Oct 052011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

La gastronomía también tiene sus propias modas. El “gin-tonic”, que antes de ayer era un combinado de lo más casposo, ahora es casi tan “cool” como los “cupcakes” (que es como se llama en plan fino a las magdalenas decoradas). Modas que, además, se esfuman casi tan rápido como llegan. Y es así como surgen lo que Mikel López Iturriaga ha bautizado en su blog El Comidista como “comidas viejunas”.

Tras este gran concepto “gastrotemporal” hay platos que en su día lo fueron todo y ahora han quedado relegados a chiringuitos de segunda o restaurantes que no renuevan su carta desde hace unos lustros: los melocotones en almíbar, el melón con jamón, la mítica tarta Comtessa… Algo así como Kodak, para entendernos en términos fotográficos.

Porque también en este segmento sabemos mucho de modas y de histerias colectivas con cierto tipo de imágenes o retoques. Primero fueron las fotografías de alto rango dinámico (HDR), y cuando la cosa comenzó a pasarse de rosca y algunas fotos en las que el cielo estaba más oscuro que la tierra empezaron a provocar casos de ceguera instantánea, los más finolis encaminaron sus pasos hacia las imágenes “tilt-shift”.

Claro que también lo podríamos llamar “efecto miniatura”, pero parte de la gracia de estas modas es que tengan un nombre lo suficientemente sofisticado como para que durante los primeros meses la mayoría de la gente no sepa muy bien de qué hablamos.

Aprovechando que los “time-lapse” (¿ven?) también comenzaron a arrasar, más de uno se animó a hacer fotosecuencias de estas combinadas con ese curioso efecto miniaturizador. Las tres primeras docenas de vídeos nos dejaron con la boca abierta. Después ya empezó a cansar.

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