Mar 162015
 

CampañaNikon

Con la fotografía pasa algo bastante curioso: visto desde fuera es bastante cool pero en realidad por dentro es uno de los sectores más casposos de la industria tecnológica y de la imagen. Todo ese aparente glamour que se desborda en una sesión de moda o cuando alguien te explica sus trucos para ser un street photographer del copón, en realidad poco tienen que ver con el olor a rancio que desprende al acercarse al día a día de este mundillo.

Ojo que en esta obviedad también hay algo de autocrítica a los medios y a los que vamos de guays y luego nos pasamos el día hablando de megapíxeles o bayonetas, cuando lo que la chavalada quiere es una cámara bonita al cuello y subir sus fotos a Instagram para tener muchos likes. Es que somos clásicos y de la vieja escuela, nos tratamos de convencer a nosotros mismos antes el espejo. Claro.

La buena noticia es que comparados con la mayoría de compañías que pululan por aquí somos el no va más de la modernidad. Nada como las arrugas ajenas para que nos veamos un poco más jóvenes y ágiles. Y tal vez por esa imagen eminentemente casposa de la compañías -por mucho embajador, community manager y demás que le pongan al asunto- sorprende cuando en otros países se desmarcan con publicidad que aquí resultan impensables aplicadas en este segmento.

Nikon lanzó a principios de año una campaña en el Reino Unido que si allí ha creado algo de polémica cabe suponer lo que habría pasado aquí con las fuerzas vivas de turno, siempre pendientes por si alguien se aleja demasiado del altar.

Kordale y Kaleb son una pareja gay con tres niñas adoptadas. ¡Y todos negros, además! Mientras los defensores de la familia tradicional y la cosa racial se limpian la espuma de la boca, continuamos: a finales de 2014 una fotografía de los dos peinando a sus hijas por la mañana arrasó en Instagram.

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