Oct 212013
 
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La foto de la discordia. © Daniel Ochoa de Olza

Además de a jugar al mus, una de las contadas cosas que uno aprende en la facultad de periodismo es que mejor no aporrear el teclado en caliente. Así que cuando el otro día saltó la noticia sobre la decisión del ayuntamiento de Barcelona de vetar la foto de un torero para las banderolas de la exposición World Press Photo opté por contar hasta diez y dejar pasar un tiempo antes de empezar a hablar de catetos e indocumentados.

Pero transcurrido este tiempo prudencial, esos siguen siendo los únicos términos que me vienen a la cabeza. La historia es ya de sobra conocida: la genial instantánea del diestro José Padilla realizada por Daniel Ochoa de Olza fue galardonada con el segundo premio World Press Photo en la categoría de retratos en la última edición. Esa imagen se escogió para la cartelería y promoción de la exposición en Barcelona, organizada por la fundación Photographic Social Vision como desde hace nueve años.

¿Por qué esa foto y no la ganadora absoluta? Es algo habitual y, en todo caso, decisión de los organizadores de cada exposición. En este caso los motivos parecen evidentes: el autor es español, cuadra con el lema escogido para este año (Face reality, encara la realidad) y, sobre todo, es la típica imagen que cualquier editor llevaría a portada por el color y la fuerza que tiene. Si tienes esta foto y un cartel que hacer, la pones. Así de sencillo.

El problema es que las banderolas que se cuelgan en las farolas de la ciudad son un espacio cedido por el ayuntamiento y por tanto el Departamento de Comunicación tiene la última palabra. Y ha dicho que no, que esa foto no sirve. Evidentemente el resto de la cartelería se respeta –faltaría más- y por supuesto la foto se va a seguir exponiendo.

Tras pedir “ver otras opciones” el departamento dirigido por Marc Puig (CiU) y por lo visto reconvertido en experto en edición fotográfica dio el visto bueno a una instantánea de la holandesa Ananda van der Pluijm sobre el paro. ¿Argumentos ofrecidos por el consistorio? Ninguno. Según recoge El País, se ha evitado entrar en “valoraciones estéticas y de contenido”.

Lo que a muchos desde el primer minuto nos pareció una muestra más del nivel de estulticia imperante en el ayuntamiento, para mi sorpresa no todo el mundo se lo ha tomado así. Por suerte hay bastante unanimidad en el gremio de fotógrafos y periodistas a la hora de considerar este veto un error muy grave. Sin embargo, los numerosos temas que están detrás –nacionalismo, tauromaquia…- han conseguido que muchos piensen que desde el consistorio se ha hecho lo correcto o que, en todo caso, no es para tanto.

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