Feb 022011
 

 

“—¿Y cómo lograste sacar las fotos de la isla? —continúo—. (Tócala otra vez, Sam —pienso.)
—Las chicas vestían faldas de campana —dice Enrique—. Debajo llevaban enaguas almidonadas, que allí les llaman sayas. Los negativos se cortaban de seis en seis, y se enrollaban con un folio sobre el que se indicaba el contenido. Cosimos los negativos entre las dos enaguas que Piedad Ferrer llevaría el día siguiente, cuando la despedimos en el aeropuerto Rancho Boyeros, hoy José Martí. Ella tenía que llegar a Miami y remitir el paquete por flete aéreo a Paris Match. En el sobre estaba escrito “Call on arrival Balzac0024
”. Me llamó por teléfono diciendo que su novio se encontraba bien: el paquete había partido para Francia.  Ése era el mensaje en clave.”?

Ante la dichosa crisis del periodismo se puede lloriquear -que es lo que hacemos la mayoría-, despedir gente para regocijo de los accionistas o moverse y buscar alternativas. La revista Orsai es uno de los mejores y más recientes ejemplos de esta tercera opción.

Como poner en la calle una revista impresa no es suficientemente complicado, Hernán Casciari -su creador- decidió animar el proyecto pensando en una publicación sin publicidad.

Rebuscando un poco el otro día di con una libreria de Barcelona en la que todavía tienen unos cuantos ejemplares. Luego descubrí que también se pueden encargar aquí, ojearla en su propia web y en el iPad, o sencillamente descargarla en PDF por gentileza de sus autores.

De todos modos, sólo por las batallitas que cuenta el fotógrafo a Enrrique Meneses y por el impecable retrato del conflicto vasco de Jose A.Perez merece la pena buscarla, pagar esos 16 euros y guardarla como un pequeño tesoro. Y por el olor a papel, claro.

Jan 192011
 

Aunque incluir la palabra nuerona y programador de televisión en una misma frase pueda parecer una divertida ironía, a veces ocurren cosas así de extrañas.

Por lo que me cuentan, ETB (Euskal Telebista, la televisión pública de Euskadi) no es un buen ejemplo de calidad. Sin embargo, está claro que por allí circula alguien con dos dedos de frente: los suficientes para incluir en la parrila un programa como “Robin Food, atracón a mano armada” -el mejor y más divertido programa de cocina de la galaxia- y dar el visto bueno a “Escépticos” tras la reciente emisión del programa piloto.

Ideado por el gran Jose A.Perez (Mi Mesa Cojea, Ciudad K…) y dispuesto a dejar en evidencia las gilipolleces que tanta pseudociencia y pulserita mágica lleva tiempo vendiéndonos, este primer episodio piloto abordó el mito de la no llegada del hombre a la luna.

Entre los argumentos escrimidos por los amantes de las conspiraciones hay uno directamente vinculado con el mundo de la imagen. Aseguran que una de las pruebas más claras para demostrar que todo fue un montaje grabado en algún estudio secreto de Las Vegas es que en las “supuestas” fotografías tomadas desde la luna no se ven las estrellas.

¿Dónde demonios están las estrellas? ¡Os hemos pillado! © NASA

La explicación es bastante sencilla para cualquiera con unas mínimas nociones de fotografia y que se pare a pensarlo. Tal como recuerdan en el documental, aunque nuestros ojos tienen una capacidad increible para ver simultáneamente áreas muy iluminadas y oscuras, la película química y los actuales sensores son mucho más limitadaos.

El caso es es que esa latitud de la película (o el actual rango dinámico de las cámars digitales) nos obliga a exponer para las luces o las sombras. O recurrir al odioso HDR, apuntarán los alumnos más aventajados.

Dicho de otro modo, si queremos que los astronautas y sus trajes blancos salgan en la foto, el cielo quedará totalmente negro. Si preferimos las estrellas, necesitaremos una exposición mucho más larga y, por tanto, Armstrong y compañía hubieran sido unas manchas blancas. Y movidas, además.

¿A que parece mentira que una tontería semejante haya llegado a convertirse en argumento para defender una teoría conspiranoica? Pues así ha sido.

Lo más preocupante de todo es la cantidad de gente que lo habrá dado por bueno mientras los vende humos de turno lo siguen repitiendo. O, peor aún, ¿cuántas veces nos habrán contado bobadas similares en otros ámbitos y habremos asentido con la cabeza, seguros de que ahí estaba la clave para descubrir un gran misterio?