Jul 112009
 

Hay dos formas de participar y tal vez ganar un concurso de fotografía.

La primera implica coger la cámara y todos los bártulos, salir a la calle. buscar un motivo que merezca la pena y se adecúe a la temática del certamen en cuestión. Una vez allí, ordenar las ideas, buscar el encuadre, pensar en el resultado que se quiere obtener y, en consecuencia, selccionar una exposición determinada, la focal correcta y la mejor posición de tiro.

Concluida esta fase y tras una, varias o decenas de tomas, llega el momento de volver a casa, sentarse delante del ordenador, seleccionar la mejor imagen de la secuencia y editar el JPEG o el RAW para dejarlo lo más potable posible.

Esta es la primera vía que, por resumir y desde el cariño y el respeto, llamaros la opción de los “pringaos”.

Porque lo que realmente mola, lo que hace la genta lista es ahorrarse todos esos trámites, dar un paseo por Internet, buscar una foto buena y ya lista  y, con mucho moroo y poquísima vergüenza, enviarla al concurso de marras. Y si cuela, suena la flauta o el bueno de Murphy se pone del lado del más enterado del barrio, pues bienvenido sea el premio.

El fotógrafo Jorge Fernández se encargo de la primera parte. Alguien se ocupó del resto: robó una fotografía suya y -con un par- la presentó a un concurso , con la mala pata de que el jurado decidió que, precisamente, esa imagen era la merecedora del primer premio.

La historia se merece un post sobre la jeta fotográfica de algunos, me comenta Mauro una vez resuelto el desaguisado y retirado el premio al listo de turno.

Y en eso estamos, aunque la verdad cuesta entender el mecanismo mental de quien decide apropiarse de una fotografía ajena para presentarla a un concurso. Pero, sobre todo, preocupa más pensar que ésta podría no ser la primera vez que lo intentaba, ni este iluminado el único que se dedica a perpetrar este tipo de gilipolleces.

El problema, tal vez, es que visto de cerca todos nos echamos las manos a la cabeza. Por el robo, por la casualidad o por lo estúpido del intento.

Pero en realidad esta cultura del camino fácil, del “si cuela” y del “control C + control V” está más instaurada de que lo que percibimos. No sé si es una cuestión de latitudes o la sapiencia de esta raza no conoce fronteras, pero el caso es que estamos instaurados en una suerte de listocracia.

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