Apr 142010
 

Gabriel García Márquez dijo que el de periodista es el oficio más bonito del mundo. Hay semanas en las que los que dirigen este cotarro consiguen que semejante afirmación suene a chiste.

Ahí van cuatro historias recientes que evidencían la auténtica crisis de la profesión. No la de las cotizaciones bursatiles o la de las hipotecas del Grupo PRISA, sino la que da verguenza ajena.

1. Todos hemos visto ya el vídeo de los soldaditos estadounidenses en Irak disparando desde un helicoptero contra civiles y periodistas como si fuera un maldito videojuego. El tema, por supuesto, no lo ha  aireado ningún medio de comunicación, sino Sunshine Press a través de WikiLeaks, una web dedicada a denunciar temas como éste a través de la filtración de documentos clasificados. Dicho de otro modo, a hacer el periodismo de investigación que los grandes medios han ido abandonando por resultar poco rentable.

2. El presidente Polaco y altos cargos del gobierno mueren en una accidente de avión rumbo a Rusia. Dejando al margen las muy discutibles ideas de este señor, resulta que diversos periódicos decidieron abrir el domingo en portada con el resultado del Madrid-Barcelona del día anterior. Sin duda un tema de mucha más trascendencia que lo que ocurra en ese país remoto de la Unión Europea.

3. Aunque finalmente no ha sido así, durante mucho tiempo se ha barajado la posibilidad de que uno de los Premios Pulitzer de este año fuera para el The National Inquirer por descubrir un tremebundo asunto de faldas de John Edwards, un político del Partido Demócrata. La excusa es que en realidad había usado fondos públicos para ocultar esa historia, pero detrás se esconde un cocktail de puritanismo y amarillismo de tabloide que da miedo.

Eso como si a Sálvame o a Callejeros -quienes no sean de por aquí y no sepan de qué hablamos, eso que se ahorran- les dieran un premio Ondas… ah, que ya se lo han dado.

4. Con un leve retraso de siete años, la Audiencia Nacional ha caído en la cuenta de que los periodistas de Egunkaria en realidad no eran peligrosos terroristas y de que la vinculación de este diario vasco con ETA no se sostenía por ningún lado. Ahora llega el momento de que se rasguen las vestiduras los medios que -salvo contadas excepciones en el ámbito nacional- han ejercido de palanganeros y mostrado un silencio cómplice con este atropello .

Y todavía habrá que escuchar aquello de que esta es la mejor prueba de que el Estado de Derecho protege la labor de los medios. Será cosa de la ceguera que provoca andar tan ocupados con la libertad de prensa allende los mares, sin tiempo para mirar lo que ocurre en casa.