Jul 032013
 

Todas las Leica tienen alma. No lo digo en pleno ataque de éxtasis tras aquel corto pero intenso romance con la Leica M. Lo dice un anuncio bastante espectacular que hace meses lanzó la tienda de la compañía en Sao Paulo y que recientemente ha vuelto a saltar a los titulares tras haber arrasado en Cannes Lions, un prestigioso certamen dedicado a la publicidad.

En realidad no es un anuncio oficial, porque no está encargado ni cuenta con el beneplácito de Leica. Es simplemente una especie de corto encargado por la tienda brasileña de la compañía -por lo visto independiente de la central- y realizado por Sentimental Filmes para la agencia de publicidad F/Nazca Saatchi & Saatchi con motivo del lanzamiento de la M Monochrom.

Más allá de los matices, la historia narrada en primera persona y en alemán por una Leica III en manos del mismísimo Robert Capa es una auténtica maravilla. La Segunda Guerra Mundial, sus míticas imágenes de Omaha Beach el Día D, su fama de mujeriego y aventurero, su muerte en Indochina. “Una mina. Morí. Morimos. Un día fui una Leica III. Me reencarné y ahora me llamo Leica M Monochrom.” Pelos de punta, ¿verdad? Yo también.

Da igual si es un anuncio o un corto. Si lo encargó Leica o el vecino del cuarto con un presupuesto para producción que ya les gustaría a muchos. Si el objetivo de la publicidad es emocionar y hacer que nos planteemos cosas un tanto absurdas -una cámara con alma-, hay que reconocerle el mérito.

Pero enjuagada la lagrimilla, toca el turno de las preguntas. ¿Todas las Leica tienen alma? El chiste es tan fácil que da hasta pereza. ¿La reciente D-Lux G-Star RAW también tiene alma de ésa? ¿Y la Leica Hermes Edition, que ya ni siquiera se molesta en disimular que no es una cámara sino un objeto de lujo para coleccionistas que sólo han oído hablar de la crisis en las páginas de color salmón?

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May 232012
 

Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

Cada uno tiene sus vicios. Servidor, por ejemplo, quiere una cocina Bulthaup con electrodomésticos de Gaggenau. A la mayoría puede que no le suene mucho estas marcas, pero a los más sibaritas de la cosa culinaria seguro que les resultan familiares: son el Rolls-Royce del mundillo de las cocinas, por recurrir a la cansina comparación. Muchos miles de euros, un diseño sobrio y cuidado, una calidad que cabe suponerse insuperable… En fin, ese tipo de cocinas que salen en las revistas de decoración y que normalmente pueden pagar sólo quienes no se acercarán jamás a una sartén.

¿Está justificado su precio? Posiblemente no. ¿Que cuesten tanto y sean inalcanzables para la inmensa mayoría hacen que crezca el morbo y las ganas de incluirlas en la lista de todas esas cosas que jamás podremos permitirnos? Seguramente. Los humanos -al menos algunos- somos así de idiotas.

En realidad es un clásico y se repite en todos los segmentos, desde los mas conocidos (moda, automóviles, relojes…) hasta el citado ejemplo de las cocinas. Siempre hay una firma (o varias) cuyos precios estratosféricos son parte del encanto. Hasta tal punto que los hacen trascender del escaparate al que teóricamente pertenecen para convertirse en artículos de lujo, con todo lo que ello conlleva. Incluido regirse por sus propias normas. En fotografía también pasa: se llama Leica.

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