35 mm f1.4 pero en el último momento me acobardé y he hecho sitio también el polivalente 24-240 mm de Sony. Es verdad que no es el objetivo más lógico para una cámara y un sensor de este nivel, pero a veces los zoom todoterreno pueden ser muy útiles aunque ni por luminosidad ni por calidad sea la primera opción en la que pensemos. Que uno no va a Hong Kong todos los días, y hay que asegurar el tiro. Ya veremos si al final se queda en el hotel la mayoría de los días o lo de ir sólo con un 35 milímetros queda muy bonito sobre el papel pero luego en la práctica ya es más complicado.

Para completar el equipo y como invitada de última hora también hay que hacer hueco para la Canon PowerShor G3X. Desde el punto de vista meramente fotográfico y viajero puede sonar un poco absurdo porque en cierto modo y salvando mucho las distancias pisa el terreno de la A7R II y ese 24-240 milímetros. De hecho es muy posible que en otra condiciones o a un viaje menos exótico hubiera ido sólo con esta Canon -el año pasado estuve en Buenos Aires sólo con la Panasonic FZ1000, y tan feliz- pero aquí también cuenta lo de poder probar dos cámaras recién llegadas sobre el terreno y en un escenario poco habitual.

Por supuesto, también se viene la Canon Legria mini X para los vídeos que publicamos en La Gulateca. Sí, una cámara tipo GoPro sería más cómoda en muchos sentidos, pero para las grabaciones que hago el audio decente que ofrece esta cámara es básico. Y ya comentamos en su momento que no hay muchas opciones en el mercado si queremos andar sin un micrófono externo colgado.

Así que ahora sólo queda empaquetar todo esto en la Crumpler Proper Roady Half Photo -mitad espacio para las cámaras, mitad mochila normal- que también andamos probando. Y hacer la maleta, claro, que esto es sólo la bolsa de las cámaras. Lo peor de todo es que con un equipazo así hay poco margen para volver sin al menos unas cuantas fotos en condiciones. Veremos lo que sale.