Nov 092011
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Hemos caminado por las callejuelas de Shanghái, subido al que presume de ser el tercer edificio más alto del mundo y visitado un templo con su Buda de Jade y todo. Hemos navegado de noche por el río Huangpu, boquiabiertos ante las luces y los rascacielos de Pudong. Hemos probado sopas de textura demasiado extraña, descubierto mil recetas con cilantro, paseado bajo la lluvia por un mercado y regateado en yuanes por algún que otro “souvenir”.

Además de jugar a “Blade Runner”, también hemos visitado la factoría donde se producen las Nikon 1, descubierto que el proyecto llevaba casi cuatro años gestándose y que el logotipo de cada cámara se rellena con pintura blanca a mano. Hemos comprobado que la Nikon J1 con el 10 milímetros puede ser una buena compañera de viaje para pasar desapercibidos, y hasta le hemos cogido cariño a las “instantáneas de movimiento” y sus musiquitas, convertidas en improvisadas bandas sonoras durante esta última semana.

Pero, como nos temíamos, hemos fracasado estrepitosamente a la hora de intentar arañar algún detalle sobre la Nikon D800. La idea era hablar de las Nikon 1, y nadie se ha saltado el guión. Las tímidas preguntas sobre la situación de las plantas en Tailandia acabaron perdiéndose en las traducciones a tres bandas entre chino, japonés e inglés.

Así que mucho me temo que seguimos sin saber cuándo demonios presentará Nikon la sustituta de la D700. Dicen los expertos en la cosa rumorológica que el 26 de octubre era la fecha elegida, pero que las inundaciones en Tailandia obligaron a cancelarlotodo en el último minuto.

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