Mar 092015
 

mercado2014

Hace tanto tiempo que en el sector de la fotografía impera el espíritu de la orquesta del Titanic. Era un buen título, pero resulta que ya lo había usado. El caso es que cada vez que un nuevo gráfico de mercado viene a confirmar la catástrofe, la única reacción posible es levantar la copa, brindar y seguir tocando.

El mercado se hunde, repiten desde hace años fabricantes y marcas. El mercado está cambiando, corrigen los más optimistas haciendo bueno aquello de que en cada crisis hay una oportunidad y en cada gurú una bofetada no dada a tiempo. Da igual la lectura que se haga porque los datos están ahí, por mucho que nuestros improvisados estudios a pie de calle nos revelen que la gente no sólo sigue haciendo fotos, sino que todavía usa cámaras.

Las cifras no opinan lo mismo y como recogían hace unos días en LensVid los números no es que estén en rojo, es que no están. Un caída del 31% en la cantidad de cámaras exportadas o un 24% de bajada en la producción de réflex no dejan mucho margen a las interpretaciones, por mucho que alguno estará mirando con media sonrisa eso de que la producción de cámaras sin espejo no ha caído. Y por si queda alguna duda: la evolución de esta industria desde 2010 arroja un descenso del 75%.

Así que mientras las ferias tradicionales de fotografía del país desaparecen definitivamente -este año tocaba Sonimagfoto, por si alguien no se había dado cuenta- y los distribuidores buscan como locos nuevos productos y accesorios que importar -cuanto más lejos de las cámaras mejor- las compañías andan en pleno ataque bipolar, entre el “no pasa nada” y “sálvese quien pueda”.

Y es que a estas alturas el problema no es que se cumplan los pronósticos o la cruel lógica del mercado y tal o cual marca desaparezca. Seguro que eso lo podemos superar y aprendemos a vivir sin un logo que en breve será pasto de camisetas vintage. Además hace años que hay quinielas al respecto, aunque por suerte ahí siguen todas mas o menos vivas.

El problema es que por el camino y en ese proceso de soltar lastre, se están quedando algunos de los mejores profesionales de este sector. Y, en serio, no abundan demasiado. Porque en un arrebato Merkeliano la reacción de las compañías cuando las ventas caen y todo se tambalea no es hacer más esfuerzos en esa dirección, sino recortar más y cargarse a las personas que hacían que al menos se siguiera vendiendo y comunicando en condiciones.

No hace falta decir nombre ni marcas, porque ha pasado en casi todas y esta última lista de bajas posiblemente tampoco será la última. ¿Y quién demonios va a hacer ahora tu trabajo?, les preguntas. No hay respuesta. O sí, aunque no se dice: “posiblemente nadie”

Siguiendo con la metáfora marinera, esa teoría tan de empresariado español de que una persona pueda hacer el mismo trabajo que tres y por el mismo sueldo recuerda al chiste aquel de la barca llena de jefes (y asesores, y gurús, y community managers…) y un sólo remero. Al final, claro, el barco se hunde. Por mucho que la música siga sonando.

Feb 232015
 

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Los periodistas dinosaurios -como dicen los guruses- somos más de barra de bar que de nota de prensa. Los datos de mercado o el último estudio encargado por la empresa de turno (los estudios siempre dicen lo que quiere oír quien lo paga) pueden decir misa, pero si en la calle no se ve reflejado, yo no me lo creo. Es lo que tiene el ateísmo practicante.

Vaya, que por mucho que GFK -la empresa que mide el mercado fotográfico y que se solía usar de referencia- me jurase que las Canon M y las Nikon 1 arrasan, teniendo en cuenta que las que he visto por la calle en estos últimos años se cuentan con los dedos de las manos algo chirriaría. Y cosas de esas ocurren.

Esta batallita es la excusa perfecta para improvisar un estudio de calle a partir de una foto tomada hace unos días en Praga. Pero no en cualquier lugar, sino frente al reloj astronómico de la capital checa justo cuando daban las 6 de la tarde, la muerte tocaba la campana y todos los guiris estábamos allí mirando hacia arriba. Si en Barcelona el mercado de la Boquería o la Sagrada Familia son mis particulares termómetros para ver que cámaras o trastos usa la gente, este era el lugar idóneo para tomar el pulso al mercado europeo.

¿Y cómo pinta la situación vista desde el este? Pues no tan mal como cabría imaginar, la verdad. Sí, hay muchos móviles e incluso algún tablet por allí al fondo. Pero en un rápido vistazo salta a la vista que hay unas cuantas cámaras réflex, alguna compacta y, lo que es más importante, ningún palo de selfies. Igual después de todo todavía hay esperanza para la raza fotográfica.

Jan 182012
 
Artículo de opinión publicado originalmente en QUESABESDE.COM

A las compañías de la industria fotográfica sólo hay una cosa que les gusta más que coleccionar premios para sus queridas cámaras: los estudios de mercado que corroboran que el camino que ellos han tomado es el correcto y que el resto de firmas va directa hacia el abismo de quienes no supieron olisquear a tiempo por dónde iban los tiros.

Durante esta reciente pero ya finiquitada edición de la feria PMA@CES (aunque esa denominación es de un optimismo mayúsculo por parte de la primera parte de la ecuación) hemos podido asistir a unas cuantas de estas demostraciones. Que si lo que se lleva son las compactas de mucho zoom y precio modesto y en eso nosotros somos los reyes. Que si en el mercado asiático ya no quieren ver espejos réflex y quien no se haya subido al barco de las EVIL está condenado a hundirse. Que si las cámaras con Android son el futuro aunque aquí todo el mundo usa iPhone.

No hace falta ser un genio del “marketing” para saber que, dependiendo de quien pague el estudio o la encuesta de turno, los números y los colorines dirán que un tipo de cámara no tiene nada que hacer o que -por supuesto- existe un nicho de mercado ansioso por recibir dando palmas a tal o cual modelo. Seguro que hasta hay por ahí algún estudio que asegura que Kodak se va a comer el mercado en los próximos meses.

Por eso a veces lo mejor es alejarse de la pantalla, bajar a la calle y fijarse en las cámaras que utiliza la gente. O poner la oreja en un centro comercial en época navideña para ver qué preguntan los clientes y las perlas que, en muchos sitios, sueltan los vendedores para colocar una cámara y no otra. Ya saben, en plan universidad de la vida y lo-más-importante-se-aprende-ahí-fuera-y-no-en-los-libros.

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