Jul 062015
 

Instafame

Posiblemente hace ya muchos años de aquello, pero hubo un tiempo en que nos contaban que el éxito era fruto del trabajo bien hecho, la perseverancia, el esfuerzo y todas esas milongas. Después empezamos a sospechar que el apellido y vivir en algunos barrios también podía tener algo que ver, pero oye hicimos nuestros exámenes, estudiamos algunas noches, jugamos mucho al mus, soportamos trabajos basura -sí, también hubo un tiempo en que había trabajos que no eran basura- y nos creímos que buen periodista era el que escribía y contaba bien y buen fotógrafo el que hacía buenas fotos. ¿Y la fama? Eso es para los de la tele.

Pero toda esa mierda ya pasó a la historia. Y la verdad es que hacía tiempo que sospechaba algo al ver que las nuevas generaciones ya no se preguntan por el tipo de fotos que hacen, sino por el número de likes que tienen en Instagram o la cantidad de gente que le sigue en redes sociales.

“Si me regaláis una cámara la saco en mi Twitter”. Me cuentan que es una oferta que llega bastante a menudo al correo electrónico de los pacientes departamentos de comunicación de las marcas. Seguro que alguno pica, pero por suerte todavía queda algo de sentido común por ahí como para mandar a estos nuevos ídolos juveniles y sus trillones de seguidores y fans a paseo. A se posible con palabras de menos de tres sílabas, para que no se líen.

La fama o el éxito ya no son -si es que alguna vez lo fueron- fruto del trabajo. Eso, como contratar a periodistas, pagar sueldos dignos o hacer coberturas en condiciones de la actualidad política e internacional ya no se lleva. Para qué si una lista de los 10 gatitos más cuquis de la red lo peta mucho más en Verne y en el Huffington, dice Cebrian y compañía mientras encienden puros con billetes de 500. Dadles basura a esos pringaos y tal. Añádase una sonrisa sonoramente maléfica de esas.

Continue reading »